24 de febrero. 00:25. Hora de Kiev. En unas horas comenzará la guerra oficialmente. Un mundo nuevo desolador. Y Volodímir Oleksándrovich Zelenski hace público su primer gran discurso global. Dura 11 minutos. Los primeros dos son palabras para los ucranianos. Los siguientes nueve, para los rusos. Sabe que el ataque es inminente. Y les cuenta lo que él llama «la verdad». Va vestido de traje a medida... Maquillado. Sin arrugas ni en el atuendo ni en el rostro. Un presidente vestido de presidente. Pronto todo cambiará...
Minuto dos. «Hoy he iniciado una llamada telefónica con el presidente de Rusia. El resultado: el silencio... Ucrania en vuestras noticias y Ucrania en la realidad son dos países completamente diferentes. La diferencia más importante es que la nuestra es real. Os han dicho que somos nazis pero ¿cómo una nación puede ser llamada nazi tras sacrificar más de ocho millones de vidas para erradicar el nazismo?. ¿Cómo puedo ser yo un nazi cuando mi abuelo sobrevivió a toda la guerra como parte de la infantería soviética y murió como coronel de una Ucrania independiente? Os han dicho que odiamos la cultura rusa pero ¿cómo se puede odiar una cultura, cualquier cultura? Somos diferentes, pero no hay razón para que seamos enemigos. Queremos construir nuestra propia historia pacíficamente. Tranquilamente. Sinceramente».
Mira a la cámara. Cada palabra se dice con precisión. Sabe de qué va. Es un hombre que durante tres temporadas y 51 capítulos se entrenó para ser presidente en la ficción. Para después serlo desde el 21 de abril de 2019. Sigue con su discurso: «Os han dicho que he ordenado atacar el Dombás... ¿Disparar a quién? ¿bombardear qué? ¿Donetsk, dónde he estado docenas de veces? He visto sus caras y sus ojos. ¿Artema? Donde paseaba con mis amigos en el pasado... ¿Lugansk? El hogar de la madre de mi mejor amigo. El lugar donde su padre está enterrado... Todo esto es extraño para vosotros. Desconocido. Porque esta es nuestra tierra. Esta es nuestra historia. ¿Por quién vais a luchar? ¿Contra quién?»
Sabe que es su última oportunidad antes de que los misiles caigan sobre Kiev. Y quiere dejar claro su único deseo y la fortaleza de su pueblo: «La gente de Ucrania quiere la paz... Pero si somos amenazados, si alguien trata de quitarnos nuestro país, nuestra libertad, nuestras vidas... por las vidas de nuestros hijos, vamos a defendernos. No hablo de un ataque defensa. Pero si nos atacáis, vais a ver nuestras caras. No nuestras espaldas, nuestros rostros».
Minuto ocho. La guerra según Zelenski: «Es una gran angustia y tiene un alto precio, en todos los sentidos, para el mundo... La gente pierde su dinero, su reputación, su calidad de vida... Su libertad. Y, lo más importante, a sus seres queridos, a ellos mismos. Muchas cosas faltan en la guerra. Pero siempre hay abundancia de dolor, suciedad, sangre y muerte. Miles, decenas de miles de muertes...».
Pero ya no hay marcha atrás para Vladimir Putin. Sobre las 4:55, el presidente ruso declara la guerra a Ucrania. Es una ofensiva total y coordinada. Volodímir Zelenski: «Se han escuchado explosiones en distintas ciudades de Ucrania... No entréis en pánico... venceremos frente a cualquiera porque somos Ucrania».
7:48. «Putin anunció una operación militar especial en el Dombás. Rusia llevó a cabo ataques contra nuestra infraestructura militar y nuestros destacamentos fronterizos en muchas ciudades de Ucrania... Hace un minuto tuve una conversación con el presidente (Joe)Biden. Los Estados Unidos de América ya han comenzado a preparar el apoyo internacional». Ya no lleva corbata, tiene la cara lavada. Es el principio de la transformación del político de 44 años, el más joven mandatario de la historia de su país.
Es el inicio de sus conversaciones con los principales líderes mundiales: llama a Ursula Von der Layen, presidenta de la Unión Europea; habla con el francés Emmanuel Macron; con el canciller alemán Olaf Scholz; el premier inglés Boris Johnson; el turco Recep Tayyip Erdogan... Es el germen de lo que denomina la «coalición anti Putin».
Mediodía en Kiev. Anuncia: «Daremos armas a cualquiera que quiera defender el país... Rusia atacó a traición a nuestro Estado en la mañana, como lo hizo la Alemania nazi en la II Guerra Mundial. A día de hoy, nuestros países se encuentran en lados diferentes de la historia. Rusia se ha embarcado en el camino del mal».
