ACTUALIDAD ECONÓMICA
Brecha generacional

La precariedad y la vivienda marcan el fin de las certezas generacionales: "Nosotros no vamos a tener la vida que pudieron tener nuestros padres"

Solo el 15,2% de los menores de 30 años en España vivieron fuera del hogar familiar en el segundo semestre de 2024, 102.203 jóvenes menos que en el mismo periodo del año pasado

Jan Rodríguez, joven vecino del Hospitalet del Llobregat de Barcelona.
Jan Rodríguez, joven vecino del Hospitalet del Llobregat de Barcelona.VICTORIA ROVIRA
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"Voy a decir lo que siempre dicen. Antes lo tenían mucho más fácil", asegura Jan Rodríguez Díaz (18 años). Con 30 años, sus padres habían podido comprar el piso que tienen hoy en L'Hospitalet de Llobregat a través de una hipoteca a 10 años -que ya han terminado de pagar-, mientras que los alquileres que tuvieron antes no apretaban sus bolsillos.

"Mis padres tenían trabajos normales, no tenían un súper salario. Mi madre es dependienta en el Corte Inglés y mi padre es informático", cuenta Rodríguez Díaz, pero hoy, él dedica dos horas cada día al metro para ir y volver a la universidad porque no puede conseguir un piso más cerca a causa de los altos precios. "Una residencia cuesta 1.000 euros y debes pagar tu comida y lo demás. Un piso por menos de 300 euros compartiéndolo es imposible y tampoco califico para una beca", menciona. En la ciudad, tendría que pagar alrededor de 2.160 euros por alquilar un piso de 90 metros cuadrados, según Idealista.

Hoy los jóvenes disfrutan de las ventajas que traen los avances tecnológicos, una mayor igualdad y más derechos civiles, aspectos que, en muchos casos, sus padres y abuelos no conocieron o solo alcanzaron de forma parcial. Sin embargo, ese mayor margen de libertades convive con barreras económicas que bloquean el desarrollo de muchas vidas. "El futuro ha dejado de ser una promesa para convertirse en una amenaza", asegura el informe Jóvenes, vivienda y futuro realizado por Ipsos Public Affairs en colaboración con la plataforma Talento para el Futuro para Ikea, y la crisis de la vivienda es solo una de sus manifestaciones que retrasa decisiones vitales y reconfigura el paso a la edad adulta.

De hecho, el acceso al mercado inmobiliario ya es el principal problema para el 37% de los españoles, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Y para Rodríguez Díaz, es lo que hace que vea su futuro "muy negro": "Conozco a una chica que cobra muchísimo, como 4.000 euros, y le alcanza para un piso compartido. Realmente no sé qué me espera a mí".

Una dificultad que no se queda ya en el segmento del alquiler, donde incluso arrendar una habitación significa destinar más de 500 euros en las grandes ciudades -como Madrid, Barcelona o San Sebastián-; sino que cualquier participación en el mercado inmobiliario cayó un 18,5% desde 2024, mientras que la de quienes suman entre 35 y 44 años aumenta desde el 35 % al 40 % este año. Así lo confirmó Fotocasa en la Radiografía del mercado de la vivienda en el segundo semestre de 2025.

Y es justo la dificultad de acceso a la vivienda "lo que está generando más diferencias", explica Pilar Blasco, vicepresidenta del Consejo de la Juventud de España (CJE), que apunta que no se queda aislado, sino que está ligado a la construcción de los proyectos de vida: "Lo que está haciendo ahora es retrasar que la gente joven pueda tener su propio proyecto".

Ignacio Ladrón de Guevara, residente en la ciudad de Málaga.
Ignacio Ladrón de Guevara, residente en la ciudad de Málaga.MARTIN MESA

Por esto, solo el 15,2% de los menores de 30 años en España vivieron fuera del hogar familiar en el segundo semestre de 2024, según los últimos datos del Observatorio de Emancipación del CJE, lo que implica que 102.203 jóvenes no lograron emanciparse respecto al mismo periodo del año anterior. Uno de esos casos es Ignacio Ladrón de Guevara (27 años), que vive en la casa de su familia en la ciudad de Málaga.

"Lo más cerca que estuve a independizarme fue un año que estuve haciendo el Sicue (Sistema de Intercambio entre Centros Universitarios de España)en la Universidad de Salamanca", recuerda. En este tiempo, su familia le ayudó con los gastos, pero él también puso ahí todos los ahorros que tenía. "Me parece que como mínimo tardaré cinco años en emanciparme y tan solo lo conseguiré si voy a otra ciudad porque en Málaga, en la práctica, es imposible", dice el joven graduado en Filosofía que solo ha conseguido trabajos temporales con salarios bajos y varias veces sin paga.

