CULTURA
Entrevista Chimpún

Mónica Carrillo: "Uno de los grandes errores del periodismo es que nos miramos mucho el ombligo"

Actualizado

Presentadora de telediario el fin de semana, escritora de lunes a viernes y, ahora, también compositora. A Mónica Carrillo la vida le cunde mucho

Mónica Carrillo
La periodista y escritora Mónica Carrillo.ALBERTO DI LOLLI

"Aquel día aprendí que el amor no era para cobardes". "Ojalá los días vividos contigo fuesen aún mañana". "Te quise en términos absolutos y resultó ser muy relativo". Los microcuentos de Mónica Carrillo (Elche, 1976) te montan una tragedia griega en tres frases. Hace ya 10 años que la presentadora del informativo líder del fin de semana, el de Antena 3 junto a Matías Prats, se tiró a la piscina de pirañas de Twitter a hablar de amor y sentimientos como si aún hubiera hueco para ello entre el cinismo, los memes y los zascas. Contra todo pronóstico, fue un suceso. Ahora recopila 300 de ellos en El viento nos llevará. "Soy una intensa con mucho sentido del humor. Soy sensible y no tengo intención de ocultarlo, pero esa parte de mí es de la que más me río", explica y, no miente, se ríe.

Tras tres novelas y varios premios, una recopilación de microcuentos, ¿es la pereza del éxito?
(Risas) ¡Es el segundo de microcuentos! No te has leído el otro.
Pudiera ser, pero no intentes desviar la atención...
Vale, ahora en serio. No es el éxito, en todo caso es la pereza del periodista. Llevo tres novelas y dos recopilatorios de microcuentos, tras 10 años lanzándolos en redes. Como bien sabes, cuesta sacar tiempo con las vidas y las agendas que llevamos. En mi caso, cuando he logrado escribir novelas ha sido disciplinándome muchísimo, porque una vez que coges la hebra y tienes en la cabeza la historia que quieres contar, se convierte en una necesidad, en un impulso y ya te pones. Pero, claro, tienes que sacrificar muchas cosas para encontrar ese tiempo fuera del trabajo.
El microcuento sale solo, entiendo.
Exacto. El microcuento brota y, según brota, lo lanzo. No me los guardo ni los cuelgo a una hora concreta. No tengo una estrategia. Ni siquiera en la vida. Salen de una manera muy orgánica, que se dice ahora, y lo que he hecho es tirar la vista atrás y recopilar 300. Me he dado cuenta de que, además de ir evolucionando en la manera de escribir, he crecido personalmente, profesionalmente y vitalmente. Eso me ha llevado a escribir más tipo poesía, letras de canciones...
No sabía lo de las letras de canciones. ¿Para quién?
Sí, es que no lo había contado. Ya llevo años, lo que pasa es que ahora sí que se van a editar. Bisbal y Raphael me pidieron canciones, se las escribí, grabaron las maquetas, pero no se llegaron a publicar. Esta vez he escrito un par de temas con el cantante de Veintiuno, Diego Arroyo, y van a salir en disco. Me hace mucha ilusión y lo de ser letrista es una nueva pasión que me acompaña. El proceso es la leche. Muy creativo, muy divertido.

He escrito canciones para Raphael y Bisbal

O sea, que le das a todo.
Incluso al periodismo (risas).
Muchos de tus microcuentos son románticos. ¿Cómo se expande el amor por este mundo de odio?
No es sencillo porque además el desamor es muy agradecido en la literatura, en la poesía, en la música... El amor, de pareja o no, es consustancial al ser humano, pero no es nada fácil lanzar mensajes positivos hoy en día. Yo lo hago porque me lo creo, soy una optimista convencida. Eso no significa que no sea realista y sepa lo complicado que es quererse en estos tiempos, pero no me rindo. Estas son las cartas que nos han tocado y hay que intentar jugarlas lo mejor posible porque si rompes la baraja y te vas, ya has perdido.
¿Eres la única persona sin haters?
No, pero no tengo demasiados mensajes negativos de trolls. Además, cuando veo una falta de respeto o algo que no me interesa aguantar, les silencio, que es lo mismo que haría en la calle. Yo no me pararía a hablar con nadie que me insulta, ¿no? Pues en Twitter, lo mismo: si alguien cruza la línea, le silencio sin titubear.
¿Con qué has tenido que silenciar a más? ¿Cuándo te declaraste feminista?
Exactamente. Dije que el feminismo es lo que es, lo que dice la RAE, nada más. De todos modos, soy feminista y, moleste a quien moleste, pienso seguir reivindicando una sociedad más justa y paritaria. Ser feminista significa querer la igualdad entre hombres y mujeres. Punto.
Este último 8M se vio un feminismo más dividido que nunca antes. ¿Cómo lo valoras?
No lo valoro. Me parece que es desviar el foco de atención y no me gusta contribuir a eso. Yo sigo lanzando el mismo mensaje que te acabo de decir: feminismo, justicia, paridad, igualdad. No me interesa entrar a discutir sobre una supuesta división, porque si lo hago doy alas a un debate que para mí no existe. Y me niego. Yo no voy a señalar a nadie, voy a seguir a lo mío, reivindicando lo que es justo.

