«A veces, la sangre llama a la sangre», dice César Andrade. Tenía 16 años cuando hizo un «pacto de por vida con los Latin Kings», la organización que marcó su adolescencia en Ecuador y que siguió influyendo en su vida después de migrar a España. Tanto que aquí llegó a ser su líder, el Inca Supremo del grupo que, junto a los Ñetas, primero empezó a llenar titulares sobre el incipiente problema de las bandas juveniles. King Manaba era su apodo entonces. Ahora, cuando habla con Crónica, es simplemente César, portero de una discoteca latina en la ciudad de Barcelona.
Aunque no reniega de su pasado sí confiesa que, pese a no estar activo, jamás dejará de ser un Latin King. César pasó de proteger a los principales líderes de la banda en Ecuador a convertirse en una figura clave dentro de la estructura de esta organización en España. Hasta que terminó en prisión. Tras cumplir cinco años de una condena de siete, César se dedica ahora a la seguridad en discotecas y ha escoltado también a celebridades internacionales como Ronaldinho, Mike Bahía y Beéle.«Hace unos años decidí involucrarme en el mundo de la seguridad en una discoteca que contrataba artistas. Empecé sin título, pero recién acabo de obtenerlo»
Defiende que su trayectoria dentro de los Latin Kings la utiliza ahora como una herramienta útil en su vida profesional. «Toda la experiencia que viví en Ecuador me ha servido para aplicarla aquí, ahora, con los artistas», afirma, convencido de que lo aprendido durante todos esos años le permitió adaptarse a su nuevo rol.
César nació en Manabí —de ahí su apodo— (Ecuador), y pasó gran parte de su vida en Santo Domingo de los Tsáchilas. Allí se unió oficialmente a la agrupación, en 1994, por medio de su mejor amigo, que conoció a un grupo de chicos de Guayaquil deportados desde Estados Unidos. Los Latin Kings se habían constituido oficialmente en Ecuador ese mismo año. «Se fundó esta nación por medio de un hermanito llamado Bolly, quien vivió en New York y decidió traer el movimiento», relata César.
En el país norteamericano, el propósito oficial de los Latin Kings era luchar en contra del racismo y la brutalidad policial, dice César. «Para entrar había que pasar ciertas pruebas físicas y demostrar valor, no voy a mentir. Tenías que coger un arma, enfrentarte a otra organización o cumplir una misión, como le llamábamos, aunque cuando llegué acá y decidí continuar como Latin King cambié totalmente eso, porque no se veía justo», relata César sobre su experiencia dentro de la banda. Es la voz más autorizada para hablar de los Latin Kings, ahora que los titulares se centran en otros grupos como los Trinitarios o los Dominican Don't Play (DDP).
En Ecuador, César llegó a ser el tercero en el organigrama de la banda. Su «ministro de defensa». Asegura que cuando migró a España no pretendía continuar con esa vida, pero... «Recuerdo que mucha gente venía a trabajar a España. Yo también llegué con esa mentalidad». ¿Cómo llegó a convertirse en el Inca Supremo? Es decir, en el presidente de los Latin Kings en territorio español. «Cuando llegué ya estaban algunos hermanitos aquí, que ya los conocía, entonces eso me implicó nuevamente al 100%».
Su elección de venir se debió a que la entrada era más accesible desde el punto de vista migratorio. «La visa para Estados Unidos era mucho más difícil. Aquí podías venir con una carta de invitación. Yo no tenía visa. Mi hermana me mandó una carta y así pude entrar, como mucha otra gente». En Europa se encontró con un panorama distinto. «Estamos en un país que no es el nuestro. No podemos imponer nuestras leyes. Hay que respetar las suyas. Las leyes aquí son más estrictas. La policía no te permite absolutamente nada. Y si te lo permite, acabas en la cárcel».
Él lo hizo, primero en 2009 y después en 2015, cuando los Mossos desarticularon la rama de los Latin Kings que él lideraba. España no era Ecuador: «Allí te permiten hacer lo que quieras. Puedes tener un arma, puedes matar, y al final no pasa nada. En mis tiempos, esas cosas prácticamente eran legales». Aquí, admite César, no encontraba trabajo, no tenía ingresos y terminó tomando el camino fácil para sobrevivir. Él asegura que sus delitos los cometió a título personal. «Lo que hice fue por necesidad, no por pertenecer a ninguna organización».
Con el tiempo, los Latin Kings lograron consolidar una notable presencia en España, aunque su crecimiento fue gradual. Según Andrade, esto se debió principalmente al contexto migratorio. «Muchos hijos de migrantes estaban solos mientras sus padres trabajaban 12 o 13 horas. Iban a los parques, conocían a otras personas, y poco a poco se fueron uniendo al movimiento».
Un movimiento con un hito en 2006, al que contribuyó el propio César: los Latin Kings se constituyeron como una organización legal en Cataluña bajo el nombre de Asociación Cultural de Reinas y Reyes Latinos de Cataluña. «Había cursos subvencionados por la Generalitat para que pudieran prepararse y luego encontrar trabajo (...) Yo quería ganarme el respeto haciendo cosas para los jóvenes, que vean que el único camino no es la delincuencia, sino el prepararse, estudiar y ser una buena persona. Yo creo que ese es el verdadero Latin King», reivindica quien llegó a defender ante el Parlament de Cataluña las bondades de legalizar las bandas.
Hace cinco años, César relató su historia en el libro El Rey. Diario de un Latín King, escrito junto al antropólogo Carles Feixa, especialista en bandas juveniles. En sus páginas narra su infancia, la familia y su decisión de unirse a los Latin Kings. «Cuando uno nace, Dios ya te ha escogido una familia. No te da la opción de elegir. Yo le agradezco a Dios por la familia que me dio, pero también le agradezco por permitirme, de adulto, elegir otra familia, una que me enseñó valores, me apoyó y me mostró cómo sobrevivir en la calle», afirma. El libro está dedicado a su madre. «Me arrepiento de haberla hecho sufrir».
A pesar de la distancia, el King Manaba ha sido testigo de la pérdida de muchos compañeros. Según cuenta, al menos 200 personas de su círculo cercano fueron asesinadas. «Los hermanitos Latin Kings de mi barrio están todos muertos. No fue por enfermedad ni nada de eso». Aunque ya no participa activamente en la organización y no asiste a las reuniones semanales ni mensuales, César mantiene vínculos con algunos miembros: «Nos reunimos, hacemos una barbacoa, nos tomamos una copa de vino y conversamos sobre la familia. Pero ya no estamos activos».



