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La oligarquía catalana convierte la OPA al Sabadell en una batalla política: "no al 155 bancario"

El presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu durante la inauguración de la V edición del foro económico español 'Wake Up, Spain!
El presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu durante la inauguración de la V edición del foro económico español ‘Wake Up, Spain!Diego RadamésEuropa Press
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La OPA hostil del BBVA sobre el Sabadell ya ha dejado de ser una cuestión meramente empresarial y se ha situado en el sensible terreno de la política, el poder y los sentimientos identitarios. Allí donde hábilmente Josep Oliu y la cúpula de la entidad financiera catalana querían llevarla, para tratar de blindarse tocando la fibra de la oligarquía local y agitar los atávicos lamentos de catalanofobia y demás victimismo.

Una forma también de presionar a Pedro Sánchez al colocarle ante la difícil tesitura -una «patata caliente», en definición de un alto cargo del PSC- de tener que elegir entre contentar al mundo económico y político catalán, su principal sostén en la Moncloa, abortando una operación que ni él ni el ministro Carlos Cuerpo han visto nunca con buenos ojos. O bien respetar el plácet de la CNMC y no intervenir en el mercado por simple conveniencia política.

El invento de la «consulta pública» que se ha sacado Sánchez de la chistera, al más puro estilo de la inefable Ada Colau, para conocer «el sentir» de las entidades empresariales y los ciudadanos en general sobre la OPA, le permite ganar tiempo, hacer un balance de ganancias y posibles daños, y sobre todo armarse de argumentos para hacer descarrilar la operación imponiendo condiciones tan gravosas que el BBVA acabe tirando la toalla.

Ideas y propuestas para este fin no le faltarán a Sánchez: en Cataluña ya se habla de la OPA como un «155 bancario», de «catalanofobia financiera» -por los riesgos señalados de que la operación podría acarrear hasta 5.000 despidos y un empeoramiento en las condiciones de crédito para pymes y autónomos-, y hasta se hace un forzado paralelismo con el choque político entre Madrid y Barcelona que provocó la fallida OPA de Gas Natural sobre Endesa.

«Si hay voluntad política, la OPA se puede parar», comenta un expresidente de la Generalitat que enmarca el movimiento del BBVA en la «estrategia política» de la derecha para concentrar en Madrid todo el poder.

Da la impresión de que el presidente del BBVA, Carlos Torres, no valoró bien la convulsión que iba a provocar entre el empresariado catalán, las entidades y las fuerzas políticas -incluido el PP catalán-, al afectar a una de las cuestiones fundacionales del catalanismo: la aspiración a una soberanía financiera propia. Estamos a un paso de otro editorial conjunto de la prensa catalana como aquel del Estatut en 2009.

La aspiración de un «banco propio» tiene sus raíces en el movimiento político-cultural de la Renaixença (siglo XIX), y está presente en la Lliga de Francesc Cambó, en el origen de «la Caixa» -la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros de Cataluña y Baleares, fundada en 1904 por Francesc Moragas-, o en la Banca Catalana fundada por Jordi Pujol en 1959. Más recientemente, en la propuesta de Convergència y ERC de crear un banco público catalán.

Contrario al regreso de la sede del Sabadell a Cataluña después de la experiencia del procés, Oliu decidió volver como un inteligente movimiento defensivo para utilizar la carta política y sentimental, y trasladar el mismo mensaje que ayer otros actores económicos le hicieron llegar a Sánchez durante la primera jornada del Círculo: para que continúe «la concordia», los intereses catalanes deben prevalecer. Siempre.