CRÓNICA
"Pensé que era para ayudar"

La guerra de Ainhoa contra el "acoso" de Noruega para quitarle a su hijo: así funciona Barnevernet, el 'Gran Hermano' infantil de denuncias anónimas

La española ha sido investigada por el servicio de protección infantil desde 2019, cuando ella y su hijo fueron víctimas de violencia doméstica por parte del padre. Ahora, le han quitado la custodia también a ella y es su ex pareja quien tiene la tutela temporal

Ainhoa García Oyarzun, en la habitación de su hijo Aritz en Noruega.
Ainhoa García Oyarzun, en la habitación de su hijo Aritz en Noruega.Cedida
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Si el suelo lleva unos días sin barrer, el niño vive en condiciones insalubres. Si una madre tiene vino en casa, es alcohólica. Si una bebé no mantiene contacto visual, es por una falta de destrezas parentales. Y si usted vive en Noruega, tiene la obligación de notificar cualquier aspecto criticable sobre la crianza de un menor para que se investigue. Así lo advierte Barnevernet: «Si le preocupa que un niño reciba la atención adecuada, debe informarlo a los servicios de bienestar infantil. No necesita estar seguro de que algo anda mal para informarlo». El aviso puede ser anónimo y sin pruebas. Como si se tratara de un precepto dictado por el Gran Hermano, se debe dar un «aviso de preocupación» para que Barnevernet entre en acción y garantice el bienestar del niño.

Barnevernet no es una persona, sino la entidad encargada de la protección infantil en Noruega. Ainhoa García Oyarzun, una madre española residente en ese país desde 2018, considera que aquel sistema no ha preservado el interés de su pequeño y se ha extralimitado en sus funciones. Aunque en 2019 agradeció que Barnevernet llamara a su puerta, cuenta que desde entonces ha sufrido años innecesarios de «acoso» y «persecución».

«En un principio pensé que era para ayudar, pero luego todas las actuaciones van dirigidas a quitarte el niño», expone. El pasado 17 de junio ocurrió: cuando Ainhoa estaba en el supermercado, tomaron la «decisión urgente» de separarla de Aritz, su hijo de 11 años. Mientras las trabajadoras sociales alegaban que el menor vivía «en condiciones insalubres y peligrosas para la salud» para trasladarlo al domicilio de su padre, el joven suplicaba que le dejaran quedarse en su casa, con su madre.

Noruega cuenta con un reconocimiento internacional en materia de protección de menores. Suele situarse entre los mejores países del mundo para la infancia, según datos de Unicef. Barnevernet, dependiente del Ministerio de Infancia y Familia, se rige por la Ley de Protección Infantil de Noruega(Barnevernsloven), cuyo principio fundamental es el interés superior del menor.

No obstante, también ha sido señalado por falta de proporcionalidad, sensibilidad cultural y transparencia. Se ha denunciado que estos servicios sociales se ensañan con los inmigrantes o familias monoparentales. De hecho, Barnevernet ha sido llevado al Tribunal Europeo de Derechos Humanos en varias ocasiones en las que ha sido condenado por deficiencias en ciertos procedimientos, especialmente por tomar decisiones apresuradas.

Sol Elden, abogada noruega experta en derecho de familia, reconoce que a veces se separan familias sin pruebas suficientes. «No puedes retirar a un niño sólo porque las condiciones del hogar no son perfectas. Debe haber una situación realmente grave para separarlo de su familia biológica. A veces los servicios son demasiado críticos, incluso cuando la situación no es ideal, pero sería mejor para el niño crecer con su familia biológica, en lugar de mudarse con otra que supuestamente es un poco mejor», argumenta.

No puedes retirar a un niño sólo porque las condiciones del hogar no son perfectas. Debe haber una situación realmente grave para separarlo de su familia biológica

Sol Elden, abogada noruega experta en derecho de familia.

Es innegable que la labor de Barnevernet en Noruega se ha enaltecido como necesaria y vital, especialmente en casos de abusos físicos, sexuales o psicológicos. Con algunas de sus medidas de intervención (apoyo en el hogar, colocación temporal o permanente fuera del hogar o adopción) han librado a niños de auténticas pesadillas. Ese fue el caso del propio Aritz en 2019.

La historia de esta familia española en Noruega comienza en 2018, cuando Aritz y sus padres se mudaron a la ciudad de Bergen. Al año siguiente, la pareja comenzó a separarse. «La situación familiar no fue ni difícil, ni dura: fue de terror», confiesa Ainhoa a Crónica. Ella y su hijo fueron golpeados por el padre. Hubo una denuncia policial. Él perdió la custodia «inmediatamente». «Lo que pasa es que le retiraron los cargos porque el psiquiatra forense supone que estaba en un episodio psicótico, y aquí eso es eximente», matiza la madre.

