BALONCESTO
La cláusula

Antoni Daimiel, la NBA y el triste final de una era

Andrés Montes y Antoni Daimiel durante una retransmisión.
Andrés Montes y Antoni Daimiel durante una retransmisión.E. M.
Actualizado

Los primeros partidos sólo tenías ojos para Andrés Montes, pero poco a poco te ibas fijando en el crío que soltaba datos a su lado. Lo tenía todo para resultar aburrido. La seriedad, el tono monocorde, el rol de contrapunto sobrio a una fuerza de la naturaleza, esas americanas enormes que le hacían parecer aún más niño... Pero el tipo tenía algo, siempre lo tuvo. La ironía, la lectura de los momentos, el conocimiento, la normalidad... Montes era una estrella marciana, Antoni Daimiel era uno de nosotros y juntos fueron un fenómeno social.

La NBA en España es Daimiel y la NBA en España no es un deporte, es un rito de paso. Entras siendo adolescente, cuando cualquier cosa que suceda de madrugada te parece excitante, y, durante los últimos 30 años, miles de chavales nos hemos hecho adultos escuchando a Antoni filosofar sobre el sentido de la vida mientras te daba la estadística exacta, el análisis correcto y el detalle que necesitabas como si fuera sencillo. No lo es. Y todo ello sin darse importancia, aunque la tenía.

Tanta que ahí sigue, absolutamente vigente, en estos tiempos de highlights y periodistas jóvenes con canales y podcasts de éxito gritando, como principales aportaciones técnicas, que Curry está loco y Jokic juega desnudo. No es una crítica, me niego a ser ese viejo gruñón, pero es un hecho y, en el fondo, una señal de respeto: saben que pueden ser herederos dignos de Montes o de Guille Giménez, pero que ser Daimiel es mucho más difícil y laborioso.

Por eso el modelo original sigue siendo el analista de cabecera para las nuevas generaciones y por eso la posibilidad de una NBA sin Daimiel ha provocado un seísmo inimaginable para cualquier otro combo periodista-deporte (sólo se acercaría una Fórmula 1 sin Lobato, creo). El vacío es inmenso por igual entre los aficionados de 50 años y los de 20. El cabrón es tan transversal como Arguiñano y Resines.

Aunque he tenido la suerte de pasar de fan a amigo, sé lo mismo que casi todos. Movistar ha perdido la NBA (y la NFL, la ACB...), Daimiel tiene contrato fijo y la plataforma quiere que siga, pero ahora mismo no tiene nada interesante que ofrecerle. O lo inventa rápido o el divorcio parece inevitable y, si sale al mercado, DAZN, nuevo canal NBA en España, le recibiría con los brazos abiertos para felicidad y tranquilidad de los aficionados.

¿Y de Antoni? Miedo me da, porque lleva 20 años deseando jubilarse. LeBron quiera que no se lo permitan. Le necesitamos y Cuba seguirá esperándole dentro de 10 años.