17:00. «Las fuerzas de ocupación rusas están tratando de apoderarse de la planta de Chernobil... Esta es una declaración de guerra contra toda Europa».
Los combates siguen. La resistencia ucraniana comienza a sorprender a Europa, al mundo y, muy especialmente, a Putin. Las imágenes cuando termina el día son desoladoras. La sangre derramada. Los niños abrazados a sus madres en los refugios... El inicio del éxodo. El horror y la infamia... Ya Zelenski no usa traje, usa una camiseta color verde. Sin reloj en la muñeca. Son visibles el cansancio y la pesadumbre.
23:26. «Nuestra gente muere por la libertad de Ucrania y Europa».
25 de febrero.
«A las cuatro de la mañana, las fuerzas rusas continuaban lanzando ataques de misiles contra el territorio de Ucrania. Dicen que las zonas civiles no son un objetivo. Eso es una mentira De hecho, ellos no distinguen en que áreas operan... Ayer civiles y militares, por igual, estaban bajo el ataque ruso... Los defensores de Ucrania con su heroísmo lograron detener el plan de invasión del primer día... Rusia está a la expectativa de que nuestras fuerzas armadas caigan extenuadas. Pero nadie está cansado... Hay terribles explosiones por la mañana en el cielo sobre Kiev. Le dieron a una casa. Se incendió. Nos recuerda al ataque a nuestra capital en 1941... Estamos defendiendo nuestro Estado solos. Como lo hicimos ayer...»
Es el primer discurso de Zelenski en este día. Un balance de todo. Un homenaje a su gente. Cuando no está organizando a sus tropas, está haciendo llamadas. Los primeros 50 millones los promete Sauli Niinistö, presidente de Finlandia. Conversa con el presidente polaco sobre «una asistencia internacional eficaz». El primer ministro italiano se queja porque no le contesta a la hora acordada. Le responde así, sin miramientos: «Hoy a las 10:30 de la mañana, en las entradas a Chernihiv, Hostomel y Melitopol, hubo intensos combates. Nuestra gente murió. La próxima vez intentaré mover el horario de la guerra para hablar puntualmente con Mario Draghi. Mientras tanto, Ucrania sigue luchando por su pueblo».
A las 14:27, anuncia que Suecia enviará ayuda militar. Magdalena Andersson, su primera ministra, le apoya. Eso enfurece a Vladimir Putin que amenaza a este país y a Finlandia.
Circula -por las redes- el mensaje de aliento de Zelinski. No va a escapar: «Me quedó en la capital. Mi familia también está en Ucrania. Mis hijos están en Ucrania. Mi familia no es una traidora... ¿Dónde están? No lo puedo decir. De acuerdo con los servicios de inteligencia, el enemigo me ha señalado como el objetivo número uno. Mi familia es el objetivo número dos». Pero Rusia intoxica y dice que, en realidad ya ha partido, que es un cobarde. Se ríen de que el comandante en jefe de Ucrania antes fuera un comediante.
18:54. Con un vídeo grabado por él mismo, contraataca. Es su manera de acabar con la desesperanza. Los trolls y ciertos medios afines a Rusia seguían insistiendo en que había huido. Se filma con los altos cargos de su gobierno en la calle Bankova, al lado de las oficinas presidenciales. «Estamos todos aquí. Estamos en Kiev. Protegeremos Ucrania».
No cesa de comunicarse con dos presidentes que considera imprescindibles en su estrategia: Biden y Macron. A ambos los presiona con la desconexión de Rusia del sistema SWIFT. Además, de con las sanciones a Putin, sus políticos afines y sus amigos oligarcas. Cuenta las bajas: «Hemos perdido a 137 de nuestros héroes... Diez de ellos eran oficiales. Hay 316 heridos». Agradece públicamente a los que protestan en todo el mundo, especialmente a los que se han levantado en Rusia y Georgia. Poco antes de medianoche:«¡Fue un día duro, pero valiente!»
26 de febrero.