«Desde 2019 no nos han dejado en paz los servicios sociales», indica Ainhoa, periodista que cuenta con un doctorado en Ciencias de la Información especializado en cuestiones de género. La «persecución» que presuntamente han sufrido ella y su hijo se basa en investigaciones que se han puesto en marcha por algún «aviso de preocupación».

Las investigaciones de Barnevernet

Cualquier persona puede alertar a Barnevernet de que un menor está en riesgo, incluso un niño. No se piden pruebas sino una sospecha basada en observaciones. Con ese aviso, comienzan a actuar los servicios sociales. «Establecen un plan de visitas, van al colegio, hablan con el niño, van a tu casa a ver cómo está, a ver cómo interactúas con él. Las investigaciones duran tres meses, pero al tercer mes, casualmente, llega otro aviso de preocupación. Entonces hay que alargar la investigación...».

Página principal de la web de Barnevernet, donde se detalla qué hace el sistema de protección infantil: promover "una infancia segura y buenas condiciones de crianza para los niños y jóvenes".
Página principal de la web de Barnevernet, donde se detalla qué hace el sistema de protección infantil: promover "una infancia segura y buenas condiciones de crianza para los niños y jóvenes".

«Ahí es cuando se ceban», continúa la española. «Piden acceso a los informes médicos del niño, los tuyos, de tu banco... Preguntan a todo el mundo sobre ti», cuenta Ainhoa. En los últimos meses, la gran preocupación estaba en la higiene del menor. «Ya venían como una vez a la semana a decirme "ese suelo no está muy limpio", o "parece que en la habitación de Aritz la sábana de la almohada no está muy limpia"».

La última «persecución» partió de un aviso del colegio de Aritz. El 7 de enero informaron de que el menor no había vuelto a clases después de las vacaciones. «Nos fuimos a celebrar los Reyes en España, además con el ok del profesor, pero mandaron un aviso de preocupación a Barnevernet diciendo que yo me había llevado al niño y que temían que no le dejara volver a Noruega. Entonces, ya lo tomaron como un aviso de riesgo de fuga del menor y abrieron una investigación».

La madre de Aritz, siempre según su versión, expone que las visitas a su casa fueron continuas y que, una vez allí, «lo inspeccionaban todo». «Entrevistan al niño a cada rato, le preguntan si yo le pego... Él les dice: "¿Por qué me preguntáis todo el rato lo mismo?" Y además escriben en el informe: "Nos dice llorando que por qué le preguntamos todo el rato lo mismo y no quiere cooperar"», ejemplifica y agrega que en otros informes consta que «él siempre dice que con su mamá está muy feliz». Además de los interrogatorios, suelen hacerle reconocimientos médicos a Aritz para revisar su salud. Razón por la que «le ha cogido pavor a los análisis de sangre».

Aritz, según Ainhoa, tiene un buen rendimiento escolar. «Es el mejor en matemáticas, habla muy bien en noruego y en inglés», sabe tocar el violín y va a un curso de parkour. «Tiene mucho sentido del humor... Le gusta ir al cine y los videojuegos. Quiere ser youtuber».

La "decisión urgente"

Entre investigaciones, informes y sospechas Ainhoa, Aritz y Barnevernet siguieron su incómoda relación hasta que llegó el martes 17 de junio. «Vinieron por la mañana, lo vieron todo, dijeron que la casa estaba mejor». No hubo mención a retiradas de custodias ni de hijos. Por la tarde, la madre fue al supermercado. «Cuando volví, estaba la puerta abierta y el niño no estaba. Lo primero que pensé fue que lo habían secuestrado», rememora la periodista.

Apartado de la página web de Bernavernet donde se rellena un formulario para dar un "aviso de preocupación".
Apartado de la página web de Bernavernet donde se rellena un formulario para dar un "aviso de preocupación".

Aunque Ainhoa no supo las razones por las que se llevaron al pequeño en su ausencia, éstas se detallaron más tarde en un informe al que ha tenido acceso este suplemento. La «decisión urgente de traslado de custodia» se tomó en virtud del artículo 4-2 de la Ley de Protección Infantil noruega, que menciona que la medida es viable «si existe peligro de que el menor sufra un daño significativo en caso de que no se ejecute la medida de inmediato». En el documento consta que el niño estaba en «condiciones insalubres y peligrosas para la salud en el hogar».

Mientras Barnevernet intentaba irrumpir en su vivienda, Aritz, asustado, comenzó a grabar un vídeo de todo lo ocurrido. En las imágenes no se ve un hogar en las pésimas condiciones que describe el informe. Si acaso, un desorden natural del día a día. Cuando las tres trabajadoras sociales acceden al domicilio, le informan al niño de que no puede quedarse en casa debido a condiciones inadecuadas, como duchas rotas, suciedad, telarañas y malos olores. Aritz responde: «Ella es buena. Sólo hay que limpiar». Sus llantos aumentan cuando le plantean dos alternativas: irse a casa de su padre o ser acogido temporalmente por otra familia.

