La escalada de los precios de la energía, con el petróleo y -sobre todo- el gas aumentando su coste cada día, amenaza con disparar los precios de la electricidad y la gasolina. En este contexto, España parte con una pequeña ventaja que, eso sí, augura subidas más pronunciadas: en 2026 estaba experimentando una energía barata. Al menos, en comparación con lo que se lleva pagando por la luz y la gasolina desde 2021, cuando comenzaron a normalizarse los mercados tras la pandemia.
La semana que comenzó el 23 de febrero -la última de la que hay datos, pero también la última antes del ataque a Irán- el litro de gasolina costaba 1,471 euros, mientras que el de gasóleo se quedaba en 1,423 euros, según el boletín petrolero de la Comisión Europea. En ambos casos, tras una tendencia ascendente de subidas desde la semana del 12 de enero. Es decir, un 6,75% y un 5,29% más barato que en la semana equivalente de 2025, que, a su vez, había sido también la más barata desde 2021. Quedan lejos los 1,632 euros que costaba el litro de gasolina la semana del 27 de febrero de 2023, ya entonces algo más moderada tras superar la barrera de los 2 euros en el verano de 2022.
En lo que respecta a la electricidad, el mes de febrero no solo fue el más asequible del periodo, con un precio medio 16,41 euros el megavatio hora, sino que es un 42% más barato que el siguiente febrero más tranquilo de estos cinco años, el de 2021, cuando la media se quedó en 28,49 euros/MWh. La luz se ha beneficiado de un febrero de lluvias y viento que permitió a España aprovechar su potencial renovable incluso a pesar de que el sistema trabaja aún con la operación reforzada. Es decir, incluso quemando gas en las centrales de ciclo combinado para dar estabilidad al sistema, entre eólica, nuclear, solar fotovoltaica e hidráulica generaron prácticamente el 80% de toda la electricidad en febrero, el mayor porcentaje 'verde' para un mes de febrero en este periodo.
Tanto en el caso de la electricidad como en el de la gasolina, la situación a principios de año era muy distinta a lo vivido en 2022, cuando en plena crisis energética Rusia invadió Ucrania y disparó aún más los precios del sector. Las sanciones y los problemas de suministro se sumaron a otras circunstancias que llevaron a una tormenta perfecta y obligaron al Gobierno a tomar medidas para tratar de suavizar el golpe.
En los combustibles, por ejemplo, se introdujo un descuento de 20 céntimos sobre el precio de la gasolina y el diésel (que fue criticado, especialmente desde la izquierda, por beneficiar más a las rentas más altas). En cualquier caso, el problema no vino únicamente de la falta de crudo, sino también de un cuello de botella en las refinerías que redujo la oferta de carburantes.
En cualquier caso, ya en la primera semana de ese año el litro de gasolina (1,479 euros) comenzó a un nivel más alto que el de 2026. Es más, el precio esos días era ya superior al que marcó el carburante la última semana de este febrero. El diésel, por su parte, comenzó 2022 más tímido, pero con una tendencia claramente alcista, especialmente a partir de febrero, cuando ya estaba muy por encima de lo marcado este año.
En el caso del gas, además del sector eléctrico y la calefacción, hay que tener en cuenta que es una materia prima muy importante para casi todas las industrias que necesitan alcanzar grandes temperaturas para la producción, desde la cerámica a la metalurgia. Todo ello hacía que su demanda no llegase a bajar incluso cuando Europa empezó a ver en peligro su abastecimiento, ya entrado el verano de 2022. El Ejecutivo implantó lo que se conoció como excepción ibérica, que topaba el precio del gas para la generación eléctrica para evitar que la intervención de las centrales de ciclo combinado marcase el precio a valores de récord prácticamente cada semana. Más adelante, se reformó el modelo para fijar el precio en el mercado mayorista y evitar que fuese tan volátil.
De cara a las próximas semanas, se espera que la tendencia continúe siendo ascendente y que se acentúe el pico. Después, todo dependerá de la evolución del conflicto. Según explica Borja Osta, experto en energía y subdirector de Selectra, "si la situación dura varios meses, los precios del gas y del crudo podrían permanecer elevados o con alta volatilidad, lo que se acabaría reflejando con mayor claridad en las tarifas de electricidad y gas". Para el gas cabe recordar que el Gobierno estableció un tope máximo de variación en la Tarifa de Último Recurso (TUR) que impide que el precio suba más de un 15% independientemente de lo que ocurra en el mercado mayorista. Por lo tanto, en la próxima revisión en marzo no podría superar ese porcentaje.