Y es que no es solo el encarecimiento de la vivienda lo que impide que los jóvenes se independicen, sino que a esto se le unen los bajos salarios en un contexto de precariedad laboral. Según el CJE, casi uno de cada cinco jóvenes con empleo está en riesgo de pobreza, pese a la subida del salario mediano y quienes perciben un sueldo deben destinar el 92,3% de sus ingresos para alquilar en solitario. "A día de hoy, con mi pareja, que es traductora, y yo que estoy en atención al cliente, sumando nuestros salarios no podemos ni mantenernos a nosotros mismos", reconoce Ladrón de Guevara, que recuerda que su padre, prejubilado, sacó adelante económicamente a su familia de cinco con su salario de bibliotecario.

El CJE reconoce que en cuanto al mercado laboral sí hay signos de mejora, pero la precariedad aún esta presente. Entre los menores de 25 años, el desempleo sigue en el 24,9% y un 35,5%de quienes trabajan compaginan su empleo con estudios. Por otro lado, el 36,2% de la juventud ocupada está sobrecualificada para su puesto.

Helena Rodríguez (23 años) trabaja desde los 16 años a tiempo parcial para pagarse sus estudios en Mataró. "Vengo de una familia bastante humilde y, en general, toda mi vida ha dependido de que yo me pueda sustentar porque mis padres llegan a donde llegan", señala.

Helena Rodríguez, residente en Mataró (Cataluña).
Helena Rodríguez, residente en Mataró (Cataluña).MARGA CRUZ

A través de una beca pudo estudiar el curso pasado un máster en Londres y regresó a su ciudad "con la esperanza de conseguir un empleo digno", recuerda. Pero nada más lejos de la realidad. "Estuve meses enviando CV, aunque solo encontraba ofertas de prácticas -normalmente no remuneradas- o empleos poco cualificados", señala Rodríguez, y asegura que hay una falta de oportunidades para quienes están "megacualificados" y buscan crecer en lo que han estudiado.

Finalmente Rodríguez pudo conseguir un empleo de seis meses de investigación en la cátedra de Economía social en un centro a través de contactos que había hecho años antes. "La gran mayoría de mis compañeros de clase están aún buscando trabajo y es infernal", lamenta.

Una situación que contrasta con la de sus padres, que cuando terminaron la educación obligatoria, trabajaron en empresas familiares y ahorraron. "Ellos muy jóvenes, con 21 y 26 años, se casaron y se pudieron independizar. Empezaron con un piso pequeñito hasta el piso que tenemos ahora", cuenta, y asegura que es lo que a ella le gustaría hacer con su pareja, con la que lleva seis años, pero la inestabilidad de sus contratos y los precios no les permiten ni siquiera acceder a una hipoteca a pesar de tener ahorros. "Si fuera por nosotros, ya estaríamos viviendo en algún apartamento pequeño en Mataró que nos permita empezar nuestro proyecto de vida, pero nos es imposible. No nos queda otra que seguir esperando, aunque ya no sé bien qué espero de una situación tan incierta e injusta", dice.

Desde la perspectiva reproductiva, la maternidad o paternidad entre quienes tienen de 18 a 29 años es "prácticamente irrealizable", dice el informe Juventud en España 2024: entre la emergencia y la resiliencia realizado por el Instituto de la Juventud (Injuve) adscrito al Ministerio de Juventud e Infancia. Según sus datos, en 2008 el 88% de este grupo no tenían hijos, pero desde 2019 este porcentaje está estancado en el 92%. Mientras tanto, en España la media de hijos por mujer es de 1,16, y aunque la mayoría querría tener dos descendientes, "el número de jóvenes que no quieren ser padres se sitúa en 16% y los que solo desean un descendiente ha pasado del 15,1% en 2019 al 17% en 2023", sostiene el documento.

Además de una emancipación tardía -en 30 años según Eurostat-, "esta cada vez es más precaria", apunta Margarita Guerrero, directora general del Injuve, que explica que se da más en habitaciones compartidas porque la vivienda está funcionando como "una especie de aspiradora de recursos" de los salarios jóvenes. Esto "condiciona la posibilidad de pensar en tener una familia", señala.

