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Los monstruos tienen su corazoncito, y el cine parece últimamente empeñado en recordar que en el fondo del horror también hay amor. O que la hostilidad a veces sólo es un reflejo de la vulnerabilidad. Insistía Robert Eggers con Nosferatu el año pasado. Insiste ahora Guillermo del Toro con Frankenstein. Insiste Noah Hawley con Alien (en este caso, en la pequeña pantalla). E insiste Dan Trachtenberg con Predator, que llega hoy a la cartelera. Nadie conoce mejor al cazador extraterrestre de las rastas y el arsenal ultratecnológico.
"Mi relación con él comenzó cuando estaba en 1º de Primaria y se estrenó la película original", viaja hasta 1987. "Mis padres no me dejaron verla porque era para mayores de edad. Recuerdo que iba de camino a un torneo de kárate y todos los chicos de 6º ya la habían visto. Íbamos en la parte trasera de la furgoneta de mi madre y me la contaron entera. Así que me imaginé Predator mucho antes de verla".
Cuando por fin tuvo permiso para ponerse delante de la gran pantalla, a Trachtenberg (Filadelfia, 44 años) le sorprendieron dos cosas del monstruo. Una, el aterrador pero creíble aspecto de aquella criatura que coleccionaba las calaveras de sus enemigos y obligaba a Arnold Schwarzenegger a embadurnarse de barro hasta las cejas para sobrevivir. Y dos, el picoteo que proponía entre géneros: acción, terror...
"En esencia, era una película slasher. Pero no se trataba simplemente de un monstruo que mataba gente, sino que parecía tener unos códigos que remitían a la cultura de la que procedía", analiza el director. "Ese elemento me ha permitido crear historias sobre lo que implica ser el más fuerte -algo que siempre me ha fascinado- y de superación. Son historias que suelen encontrarse en las películas sobre deporte y que pueden extrapolarse a la ciencia ficción. Creo que por eso, porque permite contar historias más complejas, la saga ha llegado hasta hoy".
Trachtenberg es el hombre detrás de Predator: la presa (2022) y Predator: asesino de asesinos (2025). Es decir, el tipo que le hizo el boca a boca a la franquicia hasta revivirla, tras dos décadas dando bandazos. Ahora regresa con Predator: Badlands (Disney) y una novedad importante. Por primera vez el alienígena se encuentra amenazado por fauna y flora incluso más letal que él mismo: la del planeta Genna. Allí es enviado un joven depredador (Dek) para que demuestre ser digno de su clan. En su peligroso viaje le acompaña la mitad de una androide (Thia). Los actores Dimitrius Schuster-Kolomatangi y Elle Fanning protagonizan esta odisea espacial que invita al espectador a empatizar con un hermano pequeño de la icónica bestia de videoclub. ¿Cómo? Yendo más allá de la narrativa visual trepidante. Incluso recurriendo al humor gracias las situaciones generadas por una alianza antinatura.
"Dimitrius y yo estábamos literalmente enganchados espalda con espalda, volábamos juntos por el aire. Básicamente, en la película soy como una mochila. La mayor parte del tiempo la pasé en forma de L, descansando en algo parecido a un columpio. Crearon unos aparejos que nunca se habían hecho antes", detalla Fanning (Conyers, estado de Georgia, 27 años) sobre el rodaje. "Hubo mucho trabajo con cables. Tuve que entrenar duro durante un mes con el equipo de especialistas para hacer acrobacias", añade quien ya tuvo una experiencia con una bestia del espacio exterior en Super 8 (2011).
La pareja se dejó caer a finales de septiembre por la primera edición de San Diego Comic-Con Málaga para la proyección en primicia mundial del tráiler final de Predator: Badlands y los 20 primeros minutos del montaje casi definitivo de la película. Una aventura futurista que juguetea con la posibilidad del desplazamiento en la cadena trófica. ¿Podría verse como una llamada a la acción desde la ciencia ficción?, preguntamos a Trachtenberg viendo que la posición dominante del ser humano sobre el planeta está llevando al desastre al resto de especies.
"Es una forma interesante de verlo", concede en la habitación de un hotel de Fuengirola. "La ciencia ficción permite dejar nuestra perspectiva de lado y sentir las cosas de forma diferente. Creo en esa premisa. Alien era una película que hablaba de la guerra de Vietnam. George Lucas ha dicho que la inspiración para Star Wars también fue ese conflicto. En ocasiones, cuando una película aborda directamente un tema político o complejo, usar elementos de género se parece a poner un poco de medicina en el helado. Ayuda a digerir las cosas y también nos emociona de una manera que quizás no sería posible si estuviéramos a la defensiva, si sentimos que nos están sermoneando o lanzándonos un mensaje demasiado denso".
En Predator: la presa, el director situaba al cazador en mitad de la colonización de Estados Unidos y rodeado de comanches. En Predator: asesino de asesinos recurría a la animación para enfrentar al bicho a tres guerreros -vikingo, samurái y piloto de combate- de diferentes periodos históricos. En Predator: Badlands, finalmente, el monstruo acaba siendo un colega. Y eso dice algo de nuestro tiempo.
"Estas películas en realidad tratan sobre el otro, sobre no juzgar un libro por su portada y observar las cosas más allá de su apariencia o de su supuesto lugar en el mundo. Pero tienes razón: el género zombi despegó porque Alex Garland creó un monstruo que parecía natural... Hoy sentimos que estamos divididos, tal vez más que nunca. Y eso hace que los artistas queramos contar historias que hablen de la unión y los puntos en común. Esa búsqueda es una parte fundamental de esta película".