7:56 de la mañana. Zelenski aparece solo. Es de día, detrás suyo, un edificio emblemático de Kiev. Ya no es el mismo. Apenas ha dormido. Lanza un mensaje que marca -por difusión y decisión- un antes y un después en sus partes de guerra:
«Buenos días a todos, compañeros ucranianos. Hay mucha información falsa en Internet pidiendo a nuestro ejército que deponga las armas. Y que se está llevando a cabo una evacuación. Bueno, estoy aquí, no depondremos las armas. Defenderemos nuestro Estado, porque nuestra arma es la verdad. Nuestra verdad es que esta es nuestra tierra. Nuestro país. Nuestros hijos. Y defenderemos todo esto. Eso es lo que quería decirles. Slava Ukraini! (Gloria a Ucrania)»
Esta última frase es la de la resistencia. Una frase que se atribuye al poeta Taras Shevchenko. Un lema perseguido en la época de la Unión Soviética. Los ciudadanos distribuyen este vídeo por sus redes sociales. Lo comparten en Facebook, Twitter, Instagram... por WhatsApp y por Telegram. Zelenski es muy consciente de que es una guerra tecnológica también. Tenía que mostrar el aquí y ahora. Las reproducciones del vídeo original acumulan más de 50 millones sólo en las redes sociales de Zelenski. Después se ha traducido en múltiples idiomas. El efecto es exponencial y hace que, al menos, se haya visto 500 millones de veces. El mensaje que cala es: Kiev está sitiada por los rusos, pero Zelenski permanece.
Su valentía acumula loas a nivel mundial. La comparación es clara y ha dolido en Moscú. Mientras Putin despacha en el oropel del Kremlin, este hombre de 171 centímetros de estatura alcanza dimensiones de estadista. Ese día, Sean Penn, quien está rodando un documental sobre Ucrania y la invasión rusa, escribe sobre el terreno: «El presidente Zelenski y el pueblo ucraniano se han alzado como símbolos históricos de valentía y principios. Ucrania es la punta de lanza para el abrazo democrático de los sueños».
Durante todo el día y hasta la noche, a Zelenski le siguen ofreciendo un corredor de salida. Su respuesta a Biden: «Necesitamos munición, no ir de excursión». Kiev sigue resistiendo con él al frente. Occidente expulsa a los principales bancos rusos del sistema Swift. Las fuerzas de élite chechenas van a por el círculo del presidente ucraniano. Siente su aliento en la nuca: «Esta podría ser la última vez que me vean con vida».
27 de febrero.
Como cada día, amanece en el día D. Es el ahora o nunca de Europa. Kiev puede caer hoy. Se necesitan algo más que palabras de aliento de la Unión. Zelenski no se va a rendir y lo deja claro. No cesa en repetir que «si los niños nacen ya en refugios, vamos a resistir hasta la victoria». Se acuerda de su mujer a quien no ve. Ni a sus hijos. Él que es tan pasional y que la enamoró desde que la conoció en la universidad. Lena escribe ocasionalmente y lo hace -justamente- a los niños paridos bajo los bombardeos: «Vivirán en un país pacífico que defendimos». Los misiles siguen cayendo sobre zonas civiles. Los refugiados alcanzan el medio millón.
Zelenski se indigna, más y más, por la carnicería que padece su pueblo: «Ucrania ha presentado su demanda contra Rusia ante la Corte Penal Internacional. Rusia debe rendir cuentas por distorsionar la noción de genocidio para justificar la agresión... Lo que hacen los invasores en Jarkov, Okhtyrka, Kiev, Odesa y otros pueblos y ciudades merece ser juzgado por un tribunal».
Sus llamadas y el coraje de Ucrania logran que la Unión Europea despierte: se acuerda enviar 450 millones de euros en armamento, incluyendo aviones de combate. Zelinski ha conseguido, en sólo cuatro días, el compromiso de unos 1.000 millones en apoyos tanto militares como humanitarios a nivel global. Invita a los extranjeros , a aquellos que estén horrorizados con lo que está sucediendo, que vengan a luchar junto a ellos: «Codo con codo, contra los invasores del siglo XXI».
28 de febrero.
El rublo se hunde un 40%. La bolsa de Moscú no abre -ni abrirá- en los próximos cinco días. Las explosiones se multiplican. Ya es evidente que el respeto por los civiles no existe. Hasta Suiza rompe su tradicional neutralidad. La resistencia de Ucrania sigue sorprendiendo. Zelenski no se quiere llevar el mérito, se lo atribuye a los suyos: «Cuando me postulaba para presidente, dije que cada uno de nosotros era un presidente. Porque todos somos responsables de nuestro país, de nuestra hermosa Ucrania. Y ahora ha resultado que cada uno de nosotros es un guerrero... Y estoy seguro de que cada uno de nosotros vencerá».
Las negociaciones entre Ucrania y Rusia empiezan en Bielorrusia. Comienzan con la presión de un Putin que ha activado la carta de su poder nuclear: 5.977 bombas atómicas, 890 plenamente operativas. No se llega a ningún acuerdo.