No me he rayado cuando he visto mi vida privada en las revistas; lo que se ve es lo que hay

Empezaste a presentar junto a Matías Prats hace 15 años y el otro día ya le tuviste que felicitar por ser abuelo. No digo nada, pero...
Ya, lo sé, si él cumple, yo también. Me estoy haciendo mayor al lado de Matías.Y hacerse mayor es raro.
Más aún cuando lo haces en directo para toda España, imagino.
Más raro aún. Es como revisar fotos antiguas, pero a lo bestia. Yo estoy acostumbrada a salir por la tele y uno no se nota envejecer cuando se ve día a día en pantalla, pero, claro, está todo grabado y cuando de repente sacan cosas del pasado... Ahí es cuando te ataca el paso del tiempo y dices: "Madre mía, ¿qué ha pasado aquí? ¿Así era yo?". Hay cierto punto de ternura en que el paso del tiempo lo veas junto al público, que todo el mundo sea consciente de ello, te sientes acompañada en el proceso.
Bueno, es un proceso inevitable.
Sí, pero es extraño porque cuando te lo contaban no te lo terminabas de creer. A mí me llamaba mucho la atención cuando alguien decía: "Es que mi cuerpo envejece, pero mi cabeza sigue siendo joven". Eso no lo entiendes hasta que te pasa. Yo sigo teniendo un espíritu jovial, interés, curiosidad... ¡Sigo siendo joven!
Nuestra generación se niega a envejecer. A veces dudo si somos todos el meme del señor Burns vestido de joven.
Depende del extremo al que lo lleves. No tener que dejar de hacer cosas por cuestión de edad es bueno. Yo empecé a esquiar el año pasado y me parece que hacer cosas por primera vez a los 40 y tantos, vivir sensaciones nuevas, es fascinante. Y no perder la curiosidad, porque como periodista estás muerto el día que la pierdes. Es fundamental seguir asomándote al mundo con ojos curiosos y en ello estoy.
Hablemos de periodismo. Tradicionalmente, los presentadores de informativos habéis sido los periodistas más neutros. Está cambiando, pero tú te mantienes en esa línea.
Yo lo llevo bien. No me interesa significarme en casi ningún tema, porque luego tengo que presentarte las noticias de la manera más honesta posible. No digo objetiva, digo honesta. Independientemente de que haya una línea editorial en el medio, y siempre la hay, a mí me gusta presentar así. Ahora bien, hay ciertas cuestiones en las que sí me mojo: contra la violencia con la mujer o en temas de feminismo. Asuntos que considero que no admiten opinión porque no la hay. Es decir, querer una sociedad más justa e igualitaria no debería ser algo controvertido. Con eso sí me pronuncio, pero entrar en el debate político y bajar a la arena es algo que no hago de manera deliberada. Tengo opinión, pero no me parece que sea bueno para mí mostrarla. Ahora hay otros compañeros que sí lo hacen y si a ellos les gusta, perfecto, pero yo no hago un informativo de autor y no se pide eso de mí. Mejor.
¿Qué hemos hecho mal? ¿Por qué sufre el periodismo esta crisis de prestigio?
Defíneme crisis de prestigio.
Nunca, en lo que yo he vivido, la credibilidad del periodismo ha estado tan en duda.
Yo no tengo esa percepción, me parece un poco victimista. Creo que, por supuesto, es una profesión en la que tenemos mucha visibilidad y todas las personas que estamos de cara al público con cierta relevancia, antes o después, vamos a generar controversia por una opinión, un error o lo que sea. Pero eso es normal y no creo que sea nada nuevo. No considero que sea una crisis brutal del periodismo, sino que siempre se pueden hacer las cosas mejor, pero esto es como esos que dicen que todos los políticos son iguales.
Hay políticos y periodistas buenos y malos, evidentemente, pero todos somos parte de un gremio y la percepción global nos salpica.
A eso me refiero con ponerte el traje de victimista. No somos un todo. Nuestra responsabilidad es trabajar en aquello que dignifica a la profesión. Nada más. Yo trabajo por mí y me siento cómoda con lo que hago porque trabajo de manera honesta y lo único que quiero es que, como no tengo hijos, mis padres se sientan orgullosos de mí. Eso me hace trabajar con sentido común, de manera profesional y siendo buena persona. Voy muy a lo básico y hablo desde mi parcelita. No creo que estemos tan desprestigiados, en el fondo se nos sigue respetando, pero nos tenemos que hacer respetar con nuestro trabajo. Cada uno respondiendo por el suyo.

