CULTURA
La penúltima

Los Javis se creyeron inmortales y no lo eran

Te sientes un ideal aspiracional y acabas presumiendo de casoplón en las revistas sin darte cuenta de que no hay dios que llegue a coger los libros de las baldas altas

Javier Calvo y Javier Ambrossi, los Javis, en los Goya 2025.
Javier Calvo y Javier Ambrossi, los Javis, en los Goya 2025.AP
Actualizado

Los Javis sólo han cometido un error: creerse inmortales. No hay nada más humano, ni más condenado al fracaso. Hay momentos, excepcionales y efímeros, en los que tu vida profesional y personal se alinean con tal perfección, te ves tan hermoso, que piensas que exhibir tu felicidad, tu superioridad y tu esplendor es lo que el mundo necesita para convertirse en un lugar mejor. Te sientes un ideal aspiracional, un sueño americano cañí, un modelo a seguir, y así es como acabas presumiendo de casoplón en las revistas sin darte cuenta de que no hay dios que llegue a coger los libros de las baldas altas. Ups, despiste.

Por esa rendija, sea un poquito de pérdida de perspectiva o un muchito de postureo, acaba por colarse la vida para darte una hostia con la mano abierta y, un año después, la felicidad se ha aburrido de ti (o tú de ella) y tu flamante chalet está a la venta. Por cinco millones, eso sí, que nada facilita más una separación que poder solventar el tema de la vivienda. Ese problema se lo ahorran y no es poca cosa: mantiene unidas más parejas la hipoteca que el amor.

Para saber más

No es esta una columna escrita desde la envidia, esa cosa tan mezquina de alegrarse por las desgracias de quien es mejor que tú. Al contrario. Hablo desde la admiración absoluta hacia los creadores de ese prodigio que es La Mesías y de una de mis películas confort preferidas, La llamada. Aguardo como un fan nervioso el estreno de La bola negra, la peli en cuyo rodaje se gastó el amor de tanto lucirlo. Y escribo también desde la preocupación, porque creer que la relación profesional va a avanzar intacta pese a la ruptura sentimental es tan ingenuo como lo de los libros a tres metros.

No va a suceder. Es imposible. Creo. O se reconcilian o, tras algún intento de separar lo indisoluble, acabarán yendo por libre. Lo suyo no es trabajar en el cubículo contiguo al de tu ex y saludaros civilizadamente por la mañana, es crear y sentir juntos. Si la relación no fluye, esa intimidad se difumina y es lógico temer que nada volverá a ser lo mismo. Pienso en mis venerados hermanos Coen desde que decidieron ser dos y no uno. Sus pelis posteriores, con sus méritos, no podrían ni hacer cosquillas en la planta de los pies a Muerte entre las flores, a Fargo, a El gran Lebowski (El Nota siempre aguanta)... Joel se quedó el talento, pero extravió el humor. Ethan mantiene el tono, pero no sabe qué hacer con él.

Todos perdemos con estas separaciones, menos ellos y eso es lo único que importa. Los Javis se creyeron inmortales y no lo eran, pero de La Mesías se hablará siempre. Sin darse cuenta, tenían razón. Lo valioso nunca fue la casa.