Otra maniobra que asombra. Un golpe de efecto, de nuevo. Zelenski y sus ministros rubrican una solicitud trascendental, el gran anhelo de Ucrania, lo hace entre bolsas de arena y sin chaleco antibalas: «Nos dirigimos a la Unión Europea para que admita inmediatamente a Ucrania, en base a un procedimiento especial. Estamos agradecidos a los socios que están de nuestro lado. Pero nuestro objetivo es estar con todos los europeos y, sobre todo, ser iguales... Estoy seguro de que es justo. Estoy seguro de que nos lo merecemos. Estoy seguro de que es posible».
Fotos satelitales tomadas este día muestran un convoy ruso, de 60 kilómetros, camino de Kiev...
«Ese mal, armado de misiles, de bombas y de artillería, debe ser frenado inmediatamente. Y destruido económicamente, para mostrar que la Humanidad es capaz de defenderse».
1 de marzo.
La cámara apenas está enfocada. El encuadre es imperfecto. Así aparece Zelenski, en una pantalla enorme, en el pleno del Parlamento Europeo. Los parlamentarios le aplauden en pie. Comienza...
«Para muchas personas es un día difícil. Y, para algunos, es el último día. Hoy me dirijo a ustedes. Y a los ciudadanos de Ucrania que están defendiendo el país, pagando el último precio para defender la libertad...».
«Estoy feliz de que todos los países de la Unión estén unidos. No lo sabía pero este es el precio que voy a tener que pagar. Es una tragedia para mí. Y una tragedia para todo nuestro Estado. Este es el alto precio que nosotros debemos de pagar. Miles de personas han muerto: dos revoluciones y una guerra no fueron suficientes. Han hecho falta cinco días de una invasión y de una gran escalada por parte de la Federación rusa a nuestro país para que nos escuchen...».
Tiene papeles en las manos. Pero no los utiliza. La realidad y la muerte han superado a la literatura: «Sabrán que no estoy leyendo este comunicado. Porque la fase a la que se refería esta declaración ha quedado superada. Ahora tenemos que hablar del día a día de las personas de mi país, quienes mueren, quienes están en guerra. Nosotros estamos viviendo -padeciendo- esto a favor de la libertad, de la libertad que ustedes tienen... Ucrania y sus ciudadanos tienen que sentirse orgullosos. Muy a menudo decimos que lo conseguiremos y hoy no solamente ustedes han hablado de ese orgullo sino que lo han visto...».
«La opción europea de Ucrania es nuestra opción y es lo que queremos escuchar... Hemos sufrido los ataques de los misiles, de los bombardeos, y hoy hemos recibido un ataque terrible con dos misiles crucero... Han atacado la mayor plaza de Europa a favor de la libertad... Somos fuertes, somos ucranianos, y tenemos un gran deseo ver a nuestros hijos a las futuras generaciones vivas. Y creo que es lo justo...».
«Ayer fallecieron 16 niños. Y Putin seguirá diciendo que es una operación militar y que están atacando a las infraestructuras militares... Ahora luchamos por la supervivencia, por nuestra supervivencia, y esto es el motivo que nos mueve. Pero luchamos también para ser miembros de pleno derecho de Europa. Estoy convencido de que hoy mostramos al mundo exactamente lo que son los ucranianos...». Varios europarlamentarios se secan las lágrimas. «La Unión Europea cada vez será más fuerte pero, sin ustedes, Ucrania se va a quedar sola. Hemos demostrado nuestra fuerza, hemos demostrado en estas circunstancias y en el peor de los momentos que somos como ustedes. Por favor, demuestren que la Unión Europea está con nosotros y que no nos dejarán de lado... Y, así, la vida vencerá a la muerte.
Termina su discurso. Es una transformación radical. Como apunta Simon Shuster, de la revista Time, quien lo conoce de años, «es como si Charlie Chaplin se hubiera transformado en Winston Churchill». Un parlamento en pie. Los traductores en distintos idiomas tienen la voz quebrada.El que lo hace al inglés ha llorado, literalmente, como lo hizo la de una cadena de televisión alemana en un discurso previo... Zelenski levanta la mano derecha como pidiendo justicia. Como creyendo en una victoria que parece imposible. El sillón de piel apenas se mueve. Se toca el pecho y agradece de corazón. Y se va.
Logra un hito histórico. Se aprueba la resolución que «insta a las instituciones de la Unión a trabajar para conceder a Ucrania el estatuto de país candidato»: 637 votos a favor, 36 abstenciones y 13 en contra. La gloria es efímera en la guerra. Putin responde sin compasión...
Dos de marzo.