Soy feminista y, moleste a quien moleste, pienso seguir reivindicando una sociedad más justa y paritaria

Hay otra clave en esto: el ego. En una profesión de egos disparatados, desde que hay redes nos llega la crítica y, claro, no siempre se lleva bien.
Sí, los egos son terribles. Uno de los grandes errores del periodismo es que nos miramos mucho el ombligo. Se olvida que esta es una profesión para la sociedad, comunicamos para transmitir cosas a los demás y no para escucharnos a nosotros mismos. ¿Y qué hay más de mirarse el ombligo que este debate actual sobre qué nos ha pasado? No. Trabaja.
¿Nunca te dejas arrastrar por el ego y la popularidad?
No, lo llevo bien, con naturalidad. Me parece que es una muy buena señal que me reconozca la gente por la calle. No puedo pretender ser líder de audiencia y que no me conozcan. Algo estaría haciendo muy mal si eso sucediera y, además, sería muy cínico. Es la consecuencia natural del trabajo que he elegido y en el que quiero que me vaya bien, la fama es un peaje que pago con gusto. Lo que no vale es sólo querer las ventajas de tener éxito en la tele.
¿Cómo has llevado que tu vida privada saltara a la prensa rosa?
Con naturalidad, pero con discreción. Nunca he entrado y nunca entraré a hablar de ello, porque he sido muy reservada siempre. Mi vida es mía y me gusta así, pero cuando nos preguntan por qué funciona tan bien nuestro informativo, respondo: "Porque hay autenticidad y hay verdad". Eso se transmite y, a pesar de que no me abro a contar cosas de mi vida, soy bastante transparente. Lo que se ve es lo que hay, aunque no hable de ello. Así que cuando me he visto en una revista lo he llevado con muchísima naturalidad y no me he rayado. Hay que asumirlo. Hay una parte pública que viene en el lote.
Lo que sí decidiste contar es que habías sufrido un cáncer de piel.
Sí y lo conté porque me parecía que era bueno para visibilizar dos cosas: la enfermedad en sí y la parte estética, que me parecía relevante dedicándome a esto. Cuando me sucedió, ni mis compañeros más cercanos conocían la gravedad del asunto, pero una vez que me reincorporé al trabajo, tres meses después, decidí escribir el tuit con la foto en la que enseñaba la cicatriz en la cara. No fue planeado, de hecho, empezaron a llamar a mi madre familiares preocupados porque no sabían que era tan grave. Me salieron la verdad y la autenticidad, de nuevo. Me parecía que compensaba dejar ver una parte un poco más privada porque era bueno para la gente. Conté que era una heridita que no cerraba y hay personas que tras oírme fueron al dermatólogo y gracias a eso tuvieron una detección temprana.
¿Y la parte estética?
Me habían hecho un siete en la cara, literalmente, y seguía presentando con millones de personas viéndome así. Eso me parecía importante porque, aunque yo nunca he notado la presión de tener que estar siempre estupenda en pantalla, evidentemente hay una implicación estética en mi trabajo. Es lógica, pero me pareció oportuno salir en la tele también así y lo volvería a hacer.
En esa búsqueda constante de cosas nuevas en la que estás, ¿qué tienes en la lista?
Tengo ganas de aprender a bailar y de cantar. De hecho, esto último puede pasar pronto...

El viento nos llevará, de Mónica Carrillo (Ed. Planeta) ya está a la venta. Puede comprarlo aquí

Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más