El superávit comercial anual de Pekín alcanzó un récord de 1,19 billones de dólares en 2025, confirmando la extraordinaria capacidad del aparato industrial del gigante asiático para colocar sus bienes en los mercados internacionales a pesar de la guerra arancelaria desatada por Donald Trump.
Lejos de frenar el empuje exportador chino, los elevados gravámenes impuestos por Estados Unidos parecen haber acelerado una reconfiguración en las fábricas chinas, que ahora inundan mucho más otros mercados con sus clásicos bienes de bajo valor añadido, pero también con muchos más automóviles, productos electrónicos y maquinaria pesada.
Según datos publicados este miércoles por las autoridades chinas, las exportaciones crecieron un 5,5% interanual en 2025. Sólo en diciembre, los envíos aumentaron un 6,6%, por encima del crecimiento del 5,9% registrado en noviembre, el primer mes que el superávit acumulado del gigante asiático superó por primera vez el billón de dólares.
Los analistas coinciden señalando que los exportadores chinos han redireccionado con éxito las cadenas de suministro y diversificado los envíos hacia más regiones, especialmente a los mercados emergentes, compensando así el déficit de pedidos con destino a EEUU. Las exportaciones chinas a Washington cayeron un 20% en todo 2025, según mostraron datos aduaneros. Mientras tanto, los envíos de China a la región de la ASEAN (los países del Sudeste Asiático) aumentaron un 13,4% en 2025, a América Latina un 7,4% y a África un 25,8%. Por último, las exportaciones a la Unión Europea se expandieron un 8,4% durante todo el año.
Los trenes chinos avanzan con cada vez mayor ímpetu hacia el corazón de Europa. Contenedores repletos de maquinaria, textiles, electrodomésticos, coches eléctricos, paneles solares y componentes industriales atraviesan Asia empujados por la determinación de Pekín de seguir estirando la dependencia hacia la gran fábrica global. Por mar, grandes cargueros procedentes de los puertos de Shanghai, Ningbo o Shenzhen descargan sin pausa, a un ritmo sin precedentes, en Róterdam, Hamburgo o Valencia.
El músculo exportador chino no sólo volvió hace tiempo a niveles prepandemia, sino que los ha sobrepasado con holgura, tensionando la capacidad de respuesta de la industria europea y con los fabricantes locales protestando por una competencia casi insalvable ante un flujo que no deja de crecer. Mientras Pekín lanza sus exportaciones a cifras récord, Bruselas vigila con inquietud lo que considera una expansión agresiva en sectores estratégicos.
"Algunos actores importantes de la Unión Europea, copiando la estrategia fallida de Estados Unidos, nos amenazan ahora con aranceles creyendo que así van a impulsar la producción de sus naciones. Pero esas medidas no van servir de nada porque cada vez fabricamos más en suelo europeo", dice un funcionario del Ministerio de Comercio chino. "Probablemente sólo estemos viendo la punta del iceberg cuando se trata de entender las dependencias. Ni siquiera estoy seguro de que Europa pudiera fabricar pasta de dientes sin China", manifestaba hace unos días Jens Eskelund, presidente de la Cámara de Comercio de la UE en el país asiático.
Durante todo el año pasado, China mostró al mundo sus dos cartas ganadoras en la guerra comercial desatada por el presidente estadounidense Donald Trump. Por un lado, el control sobre prácticamente todo el procesamiento y suministro mundial de minerales críticos y las tan demandadas tierras raras, indispensables para la industria tecnológica. Por el otro, el músculo manufacturero y exportador, clave en mantener el crecimiento de la segunda economía mundial.
Según datos oficiales publicados a finales de 2025, los trenes del corredor China-Europa (que conectan 232 ciudades de 26 países europeos) completaron un récord de 120.000 viajes, transportando mercancías valoradas en más de 420.000 millones de euros. El músculo exportador chino también avanzó por mar, y lo hizo más rápido que nunca. En octubre, un portacontenedores abrió un nuevo capítulo en el comercio mundial al estrenar la ruta conocida como Arctic Express, una travesía que acorta radicalmente las distancias navegando por el extremo norte. El buque Puente de Estambul completó su viaje entre los puertos chinos y destino final en Gdansk (Polonia) en 26 días, reduciendo a la mitad el tiempo de entrega habitual.
