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¿Dónde están los novios de Instagram? Hubo un tiempo en que el término hizo furor. Triunfaban las simpáticas fotos (o ridículas, según se mire) de esforzados novios retratando a chicas con aspiración de influencer. Aquí ante una puesta de sol, allí junto al mar... El algoritmo ha sepultado aquellas estampas, y los novios han corrido la misma suerte.
Lo planteaba hace unos días un artículo viral de BritishVogue: ¿Ahora es embarazoso tener novio? "Tener pareja ya no reafirma tu feminidad; ya no es un logro. Declararte soltera, en cambio, se ha convertido en algo de lo que presumir".
Es una cuestión de demografía y del sentir del momento: vivimos en un mundo con más solteros y estamos cada vez más hartos de la búsqueda del amor. De las citas, de los ligues digitales, de las decepciones.
Si quieres que tus seguidores empaticen, no muestres algo que no les pasa.
No es de extrañar que hayan quedado atrás aquellas cuentas de parejas a cuatro manos. Recuerdo a unos risueños franceses que vestían igual; a una pareja gay que te mostraba los mejores cafés; al escritor y a la novia que compartían reflexiones; a veces hermosas, a veces cursis.
Nada ha cambiado tanto en las últimas décadas como la idea de soltería. Lo explicaba Tamara Tenenbaum en El fin del amor. Seguimos pensando lo mismo sobre la pareja, sobre la fidelidad, pero estar soltero (y, sobre todo, soltera) ha perdido las connotaciones negativas de antaño. Y ahora se da un paso más: es motivo de orgullo.
Las influencers que sigo ya no muestran a sus parejas. La última en hacerlo fue Chiara Ferragni (y ya sabemos que el asunto acabó fatal). Ahora influempresarias como Kylie Jenner o Hailey Bieber comparten un día a día de selfies, amigas y retoños. Su relato de éxito se cuenta mejor sin sus famosos chicos.
Más allá del nicho tradwife, hoy a los novios se les oculta o se les canta... al dejarlo. "Medalla olímpica de oro al más cabrón / tienes el podio / de la gran desilusión" (vaya perla, Rosalía...).
Obviamente, lo que vemos en redes no tiene por qué ser la realidad. "Nos transformamos en marcas personales guionizadas", leemos en Soy fan, ácido retrato de las identidades digitales. Fuera de Instagram, seguimos creyendo en el amor. Mi mejor amiga sigue anhelando un romance tan intenso como el último. Nos enganchamos a la serie del rabino y la podcaster (Nadie quiere esto), nos ilusionamos cuando una íntima empieza una historia que promete... Cada vez nos parece más difícil, sí. Pero que desaparezcan los novios de Instagram no significa que desaparezca el amor.

