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El Gobierno catalán intenta esquivar el ruido generado por la investigación abierta sobre una posible fuga del virus de la peste porcina africana (PPA) en un laboratorio. "Ciencia, transparencia, colaboración y ayuda al sector". Esa es la receta que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha puesto sobre la mesa tras tomar el mando de la crisis, físicamente, después de regresar el viernes de su viaje institucional a México.
El consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, Òscar Ordeig, dio ayer por "conseguido" el objetivo de contener el brote detectado hace diez días en Bellaterra, en el término municipal de Cerdanyola del Vallès (Barcelona). Los 13 jabalíes infectados hasta ahora han sido hallados en el perímetro de seis kilómetros a la redonda de ese foco y alrededor de un centenar de estos animales silvestres han dado negativo en las pruebas serológicas.
Por ello, Ordeig reivindicó que el patógeno de la PPA no ha llegado a ninguna granja de cerdos, según muestran las pruebas realizadas en las explotaciones ganaderas, y garantizó el apoyo del Ejecutivo al sector porcino, de gran peso en la economía catalana: "Exploraremos todas las posibilidades y vías de colaboración para evitar, en la mayor medida posible, el impacto en el empleo", dijo sobre la crisis abierta hace poco más de una semana.
El martes, en la reunión ordinaria del Consell Executiu, la Generalitat aprobará ya un primer paquete de medidas con ayudas económicas a las empresas. Igualmente, las compañías, a las que reclamó "responsabilidad", podrán recurrir a los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) como causa de fuerza mayor.
Radio de 20 kilómetros
En paralelo, el Ejecutivo de Illa intenta que el veto a las exportaciones se limite a la zona de 20 kilómetros marcada como área de seguridad. Los primeros seis kilómetros forman el perímetro de alto riesgo de infección y la segunda corona, hasta esos 20 km, el de bajo riesgo. El jueves, la Comisión Europea decretó la prohibición al comercio exterior a los 91 municipios barceloneses integrados en ese radio, que concentran únicamente un 1% de las granjas de Cataluña.
Ese criterio ha sido seguido por algunos Estados, como el Reino Unido o Corea del Sur. Un mal menor es la decisión adoptada por China, que deja fuera de la importación los productos que proceden de la provincia de Barcelona. Mal menor porque afecta a un área de gran producción como la comarca de Osona, por ejemplo, pero no a la provincia de Lleida, con zonas líderes en porcino como Segrià o Noguera.
Con Brasil como pujante competidor de España, el freno a las exportaciones de porcino golpean de lleno a la economía catalana, cuya facturación en el exterior sumando productos derivados sobrepasa los 4.000 millones de euros anuales.
"El presidente de la Generalitat está interviniendo, al más alto nivel, en las gestiones del Gobierno y la Comisión Europea para la reapertura de estos mercados", señaló Ordeig. El conseller se refirió a "renegociaciones con mercados muy importantes" y citó explícitamente Japón y Filipinas. "Esperamos poder tener novedades en los próximos días", expresó respecto a la denominada regionalización.
Asia representa alrededor de una tercera parte de las ventas internacionales catalanas. En concreto, Japón es el cuarto país que más compra, con 350 millones de euros (China es el segundo con 485 millones). En 2024, el país nipón importó 190.000 toneladas de carne porcina desde España, con un valor de 785 millones de euros, mientras que en el caso de Filipinas fue de 185.000 toneladas por valor de 315 millones.