Todo esto ha empujado al nuevo récord del superávit comercial de la superpotencia asiática. "Nuestros socios comerciales están cada vez más diversificados y nuestra resiliencia al riesgo se ha fortalecido significativamente", presumió el miércoles en una conferencia de prensa Wang Jun, viceministro de la Administración General de Aduanas, quien atribuyó el "sólido desempeño exportador de China" a las políticas de apoyo y a la "profundidad industrial del país".
Zichun Huang, economista de Capital Economics, apunta que este superávit seguirá aumentando porque la superpotencia asiática ha compensado la caída de las exportaciones a EEUU con un "mayor dinamismo" de los envíos a otros destinos, especialmente África, América Latina y Oriente Próximo.
Competitividad en precios
"La resiliencia exportadora china se explica por dos factores clave: la rápida reorientación geográfica del comercio y la creciente competitividad en precios de los productos chinos, favorecida por un entorno interno de deflación y por un tipo de cambio efectivo real más bajo", señala el experto.
En medio de las tormentas internas -la crisis del mercado inmobiliario y el estancamiento del consumo-, el persistente empuje estatal a las exportaciones ha logrado que estén creciendo a un ritmo superior al del comercio mundial. Varias consultoras internacionales destacan que a través del control de los flujos de capital y de intervenciones directas e indirectas en los mercados de divisas, las autoridades chinas han evitado que el yuan -la moneda local- se aprecie como dictaría la lógica económica clásica ante un superávit tan abultado, preservando así la competitividad externa de sus exportadores.
Las fricciones entre Pekín y Washington se han moderado estos últimos meses, con Trump y el líder chino Xi Jinping estirando una tregua comercial que ha dado un respiro a los dos titanes del tablero geopolítico. Pero en otros patios importantes, como el europeo, hay cada vez más voces que cargan contra la avalancha de productos chinos.
El presidente Emmanuel Macron, tras su vista de Estado a Pekín a finales del año pasado, declaró que Europa no puede aceptar indefinidamente un comercio "asimétrico", una preocupación que cobraba fuerza a la vista del aumento de las exportaciones chinas.
En Bruselas están en alterna porque Pekín está acaparando cada vez más sectores estratégicos con sus vehículos eléctricos, baterías de litio, equipos de telecomunicaciones y maquinaria industrial avanzada. Macron advirtió que la UE podría seguir el camino de EEUU e imponer aranceles a Pekín si no se corrige el enorme desequilibrio.
"La zona euro está particularmente expuesta a los efectos negativos del aumento de la oferta de bienes chinos, que amenaza con ampliar el déficit comercial bilateral", asegura un análisis de Giovanni Pierdomenico, economista de Goldman Sachs. "Esperamos que una mayor competencia exportadora china reduzca el PIB de la zona euro en alrededor de un 0,5% a finales de 2029", añade.
Según las estimaciones del banco, Alemania se enfrenta al mayor lastre, con una previsión de que el producto interior bruto real disminuya aproximadamente un 0,9 % durante los próximos cuatro años debido a esta presión. Se prevé que Italia sufrirá un impacto anual del 0,6 %, Francia y España, de alrededor del 0,4 %.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, instó a China a corregir sus desequilibrios económicos, afirmando que el país de 1.400 millones de habitantes es demasiado grande para depender de las exportaciones para su crecimiento. "La continua dependencia de China del crecimiento impulsado por las exportaciones podría agravar las tensiones comerciales globales", manifestó. La financiera Morgan Stanley predice que para 2030, la participación de mercado de China en las exportaciones globales podría alcanzar el 16,5%, frente al 15% actual.

