CRÓNICA
"Estoy muy arrepentido"

El empujón viral del español Kelton a un anciano en Japón, el país de moda que está harto de los influencers que rompen su armonía

Por comportamientos como el de este 'streamer', los japoneses consideran que hay una "invasión silenciosa de inmigrantes" y piden expulsar a cualquier extranjero que falte el respeto a la cultura nipona

El vídeo viral del español Kelton empujando a una persona mayor en un tren de JapónKelton (Vídeo)
Actualizado

Vestido como Monkey D. Luffy, el pirata protagonista de la popular serie de anime One Piece, el streamer español Kelton se subió a un tren en la prefectura de Fukuoka, al suroeste de Japón. Sentado en un señalizado asiento prioritario, más amplio que el resto porque está designado para mujeres embarazadas, ancianos o personas con bebés, comenzó a retransmitir en directo para su canal de Kick, una plataforma de streaming.

En los trenes de Japón, país donde se abraza de manera obsesiva la armonía, especialmente en espacios cerrados y concurridos, hay una norma no escrita sobre el silencio que debe imperar por cortesía social. No está bien visto romper ese código. Por eso no era de extrañar que algún pasajero llamara la atención a Kelton cuando este empezó a grabarse así mismo contando a gritos sus aventuras en el transporte público del país asiático.

Fue un anciano quien, muy molesto, se acercó al asiento del joven español para recriminarle que estaba hablando demasiado alto y que molestaba a los pasajeros del vagón. Kelton se hizo en un primer momento el despistado, como si no fuera con él la reprimenda. El hombre mayor le llamó la atención un par de veces más mientras el streamer continuaba absorto en su ruidosa retransmisión, ajeno a la falta de respeto. El anciano se acercó una tercera vez de forma más brusca, y fue entonces cuando Kelton lo empujó hasta dos veces. Esta última parte quedó grabada en directo.

Este desagradable episodio ocurrió el pasado lunes. Un día después, el momento del empujón comenzó a viralizarse en redes sociales. En Japón, el suceso saltó a la prensa local, primero a las ediciones en japonés y luego a algunos medios que publican en inglés. Todos resaltaron el malestar que hay en todo el país por la oleada de turismo descontrolado y los actos vandálicos e irrespetuosos que protagonizan muchos streamers e influencers extranjeros.

El streamer español empujó al ciudadano nipón en dos ocasiones.
El streamer español empujó al ciudadano nipón en dos ocasiones.

El empujón de Kelton también tendría más adelante su eco en la comunidad española de redes sociales como Twitch y TikTok. Los diarios digitales españoles comenzaron a compartir la noticia y las plataformas en las que Kelton realizaba sus retransmisiones, Kick y Twitch, le suspendieron temporalmente sus cuentas.

Tras el revuelo, Kelton publicó varios vídeos en Instagram y YouTube, primero tratando de justificar su acción y después, entre sollozos, pidiendo perdón. «En Japón, la gente es muy respetuosa. Siempre son muy hospitalarios y tranquilos, pero desafortunadamente, tuve que vivir esta experiencia viajando en tren en Fukuoka. Tanto la otra persona como yo nos portamos mal: el señor por ser grosero conmigo e intentar golpearme tres veces seguidas, y yo por empujarlo. La policía intervino y entendió que fue la otra persona quien inició el enfrentamiento y que yo solo me estaba defendiendo», aseguró.

Unas explicaciones no fueron muy convincentes teniendo en cuenta que ya había protagonizado otros altercados durante su estancia en Japón, donde había viajado para cumplir un reto de recorrer el país durante 30 días con apenas 100 euros de presupuesto. Tras el empujón viral, muchos japoneses pidieron que fuera detenido y expulsado del país.

"FUI UN IMBÉCIL... ESTOY MUY ARREPENTIDO"

«Estoy muy arrepentido de lo que pasó. Fui un imbécil y un pedazo de retrasado. Ojalá poder encontrar al japonés y disculparme por lo que sucedió. Los japoneses luchan siempre contra el turismo malo, que es el que hice yo, ir a Japón a aprovecharse de su hospitalidad, a rascar fama y visitas. Voy a hacer un ejercicio de redención», confesó en su último vídeo.

