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Perseguir sombras. Eso es lo único que pudo hacer Turquía ante una selección que asusta. No son sensaciones, no es solo un golpe de autoridad, son datos. Cualquier equipo que lleve el parche de campeón de Europa en su camiseta lo hace, pero es que a España le bastaron 45 minutos para mostrar que es un equipo desatado con un juego brillante, talento, desequilibrio, descaro y gol. Por si alguien tenía dudas después de perdonar a Bulgaria, en Konya a los turcos les quedó muy claro todo en solo una jugada.
Al infierno le echó el primer cubo de agua helada Pedri, sentando a su capitán Çalhanoglu en un amago y acomodándose un derechazo imparable para el meta Çakir. Les burló también Lamine sorteando tarascadas en su cabalgada por la banda para plantarse en el área, pero su zurdazo se quedó sin veneno. Pero en el minuto 22, los turcos entendieron la que se les venía encima. Se quedaron petrificados con un gol de Mikel Merino y ya no pudieron reaccionar en los 70 minutos que quedaban de partido. España, como si sus jugadores fueran piezas de un pinball, llevó el balón desde su portería al fondo de la turca sin que pudieran ni olerlo.
Los 11 futbolistas a los que De la Fuente dio la titularidad -los mismos que saltaron ante Bulgaria- tocaron todos de manera primorosa a pelota en esa jugada, de Unai Simón en el inicio de la jugada a Mikel Merino. Fueron 25 pases, 66 toques de balón, un minuto y 15 segundos de posesión sin que ningún turco pudiera evitarlo. Fútbol de salón en el mejor partido de la selección en la era De La Fuente. Y aún afiló más el colmillo. Y es que son muchos los 'cocos' españoles que atemorizan a los rivales. "Esta generación de futbolistas no se cansa de mejorar, de ser cada día un poco mejor. Y el primer sorprendido soy yo. Hay que decirles pocas cosas", resumió el seleccionador.
Al mando está Pedri, capaz de sumar una genialidad tras otra a las que, ahora, suma goles. "Todos me dicen que chute más, que pruebe. Lo estoy intentando y me está sabiendo bien. El resultado refleja la intensidad con la que hemos salido. Ha sido un partido redondo", confesó el canario, que no acude a la falsa modestia cuando se le habla de cómo mirarán los rivales a España: "Si nos quieren poner de favoritos al Mundial, iremos a por todas".
'Hat-trick' de Merino
La grada no había puesto su mirada en él, sino en Lamine Yamal, al que silbaba de manera atronadora cada vez que cogía la pelota, alimentando aún más su descaro. España ha encontrado en él un arma para hacer temblar rivales como nunca antes había tenido. Infalible en el uno contra uno, no en todo fue perfecto. El gol se le negó. Tuvo ocasión de marcar el tercero, un regalo de Pedri en el punto de penalti que inexplicablemente se le fue alto y de nuevo lo buscó en una jugada individual en la que ignoró la mejor posición de remate de Oyarzabal. Quería marcar, y no lo hizo. "Me ha dicho al oído que le pusiera una, pero es que todos los de arriba querían hacer su gol", confesaba Pedri. No pudo asistir a su compañero del Barça, pero sí a Merino, en un pase atrás al borde del área justo antes de que el colegiado les enviara al vestuario.
Lamine volvió al campo tras el descanso empeñado en coronar su partido con un gol, pero sin ser egoísta. Por eso le regaló el cuarto a Ferran, que había salido al final de la primera mitad por la lesión de Nico Williams en el abductor.
22 goles lleva el valenciano con la selección, los mismos que Sergio Ramos y Alfredo Di Stéfano. Él ganó la pelota en un salto en el centro del campo y, en una contra dirigida por Pedri y Lamine, llegó a pisar área para recibir el último pase y fusilar a Çakir.
Antes de que De la Fuente le mandara al banquillo, Lamine aún tuvo tiempo de asistir de nuevo a Mikel Merino, que cerró el primer hat-trick de su carrera y volvió a girar sobre el banderín de córner. Hay dudas de si el balón tocó en Ferran antes de rozar la red, pero la UEFA le apunta el tanto al navarro. Con el 0-5, Turquía intentó evitar un castigo mayor, pero entonces emergió Oyarzabal para hacerles un lío en la frontal y regalarle el sexto gol a Pedri.
Mientras Montella pensaba en evitar que la derrota fuera aún más histórica -un 0-8 les endosó Inglaterra en 1984-, en el banquillo español se pensó en premiar a Jorge De Frutos con el debut, a Rodri con minutos de rodaje y a Morata con volver a pisar un campo turco con el brazalete de capitán con España, aunque esta vez se lo cedió a Balón de Oro. "Es una decisión suya. Estoy orgulloso de cómo es, caballero y orientador del resto de compañeros", palabras con las que De la Fuente concretaba su nuevo rol en una selección que esta primera ventana abrumando.


