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El antídoto patriótico de Alcaraz contra el cansancio: "Recuerdo que estoy jugando para España y me voy hacia arriba"

Por primera vez en estos Juegos se toma un descanso tras una victoria, ésta ante Paul, y encara las semifinales con otro ánimo. En la cita olímpica no cuenta con su equipo, sólo con su representante, Albert Molina, que hace de todo. "El ambiente es muy distinto al Grand Slam, hay más gente eufórica, chillando, es otra cosa", comenta sobre los españoles presentes en Roland Garros

Carlos Alcaraz celebra su victoria en cuartos de final ante Tommy Paul
Carlos Alcaraz celebra su victoria en cuartos de final ante Tommy PaulRONALD WITTEKEFE
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Corre, corre. Y corre, corre. Y corre, corre. Y Carlos Alcaraz dijo: "Ya está, para".

Cuando acabó su partido de cuartos de los Juegos Olímpicos de París con victoria sobre Tommy Paul por 6-3 y 7-6(7), se encerró en el gimnasio que hay en Roland Garros -en las plantas bajas de la Philippe Chatrier- y tardó casi dos horas en salir. Hasta ayer, después de cada triunfo olímpico, le tocaba ducharse rápido, fotografiarse con los fans que le esperaban en los pasillos exteriores, atender a los medios en la zona mixta y marcharse corriendo a la Villa a descansar un poco. Pero tocaba frenar y frenó.

Durante media hora pedaleó en la bicicleta estática a ritmo suave, como siempre, para estirar las piernas y después se regaló un buen rato en los baños de contraste. Frío, calor, frío, calor. Tranquilo, tranquiiiiiloooo. Mientras, además, seguía el triunfo también en cuartos de la pareja española de dobles formada por Sara Sorribes y Cristina Bucsa ante las ucranianas hermanas Kichenok por 6-3, 2-6 y 12-10, así que durante un rato todo fue calma para él. Lo necesitaba.

Desde que llegó a la Villa acompañado de Rafa Nadal y ambos se convirtieron en la pareja de moda, el objetivo de todas las selfies, los personajes a conocer, Alcaraz llevaba acumulando un cansancio que va más allá de lo físico. Entre el torneo individual y el de dobles ha jugado muchos partidos, siete en sólo seis días, y ha estado subido en una montaña rusa de emociones. "Me he despertado bastante cansado, la verdad es que físicamente no estoy en mi mejor momento", reconocía el actual número tres del mundo, que ante Paul notó esa fatiga. En el primer set, Alcaraz fue Alcaraz, pero en el segundo set dio un paso atrás.

El estadounidense adoptó un esquema de juego más agresivo, con más subidas a la red, intercambios más cortos, y a él le fallaron las fuerzas. Fueron sus peores momentos en los Juegos Olímpicos. Pero al final remontó en break en contra, salvó una bola de set en la muerte súbita y se llevó el encuentro. ¿De dónde sacó la energía? "Ha sido lucha, pura lucha, pura garra. Sabía que Paul era un jugador eléctrico, que tenía que estar despierto y he notado el cansancio, pero he recordado que no estoy jugando para mí, que estoy jugando para todos los españoles. Es lo que me tira ahora, lo que me hace ir para arriba", proclamaba ayer después de agradecer su ayuda a los aficionados españoles presentes estos días en París.

SIN SU EQUIPO HABITUAL

Es un tópico del deporte, "gracias a la afición", pero en este caso tiene sentido. En los Juegos, Alcaraz no puede mantener sus rutinas de los Grand Slam ni muchísimo menos. No tiene días de descanso para irse a dar paseos por los jardines de Versalles, no duerme en un hotel ni cena en sus restaurantes favoritos del centro de París, ni tan siquiera puede contar con su equipo. Si a su lado normalmente están su entrenador, Juan Carlos Ferrero; su fisioterapeuta, Juanjo Moreno; su preparador físico, Alberto Lledó; y su médico, Juanjo López; en la cita olímpica sólo tiene a su representante, Albert Molina, que hace de todo.

Ejerce el papel de técnico en su palco durante los partidos y, por ejemplo, le ayuda en los calentamientos previos, en sus habituales ejercicios con gomas cortas, en sus malabares para activar los reflejos y en sus estiramientos de pilates. En los Juegos, Alcaraz no puede mantener sus rutinas, pero al menos tiene el apoyo de un público muy diferente al que normalmente visita Roland Garros.

Durante el 'grande', allá en junio, la mayoría de espectadores en las gradas son franceses, con simpatía hacia Alcaraz, pero no devoción (todavía). Estos días, en cambio, la Philippe Chatrier está llena de españoles que no paran de gritarle: "¡Te queremos, Carlos! ¡Viva España! ¡Viva Murcia!". "Me llega el apoyo. El ambiente es muy distinto al Grand Slam, hay más gente eufórica, chillando, es otra cosa. Es muy bonito jugar unos Juegos Olímpicos", proclamó quien hoy (13:30 horas, La 1) se enfrentará en semifinales al canadiense Felix Auger-Aliassime por un puesto en la final y, por lo tanto, por asegurarse una medalla. En el último Roland Garros le ganó sin oposición, por 6-3, 6-3 y 6-1 y esta vez, además, Alcaraz juega por España.