Los últimos años, desde que Japón despertó de nuevo como destino de moda entre viajeros de todo el mundo, se han multiplicado los incidentes protagonizados por visitantes que perturban una tranquila filosofía de vida que bebe del budismo zen y del sintoísmo, que promueven la armonía con la naturaleza y el mundo circundante. Ante todo, se da prioridad a un concepto conocido como Wa, que implica una unidad pacífica y conformidad dentro de un grupo social, donde los miembros valoran la armonía comunitaria por encima de los intereses individuales.

El año pasado, el país nipón recibió 36,9 millones de visitantes internacionales, casi un 50% más que en 2023. Este año se esperan nuevas cifras récords. «Hay demasiados visitantes y están colapsando los servicios de transporte público y perturbando la convivencia pacífica», señalaba recientemente Sohei Kamiya, líder del partido ultranacionalista Sanseito, quien mejor ha capitalizado la frustración pública por el mal comportamiento de los turistas y los influyentes extranjeros como Kelton.

El influencer tuvo que pedir disculpas, aunque intentó justificarse diciendo que el señor intentó golpearlo "hasta tres veces".
El influencer tuvo que pedir disculpas, aunque intentó justificarse diciendo que el señor intentó golpearlo "hasta tres veces".

Este descontento ha sido clave para que Kamiya, ex reservista de las Fuerzas de Autodefensa, haya ganado notoriedad gracias a su retórica antiinmigración, repitiendo que hay una «invasión silenciosa de inmigrantes» en un país en el que los residentes extranjeros apenas representan un 3% de una población de más de 120 millones de personas.

Durante la campaña para elecciones de la Cámara Alta del pasado julio, donde Sanseito logró 14 escaños, una histórica subida para la extrema derecha japonesa, Kamiya explicó que se había inspirado en la figura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para presentar su eslogan «¡Los japoneses primero!». Sus propuestas defienden severas multas y la expulsión inmediata de cualquier migrante o turista extranjero que falte al respeto a la cultura japonesa, tiren basura a las calles o molesten a los vecinos.

Otros turistas conflictivos

Los medios japoneses han recogido varios incidentes como el de la turista estadounidense que fue detenida por hacer un grafiti en una puerta de madera del histórico santuario Meiji Jingu de Tokio, una chilena que se grabó haciendo dominadas en una puerta torii sagrada de un santuario sintoísta y otro extranjero que perseguía y pateaba a los ciervos de un parque de la ciudad de Nara.

En Kioto, las autoridades locales introdujeron hace poco un código de conducta para los turistas por las frecuentes quejas de los vecinos del barrio de Gion, la cuna de las geishas. Este lugar es el epicentro del entretenimiento nacional en compañía de las geiko (como se conoce en Kioto a las geishas) y las maiko (aprendices de geiko).

Para saber más

Desde hace unos pocos años, hay agencias internacionales que organizan para los turistas cenas en compañía de una maiko. El problema es que todo este atractivo de las geishas, a las que se las puede ver durante el día y la noche paseando por los callejones de Gion, ha provocado una congestión de «indeseables» visitantes que perturban la tranquilidad de estas mujeres, llegándolas a acosar para hacerlas una foto o tomarse un selfie con ellas.

Las geishas llevan años denunciando que los turistas extranjeros las tiran de los kimonos, tocan sus delicados adornos del pelo o sus cuellos pintados de blanco. Una vez fue noticia cuando un extranjero lanzó a una de estas mujeres 10.000 dólares y la llave de la habitación de un hotel, confundiéndola con una prostituta. La policía de Kioto, después de que muchas de estas trabajadoras expusieran el miedo que sentían al caminar solas por la noche a sus citas en las casas de té, les ofreció cursos gratuitos de defensa personal. El consejo local del barrio, una especie de comité vecinal respaldado por el ayuntamiento, anunció que se prohibiría la entrada de turistas a los estrechos callejones de Gion para que dejaran de perturbar a las geishas.