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Lee Miller: Kate Winslet cae derrotada por un biopic sin aliento (**)

La vida de la fotógrafa del título apenas da para un desconsolado ejercicio de cine ampuloso y cargante con el único consuelo de una actriz fuera de dudas

Kate Winslet en un momento de 'Lee Miller'.
Kate Winslet en un momento de 'Lee Miller'.
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Tan difícil es decir algo malo de Kate Winslet, la mejor actriz sobre la faz de la tierra (probablemente haya alguna más a su altura, pero con ella delante se nos olvida), como hablar bien de un biopic. De todos los géneros que ha dado el cine, pocos como el de las películas biográficas que den tanta pereza. Quizá haya otras formas de cine más o igual de cansinas, pero, de nuevo, con uno delante cuesta acordarse. Lo complicado, e inaudito, es cuando se dan juntas las dos circunstancias: Winslet en un biopic o, casi mejor, un biopic en Winslet. Al fin y al cabo, un biopic es como una mancha y, salvo excepciones, no es la mancha la que tiene a la persona, sino al revés. Es entonces cuando surge la pregunta: ¿Qué hacer? ¿Seguimos a la actriz que adoramos sin importar lo aparatoso, engolado y hasta aburrido de todo lo que sucede a su alrededor o, mucho menos trágico, miramos simplemente para otro lado? Pero claro, ¿cómo ignorar a Winslet con Winslet delante? Definitivamente, aquí, como en El Hormiguero, hemos venido a sufrir.

Lee Miller, la película, no es la historia de nadie más que de..., en efecto, Lee Miller. Hablamos de una de las más célebres fotógrafas que protagonizó una época en la que su arte, la fotografía, a la vez que ensanchaba sus fronteras y rompía los límites autoimpuestos de la simple representación mecánica de la realidad gracias a artistas como Man Ray o El Lisitski, se adentraba en lo más oscuro de la misma vida merced al fotoperiodismo en tiempos de guerra. Después de ejercer como modelo, Miller viajó desde su Nueva York natal al París de los años 30 (al que era una fiesta) con la voluntad de empaparse de los nuevos tiempos. Cuando llegó a Europa, sin embargo, se encontró con la gran debacle de la humanidad entera y, como tantos otros, tuvo que, a su modo, morir primero para nacer de nuevo. Suyos son algunos de los testimonios más espeluznantes, vívidos y necesarios de la brutalidad que arrasó el mundo.

Digamos que, sobre el papel, todo encaja. La directora Ellen Kuras se esfuerza en rescatar del olvido a una mujer que, en el orden natural de las cosas, deberíamos considerar inolvidable. Sí, es hora ya (hace tiempo que lo fue y lo que queda) de renovar las estanterías de la memoria siempre atiborradas de hombres, solo hombres, ilustres. Y además hacerlo sin ahorrar en medios. De hecho, la película se esfuerza en todo momento en lucir el tamaño de lo tremendo de la historia y sus circunstancias en toda su desmedida amplitud. El problema es que, pese a los excesos justificados del planteamiento, todo discurre por la pantalla de manera tan plana y poco ambiciosa como mortecina. El contraste entre la enormidad de lo contado y lo diminuto de la puesta en escena es sencillamente descorazonador.

La película está planteada como una larga vuelta atrás (flashback) en el que la protagonista cuenta a un reportero (hay sorpresa sobre quién es en verdad el entrevistador) lo que vivió y, de manera destacada, lo que sufrió. Y por allí pasean amores, recuerdos, aventuras y desagravios. Pero siempre en ese tono falsamente modesto o contradictoriamente heroico, como se quiera, tan propio del género. De hecho, un biopic es en sentido original y hasta etimológico una hagiografía. Es decir, una escritura (graphos) de un santo (hagios). Quizá por ello, por el hecho de que el punto de partida ya anuncia un final donde nada puede salir mal, dan tanta pereza. Sin prácticamente excepción. De todos los géneros que ha dado el cine quizá sea el biopic el único fácilmente prohibible. O, por lo menos, y por aquello de no dañar los principios constitucionales, evitable.

El dilema, como decíamos, es que es imposible renunciar a Winslet sin pecar. La actriz se expone como solo ella es capaz. Su talento para convertir cada detalle en relevante, cada lágrima en la mayor de las tragedias y cada suspiro en una promesa de eternidad consigue lo que de entrada se antojaba imposible: que por un momento nos olvidemos de la grisura de la puesta en escena, de lo previsible de cada plano, de lo triste de los maquillajes que anuncian flashbacks. Y así. Más que una película, Lee Miller es una contradicción. Y con ella hay que vivir. Es así.

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Dirección: Ellen Kuras. Intérpretes: Kate Winslet, Josh O'Connor, Andrea Riseborough, Alexander Skarsgård. Duración: 116 minutos. Nacionalidad: Reino Unido.