"Estoy muy segura de que se si voy a tener hijos será porque tengo una situación económica que me acompaña y me asegura que van a estar bien atendidos económicamente", afirma Sofía Giraldo (25 años). Una situación que hasta el momento no ha llegado. Estudió la carrera de Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos e hizo un máster en Comunicación Política en Barcelona. Encontró un trabajo con contrato indefinido a inicios de este año en Madrid, pero tenía un salario de alrededor de 17.000 euros brutos al año. "Era menos de lo que esperaba, pero podía empezar por algún sitio", cuenta. "Pero enseguida me di cuenta de que no había ningún tipo de intención de subir mi sueldo después y que solo me tenían por ser mano de obra barata".

Sofía Giraldo, residente en Madrid.
Sofía Giraldo, residente en Madrid.Sergio Gonzalez Valero

Esta situación le llevó a cambiar de sector "para intentar ganarme mejor la vida", encontró otro máster y tuvo que volver a depender de su familia. Rodríguez recuerda que sus padres ya se habían casado con 28 años y un año después tuvieron a su hermano mayor. "Se independizaron bastante jóvenes y, por lo que hemos hablado, no tuvieron mucho problema para encontrar un trabajo estable", cuenta. "Nosotros no vamos a tener la vida que pudieron tener nuestros padres que se compraban pisos antes de los 30 años".

Fuera de los aspectos locales, el contexto geopolítico, tanto los conflictos bélicos como las crisis sanitarias, no solo tienen repercusiones económicos, sino que aumentan la incertidumbre de los jóvenes. "Afecta a la inseguridad y a la incertidumbre de decir qué futuro vamos a tener", asegura la vicepresidenta del CJE.

"Intento no ser tan pesimista, pero si ves el contexto político de guerra o hambruna dices 'a lo mejor me estoy preocupando por comprar una casa pero de aquí a 15 años con el cambio climático ya no estamos aquí'", reconoce Elena Martínez (28 años). Mientras tanto, ella tiene un trabajo con contrato indefinido y un salario competitivo, pero aún así no puede acceder a una vivienda en propiedad en Madrid, por lo que vive de alquiler compartido y se enfrenta al "miedo de no poder poder decirle al casero que han salido humedades por el miedo a las represalias o aumentos de precio", reconoce.

Sentir que antes la vida era más fácil es común entre las nuevas generaciones, sobre todo entre por el acceso a una vivienda. No a modo de enfrentamiento, sino como evidencia de que las políticas no han sido suficientes para mitigar las crisis económicas que ya eran complicadas. "Cuando discuto con mis padres me dicen que a lo mejor nos quejamos mucho. Suelen decir que viajamos más o que tenemos más tonterías a lo que ellos tuvieron, pero luego ven los datos y ellos a mi edad ya se habían podido comprar una casa. Yo no lo tengo para nada ni tan cerca", ilustra Martínez.

En términos generacionales, esta es la base de la brecha. "No hay un entendimiento de los problemas de la juventud. Muchos creen que son cosas de niños", explica la vicepresidenta del CJE, aunque son problemas que si no se resuelven ahora, terminarán por afectar a las futuras generaciones y, en muchos casos, son aspectos que afectan tanto a jóvenes como mayores. Sin embargo, "lo que recibimos de parte de ciertas personas adultas es que si no tenemos una casa es porque nos vamos de viaje o porque contratamos mensualmente plataformas como Netflix, y esto influye mucho en la percepción y en la relación que tenemos entre distintas generaciones cuando nosotros defendemos que hay muchos problemas que son compartidos", señala Blasco.

Por esto, la falta de acceso a la vivienda, como principal vehículo para generar riqueza, la entrada a un mercado laboral precario, la emancipación tardía, el retraso para generar familias y el contexto geopolítico "genera un cóctel perjudicial para el desarrollo de la vida de las personas jóvenes", afirma Blasco.

Eso sí, la directora general del Injuve recalca que, aunque se vea un desequilibrio con las generaciones que pudieron acceder a la vivienda en propiedad sin necesidad de "hipotecar toda su vida laboral", no se debe dejar de lado el desequilibrio que se genera en términos de clase porque también hay mayores que acceden al ingreso mínimo vital, a las condiciones precarias del mercado del alquiler y que se encuentran en situación de pobreza y exclusión social: "Necesitamos que las generaciones más jóvenes tengan mejores salarios, empleos de calidad y que puedan acceder a condiciones dignas a la vivienda, pero también que las personas que trabajaron toda su vida puedan acceder a una pensión digna".