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La inesperada (y familiar) medalla de Pau Echaniz, el hijastro de Maialen que diseña ropa

"Voy a subir los precios un 200%", bromeaba el protagonista, de 23 años, tras colgarse el metal, en compañía de sus dos hermanos

Pau Echaniz, junto a su familia tras lograr la medalla.
Pau Echaniz, junto a su familia tras lograr la medalla.E. M.
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En el canal de Vaires-sur-Marne, la sede del piragüismo slalom en los Juegos de París, hay espectáculo fuera del agua. Los kayakistas bajan por el agua entre puertas y remolinos y son a quienes enfocan las cámaras, quienes se están jugando las medallas, pero en la orilla bajan con ellos por la hierba a toda prisa sus entrenadores, sus fisioterapeutas, incluso los presidentes de sus federaciones. Normalmente hay gritos, en realidad siempre hay gritos. Pero en los descensos de Pau Echaniz había algo más. Había una familia con su amor a flor de piel desviviéndose por el pequeño, el hijo, el hermano, sufriendo con él, disfrutando con él.

A sus 23 años y en su debut en los Juegos Olímpicos, Echaniz ganó el bronce en el K1 slalom y lo celebró con su padre y entrenador, Xabi Etxaniz; con su madrastra, Maialen Chourraut, tres veces medallista olímpica; con su hermano Marc, grandullón como él; y con su hermana Ane, que pronto cumplirá 11 años. Ninguno de los participantes tenía tanto apoyo y quizá ese fue el secreto de su éxito.

«Esto es para ellos. Es un regalo haber vivido con la familia. Es el mejor momento de mi vida. Un sueño. No sé ni qué decir. Llevaba años visualizando este día, este momento, todo esto, y pensando que estaba hecho para esto», aseguraba Echaniz ya como medallista olímpico, y quizá no le faltaba razón. Al fin y al cabo, en su biografía sólo cabían dos cosas: o amar el piragüismo con todas sus fuerzas u odiar el piragüismo con todas fuerzas. Porque el piragüismo le marcó desde pequeño.

Hijo del matrimonio entre Xabi Etxaniz, olímpico en Barcelona 1992 y Atlanta 1996, y Laura Pal, diseñadora gráfica, cuando él tenía dos años ambos se separaron y con el tiempo Etxaniz, ya convertido en entrenador, se casó con quien había sido su pupila desde los inicios, Chourraut. Conviviendo todos cerca de Andorra, en La Seu d'Urgell, sede del único Centro de Tecnificación de piragüismo slalom de España, el canal del Segre, Pau Echaniz pasaba tiempo en las dos casas y de la mano de su padre aprendió a palear hasta que tuvo que tomar una decisión.

"He ido como un caballo salvaje"

Durante la pandemia, Etxaniz y Chorraut decidieron irse a vivir al País Vasco, a San Sebastián, y ante él quedó la disyuntiva: o quedarse en La Seu con su madre o marcharse con su padre. Decidió irse al País Vasco, pero no por el piragüismo. Por los estudios. «Él siempre ha sido muy creativo y no muy buen estudiante», le definía ayer su padre, que explicaba que en San Sebastián el ya medallista olímpico encontró un curso de patronaje, luego hizo un ciclo superior y hoy es un modisto que tiene incluso una marca de ropa propia, Ranger, visible en un kayak y en su casco. «Voy a subir los precios un 200%», bromeaba ayer.

«No hay que frenar, siempre hacia delante. He ido como un caballo salvaje, suelto y seguro, sabiendo en todo momento lo que había que hacer», proclamaba sobre su exitosa bajada. Como último en la semifinal, Echaniz bajó el primero, marcó un tiempo de escándalo y luego observó, durante una hora, cómo la mayoría de rivales, como el vigente campeón olímpico, el checo Jiri Prsacek, caían en mil fallos. Sólo otros dos deportistas, como son el veterano italiano Giovanni De Gennaro y el joven francés Titouan Castryck consiguieron superar su registro y lo hicieron por un pelo: los tres acabaron con los mismos segundos en el marcador, 88 segundos, y eso que Echaniz tocó una puerta. «Siempre pensaré en ese toque, pero es un bronce histórico», aseguró y se marchó a celebrar, como siempre, rodeado por la familia.