«Me disculpo por cualquier conflicto o trauma causado, pero era necesario hacerlo. Francamente, estos parásitos simplemente se lo merecían. Un recordatorio: EEUU tiene el sistema de atención médica más caro del mundo, pero ocupamos aproximadamente el puesto 42 en esperanza de vida». El manifiesto político anticapitalista de tres páginas de Luigi Mangione, en el que justifica el asesinato del CEO de United Healthcare, Brian Thompson, perpetrado el miércoles 4 de diciembre junto al Hotel Hilton de Nueva York, es una pieza más dentro del puzzle que lo ha convertido en un asesino pop. En sus propias palabras, «una especie de héroe que decidió actuar de una vez ante enormes injusticias».
Mangione, un informático de 26 años de una familia rica y conocida del estado de Maryland, es el protagonista de miles de memes que alaban sus actos o su belleza. Le han dedicado canciones, dibujos y merchandising, hecho ex profeso o vinculado con su figura, caso del gorro de Luigi, el personaje de Super Mario Bros, que vendió 100.000 unidades en un sólo día. «Quería convertirse en un símbolo representativo de la injusticia, del trato horrible que dispensan las aseguradoras sanitarias en EEUU, donde la mayor parte de bancarrotas se producen pagando a médicos o abogados», explica Vicente Garrido, catedrático de Criminología en la Universidad de Valencia que ha asesorado en diferentes casos a la Policía y a la Justicia.
Para Garrido, que en su último libro, El psicópata integrado (Ariel), aborda cómo los psicópatas viven entre nosotros -en España calcula que hay 468.000- «Mangione pensó "voy a dar mi libertad por esto, por una causa". Buscaba mostrarle al mundo el modo en el que las aseguradoras tratan a los ciudadanos. Y llevó la crítica al extremo para causar el detonante necesario para que se le prestase atención. Si no hubiera matado a un CEO, no habría podido llamar la atención de todo el mundo. Algo de tal magnitud es lo que ha hecho que todos los especialistas y medios de comunicación del mundo le presten atención, a él y a sus motivaciones. Eso con protestas, tirando huevos, no lo logras. Como mucho, consigues la foto del día. Pero poco más. Su efecto ahora ha sido demoledor», relata.
Thompson, de 50 años , murió a las 6:45 horas, después de que un hombre le disparara por la espalda junto al hotel Hilton, en una concurrida zona de Manhattan junto a Times Square y Central Park. Mangione, el supuesto asesino, operó de tal manera que en los primeros días se pensó que la actuación era propia de un profesional.
«A la hora de ocultarse, lo hizo muy bien en la escena del crimen. Pero en su intento de huida hay fallas. Por ejemplo, se podía haber ido más lejos. Y huyó a pocos kilómetros de distancia», destaca Garrido. Mangione fue detenido en la ciudad de Altoona, en Pensilvania, a unos 450 kilómetros al oeste de Nueva York. Lo primero que hace un asesino a la fuga es deshacerse de cualquier evidencia que lo vincule al crimen. Pero Mangione se fue a comer a un McDonald's llevando encima su pistola fantasma -montada con piezas adquiridas por internet y fabricadas con impresoras 3D- y un silenciador. También portaba carnets falsos y un manifiesto de tres páginas escrito a mano contra las compañías del sector de la salud. La policía ya había encontrado antes, en Central Park, una mochila con dinero del Monopoly que pudo tirar mientras huía en una bicicleta pública.
"No quería vivir fuera de EEUU"
«Su actitud indica que tenía claras dos cosas. La primera: no quería vivir fuera de EEUU. Podía haber tenido preparado un billete de avión. El asesinato se produjo a primera hora de la mañana. Podía haber salido en el siguiente vuelo. Lo matas, coges un taxi y en poco tiempo estás en el aeropuerto. Él tenía claro que si permanecía en el país, con el arma del crimen, la documentación falsa y demás, lo iban a atrapar. Parece que quería disfrutar de sus últimas horas de libertad. Por eso fue a una hamburguesería. Y la segunda: había asumido el rol de mártir, de que estaba haciendo una llamada de atención internacional», reflexiona el catedrático.
«Cuando establecemos un perfil en un caso criminal, no nos centramos sólo en el autor, sino que establecemos inferencias a partir de la víctima, el escenario y la propia reconstrucción de los hechos. Pero esta división del análisis se suele practicar cuando no tenemos idea de quién puede ser el autor y no es el caso de Luigi Mangione», apunta Félix MacGrier Ríos, criminólogo, perito judicial y perfilador criminal.
«Podemos desprender varios datos de este caso si combinamos los mencionados elementos con sus redes sociales y los hechos revelados por la prensa. Criado en el seno de una familia multimillonaria y con un brillante historial académico enfocado hacia el mundo de la informática, con ídolos como Elon Musk y otros, parece ser el clásico caso del joven que vive de cara a la galería como un auténtico triunfador, pero que, en su interior, revela un vacío importantísimo, posiblemente desde el punto de vista afectivo. Sin vinculación con su víctima, parece claro que, por lo descrito en redes sociales sobre una operación de columna que sufrió, su reciente admiración por el Unabomber y el manifiesto contra las aseguradoras que se le requisó, estaríamos ante un asesino en serie del tipo misionario [que creen que tienen una misión por cumplir], con afán de notoriedad».
MacGrier Ríos considera que «posiblemente, el joven triunfador vio truncado su sueño americano en una mezcla de rabia por el despido masivo que le había afectado en su último trabajo y por problemas no solucionados de carácter médico, todo ello aderezado con una falta de afectividad en su entorno, como tantas veces ocurre con lo que entendemos como "niños ricos y abandonados"». Mangione había dejado de comunicarse con sus amigos y familiares hace unos seis meses. Su madre presentó una denuncia por desaparición el mes pasado.
"ERA SÓLO LA PRIMERA DE SUS VÍCTIMAS"
«Luigi Mangione actuó por venganza. Por algún problema con las aseguradoras sufrido por él o por algo que afectó a un familiar», asegura Vicente Garrido, catedrático en Criminología. «El foco del mal para Luigi, el objetivo de su rencor y rabia, eran las aseguradoras médicas. Y ejecutó a la que, creo, era sólo la primera de sus víctimas», añade el perfilador criminal Félix MacGrier Ríos.



