El viejo tratado de la posesión, del toque y el más miserable aburrimiento, en busca de un gol como episodio esquizofrénicos es la estampa de una selección sin recursos. Ante un búnker sueco hecho de adobe, la selección confirmaba que Luis Enrique es un mediocre alumno de Guardiola, con un sistema reaccionario, obsoleto como que hasta Tuchel se lo echó en cara al cavernícola Pep en la final de la Champions. Un esquema empeñado en la asfixia sólo en en el medio campo de rival, pero sin poder traspasarle, ni siquiera con centros laterales.
Además, Luis Enrique padece su odio ancestral a su viejo equipo, el Real Madrid. Con él, un blanco está prohibido. Ya no sólo por la venganza a Ramos, Asensio y compañía, sino por tratar de ser más listo que nadie y empeñarse en Morata, que sólo ve goles cuando parpadean las estrellas. Me decía un amigo que falla tanto como Vinicius, pero el brasileño tiene mucha más gracia.
Otro complejo de Lucho, entre su fantasmagórica superioridad repleta de complejo tácticos y personales, es delimitar y castigar a LaLiga. Ahí tenemos el ejemplo de Gerard Moreno. No sólo prefiere a Morata, sino a otro pupilo de Guardiola, como Ferran Torres, que está más quemado que el Withy Grove de Machester. También tenemos por la izquierda el caso de Lucho pidiendo peras al Olmo de Leizpig.
Laporte y Rodri fueron otros dos pupilos de su maestro Guardiola en el viejo escalafón, sin velocidad, sin tino. Y lo que es peor, la selección española no puede permitirse el lujo de no tener un solo jugador con desborde. Ni un solo regate para denigrar a un adversario tan mediocre como Suecia.
Aun así, primero con el palo repelido por Isak, el jugador de la Real Sociedad y el fallo de Berg, que juega en Rusia, y que desperdició todavía un gol más claro que el de Morata, hubiéramos quedado retratados. Sucesos que pudieron reventar los cimientos de La Cartuja, una mala elección en junio, cuando la hierba crece amarilla.
Pero ahí tenemos a nuestro Pepe Gotera, increible, el presidente Rubiales, que sentó al lado del Rey al demonio de Florentino, el presidente de la UEFA Ceferin, que quizá también quería saludar a su amiguete, compatriota, el arbitro Vincic, que no estuvo nada mal. El esloveno ha pasado por un calvario acusado de prostitución, drogas y demás. Un respiro de su señor Ceferin, que según las últimas noticias se ha vuelto a subir el sueldo en plena pandemia. Ya ha ganado ocho millones de francos suizos desde que traicionó a Platini.
Pese al castigo con cilicio incluido en La Cartuja, no pienso que la selección tenga problema en pasar a la siguiente fase. Polonia y Eslovaquia parecen dos novicias de Europa. Lo peor es que Luis Enrique sigue anclado en un pasado cuando jugaba con Messi o Iniesta. Incluso sueña con que Pedri, absolutamente desbordado, llegue a aquella inteligencia del manchego. No hay un plan B, no hay una alternativa. Luis Enrique es un prisionero del pasado.
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