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Hubo un tiempo, año 1999, en el que la selección femenina de rugby de Irlanda se retiró, harta de derrotas, del entonces Cinco Naciones. Como hace dias recordaba la revista Rugby Journal, España fue elegida para ocupar su lugar. Las Leonas disputaron siete ediciones sin desentonar; en 2004 ganaron tres partidos. Con Irlanda ya de regreso, en 2007 este torneo privado decidió sustituir a las jugadoras españolas por Italia para que el Seis Naciones femenino tuviera los mismos participantes que el masculino. Se cerró una vía de evolución en el más alto nivel.
Hubo otro tiempo más cercano, septiembre de 2021, en el que la selección española femenina, habitual campeona del segundo escalón europeo, todavía fue capaz de vencer a Irlanda (8-7) en el clasificatorio para el anterior mundial, aunque ambos equipos quedaron fuera de la gran cita. Desde entonces la llamada marea verde ha incrementado los medios, ha metido una marcha más para acercarse a la élite. En consecuencia, ha abierto espacio respecto a España, dejando atrás aquella evolución paralela, a veces convergente.
Este domingo en Northampton Irlanda ha tratado de resolver el primer enfrentamiento de ambos quinces en un mundial en el menor tiempo posible. Las primeras cargas se han encontrado con los placajes y las recolocaciones de España. Sus avances iniciales se han producido con el pie, buscando la banda. Una recepción dubitativa de Zahía Pérez ha dejado el balón suelto para el ataque verde y de la continuidad ha nacido el ensayo de la apertura O'Brien (7-0, minuto 6).
Nueve cambios ha introducido Juan González Marruecos en la alineación española tras el exigente partido contra Nueva Zelanda. La intensidad defensiva no ha decaído y en ataque, con más espacios, se ha visto más intención de encadenar fases que de patear el oval. Aun así, el segundo ensayo verde, en el minuto 17 (12-0), parecía dejar claras las diferencias. Sin embargo, las Leonas no han perdido la confianza, han reclamado el balón y en dos ocasiones, a partir de un maul, han cruzado la línea para desafiar a Irlanda (12-12) en el minuto 29.
De nuevo, ante un rival a priori superior, ha actuado España con valentía, tratando de generar juego, cargando y avanzando metros para buscar luego espacios por las alas. Pero en el último tramo de la primera mitad ha pagado ese desgaste. Ha perdido balones en el suelo y sumado indisciplinas. Irlanda, con balones de ataque, ha recurrido a su fiabilidad de manual. La delantera para fijar y agrupar a la defensa, la tres cuartos - con destacadas jugadoras de seven- para desplazar con velocidad el balón y posar dos ensayos más que le daban una ventaja de 24 a 12 en el descanso.
El intervalo ha dado aire al quince español para competir por el resultado. Una mala recepción irlandesa le ha permitido otra vez encadenar fases en la 22 rival y abrir para la marca de Claudia Peña (24-17, en el minuto 42). Las Leonas, incisivas, se han apoderado de la iniciativa con su delantera y la dirección de Fernández de Corres. No obstante, varias oleadas ofensivas que anunciaban peligro han muerto en pases imprecisos. Ahí Irlanda ha sido superior, quirúrgica, diferencial. Cuando ha pisado la 22 contraria, ha abierto paso a dos ensayos seguidos de Grace Moore, imparable, que sentenciaban el resultado (36-17, min 56) pero no apagaban el encuentro. Empuje tras empuje, con carácter, como ocurrió ante Nueva Zelanda, España ha aprovechado hasta el último resuello para reducir la diferencia (43-27).
Tres ensayos ha marcado cada equipo en la segunda mitad. Pero este éxito en el manejo del partido convive para España con un cierto fracaso en la productividad. Las Leonas han tenido en ese segundo tiempo el 65% del dominio territorial y el 57% de la posesión. A diferencia del domingo pasado, han dispuesto de muchos balones, por lo que las cinco marcas en los 80 minutos se antojan cortas. Les ha faltado precisión y contundencia para anotar más. Algo que sale caro ante conjuntos tan contrastados como Irlanda que, con mayor experiencia en partidos de calidad, obtiene más puntos -siete ensayos en total- con menos posesión.
Esta derrota y la victoria de Nueva Zelanda sobre Japón (62-19) dejan a las jugadoras de Juan González Marruecos fuera del Mundial. Entraba dentro de lo esperado. En los dos primeros partidos, pese a las derrotas, han demostrado que son capaces de competir contra grandes selecciones. El próximo domingo, frente a Japón, se enfrentan al objetivo, que ellas mismas se fijaron, de ganar. Y quizá comience un nuevo tiempo para reducir ese espacio de desventaja que han cedido en los últimos 20 años.