En otro informe se leerá que el niño elige irse a casa del progenitor. Pero el vídeo demuestra que no se decanta por esa opción fácilmente. Por el contrario, Aritz expresa que prefiere a su madre, que quiere quedarse en casa. La representante de Barnevernet le repite: «El servicio de protección infantil ha decidido que ahora no deberías estar aquí». Y añade: «Mi trabajo es asegurarme de que todos los niños estén bien». «Sí, pero yo no me siento bien», le replica Aritz entre lágrimas.

El pequeño pide hablar con su madre y ellas responden que no contesta a las llamadas. En cambio, acceden a contactar a su padre cuando el niño lo solicita. «Por favor, déjame estar aquí», es lo primero que le manifiesta en privado, como registró su vídeo. Con voz temblorosa, Aritz clama: «¿Me prometes que no me va a pasar nada?». El padre lo convence de que vaya a su casa al asegurarle que podrá seguir viendo a su madre. Esos vídeos que demuestran la desesperación del menor le rompen el corazón a su madre. «No saben nada ni de psicología ni de pedagogía. No tienen idea de lo que están haciendo: hacer sufrir a un niño y generarle un trauma. Los niños les importan un pimiento».

No saben nada ni de psicología ni de pedagogía. No tienen idea de lo que están haciendo: hacer sufrir a un niño y generarle un trauma. Los niños les importan un pimiento

Ainhoa García, madre de Aritz.

En otro vídeo grabado por Aritz, ya en la casa de su papá, una de las trabajadoras sociales le dice al hombre: «Sabemos que es duro para ella [Ainhoa], que puede tener un ataque de pánico o algo así. Así que puede venir y hacerlo difícil. Si eso pasa, avísanos o llama a la policía». La española señala que perdió el derecho a hacerse cargo de su hijo: «La realidad legal es que nos han quitado la tutela y la custodia a los dos. Ahora el niño es del Estado, pero el padre tiene la tutela temporal como casa de acogida de emergencia».

Cuando la madre llegó a casa alarmada, llamó a su ex pareja para informarle de que Aritz había sido secuestrado. Para su sorpresa, el teléfono lo cogió su hijo. «No entiendo cómo es que se lo llevan a su padre», dice. A la vez, reconoce que siente alivio porque sabe dónde está y agradece que no se lo llevaran lejos con otra familia.

La española desmiente que la llamaron para avisarle de que se iban a llevar al benjamín. Al contrario. Respecto a la «mala higiene personal de Aritz» mencionada en el informe, Ainhoa considera que se trata de una exageración. Defiende que en los análisis de sangre se evidencia que «tiene todo absolutamente bien, incluso mejor que normal». En cuanto a ausencias escolares, la española defiende que «está todo justificadísimo» y que cuando ha dejado de ir ha sido «por estar malo o de vacaciones» y que así lo ha notificado. También niega que iba a fugarse a España. Ella admite que, producto de la «persecución» de Barnevernet, quería regresar a su país, pero asegura que iba a hacerlo mediante el procedimiento legal adecuado.

La madre de Aritz cree que no era la primera vez que Barnevernet entraba en su hogar sin estar presente. «Te espían constantemente... A mí me recuerda a los nazis. Es el control y la posesión de los hijos y de las cosas de los inmigrantes, porque han entrado en mi casa, que es propiedad privada, y la han registrado. Ni siquiera tenían una orden judicial», denuncia. «Barnevernet tiene potestad absoluta, la policía está a sus órdenes», indica.

Por ahora, Ainhoa sólo puede ver a su hijo tres horas a la semana. Siente una «indefensión absoluta», pero estudia todos los mecanismos para que Aritz vuelva a dormir en su habitación repleta de juguetes. El caso sólo puede ser resuelto desde Noruega. Espera que la embajada española la apoye. Sin embargo, esta madre busca desesperadada a un abogado internacional experto en la materia que pueda ayudarla. Sobre todo, antes de que Barnevernet decida enviar a Aritz con una familia de acogida. «Tengo miedo, porque, mientras tengan a mi hijo, pueden hacer lo que quieran con él».

Si no puede estar con su madre, Aritz está dispuesto a irse con su abuela, que ha viajado desde España a Noruega y ha alquilado un piso con ese objetivo. Pero primero debe estudiarlo el Gran Hermano noruego. De momento, prefieren que el menor esté con su padre. Aunque tenga un antecedente de violencia doméstica, parece que él tiene la casa más limpia que su madre.