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Andan las redes echando humo con el cambio de apariencia de Jim Carrey, que se dejó ver este jueves en la gala de los 51 Premios César para recoger el honorífico por toda su trayectoria. Llevaba desde 2018 fuera de las cámaras y por eso su rostro nuevo chocó tanto.
"Todos estamos enamorados de tu cara. Su habilidad para estirarse desafía las leyes de la gravedad" dijo la presidenta de los premios, Camille Cottin, cuando le fue a entregar el premio. Pareciera que Camille se estaba adelantando a todo lo que vendría.
El caso de Jim Carrey es muy llamativo porque fue un actor del gesto. Todos le reconocemos por ello. Él era el maestro de las muecas, de las caras, de la gestualidad extrema. Ya no queda nada de eso en el rostro frío y quirúrgico que vimos el jueves.
Una de mis teorías cospiranoicas favoritas ha sido la de que a Jim lo han matado y lo han sustituido por un doble. También está la teoría de quien cree que es un actor contratado por Carrey para hacer un experimento social. O la que abrió el artista drag Alexis Stone diciendo que había sido él con una de sus prótesis. La ficción viene a rellenar lo que no nos gusta o lo que no entendemos. Preferimos una teoría sobre sustituciones de cuerpos, antes que aceptar que a alguien se le han podido ir de la mano los retoques, siendo esta, además, la opción más probable.
La verdad es que ese hombre que subió a recoger el César no se parece en nada al Jim Carrey que conocimos: el de las caras divertidas y los discursos sarcásticos, pero es que hacía mucho que Carrey había dejado de ser eso. En sus últimas apariciones ya hablaba con serenidad de los procesos depresivos, de dejar descansar en paz al actor que había estado tratando de interpretar tanto tiempo (hacía un juego con la palabra "depressed" en inglés y el "deep rest" (descanso profundo) que necesitaba)
Yo lo que veo detrás de la máscara de Carrey es a alguien que ha perdido mucho y sufrido aún más estos años. También a alguien que se ha intentado reconstruir, sin mucho éxito.
Parece que de La Sustancia aprendimos poco, pero urge una sociedad que aprenda a convivir con la vejez y con el paso del tiempo. Con la idea de que el cuerpo que envejece es un cuerpo que está vivo.
También urge una industria audiovisual que sepa mantener a sus ídolos y arroparlos en su vejez. Si los actores se retocan tanto es porque la cámara es perversa y el cine también lo es. Pero envejecer nos va preparando para morir y no hay nada más digno que los cuerpos flácidos y las arrugas.