«El séptimo día de esta terrible guerra ha comenzado. Una guerra en la que todos sentimos lo mismo. Todos fuimos bombardeados anoche en Kiev, y todos morimos de nuevo en Babi Yaar por un ataque de misiles. Eso, aunque el mundo repita constantemente '¡nunca más!'... Babi Yar es un lugar especial en Kiev y en Europa. Un lugar de oración. Lugar conmemorativo de cientos de miles de vidas asesinadas por los nazis. El lugar de los antiguos cementerios de Kiev. ¿Por qué convertir un lugar así en blanco para un ataque de misiles? Están matando a las víctimas del Holocausto una vez más... Me dirijo ahora, a todos los judíos del mundo. ¿No ven lo que está pasando aquí? Y por eso es importante que millones de judíos en todo el mundo no guarden silencio ante lo que están viendo. Porque el nazismo nació en silencio».
Por la tarde, conversa con el primer ministro de Israel, Naftalí Bennett. Sabe que su aviación puede cambiarlo todo. Las tropas rusas avanzan sobre Odesa y Jerson. Quieren tomar el Mar Negro y la entrada del río Dnieper. Se hace pública una entrevista de SkyNews realizada en su bunker... Confiesa que desde el sábado 26 no ve a su familia. Flashback. Su jefe de gabinete le advierte de los bombardeos en ese lugar sacro: «Es un segundo Baby Yar». Zelinski responde: «Esto es Rusia. Mis felicitaciones», suelta con nigérrima ironía. Parte, con la cabeza gacha.
Tres de marzo.
Zelensky le pide un tête à tête a Putin: «Dios mío, ¿qué quieres? Sal de nuestra tierra. Si no quieres irte ahora, siéntate conmigo en la mesa de negociaciones. Pero no a 30 metros de distancia, como con Macron y Scholz. Baja, siéntate conmigo y habla. ¿De qué tienes miedo? No somos una amenaza para nadie».
Es un día donde siente que debe volver a dirigirse al pueblo ruso. Putin no es Rusia. Van más de 8.000 detenidos en manifestaciones, incluyendo Yelena Osipova, octogenaria superviviente de Leningrado: «Nuestros soldados, guardias fronterizos, incluso agricultores, están capturando a militares rusos. Todos dicen lo mismo: no saben por qué están aquí... Estos no son los guerreros de una superpotencia. Son niños confundidos, que han sido utilizados...».
Su popularidad supera el 90%. Los suyos le valoran como el líder que les da esperanza y aliento. Da una rueda de prensa y le preguntan cómo ha cambiado su existencia: «La vida es lo que es. Mi vida hoy es genial y combativa... Creo que lo que le da sentido es que te necesiten...».
Cuatro de marzo.
Sigue vivo. Tres veces le han querido matar, se filtra. Jerson ha caído. A las tres de la mañana tiene que lanzar una alerta. Bombardean la central nuclear más grande de Europa. «Luchamos contra un poderoso enemigo que nos supera en número. Y en tecnología. Pero que está a mil años luz de la dignidad de nuestra gente. Sobrevivimos a una noche que podría detener la historia de Ucrania y Europa. Tropas rusas atacaron la planta atómica de Zaporizhzhya... Lo hicieron con tanques con (visores de) imágenes térmicas. Sabían lo que hacían».
Por la tarde: «Acojo con beneplácito que la ONU investigue los crímenes de guerra rusos contra Ucrania. Las pruebas se documentarán y se utilizarán en los tribunales internacionales... Rendirán cuentas». Anochece. Los refugiados ucranianos se cuentan por millones. Los muertos de ambos bandos ya superan largamente los 10.000. Las ciudades siguen humeantes. Y Zelenski continúa. Sabe que, acabe como acabe esta maldita guerra, será héroe victorioso. O mártir.
Volodímir Zelenski y cómo se ha convertido en el Churchill del siglo XXI...
"Lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas; nunca nos rendiremos". Esta es una de las frases gloriosas de Winston Churchill. Una alocución que parafrasea con sus actos el presidente ucraniano Zelenski. No es una comparación vacua o exagerada. El propio biógrafo de Churchill cree que hay enormes elementos en común entre ambos. Andrew Roberts -autor de un portentoso retrato de 1.504 páginas sobre el legendario premier- señala que Zelenski posee, como el primer ministro inglés durante la II Guerra Mundial, una "increíble valentía personal", la "capacidad para conectar con su pueblo" y "su intransigente creencia en la victoria final", como ha respondido a la agencia AFP.
"(Zelenski) Ha sacado su Churchill interno", sentencia este historiador y profesor del Departamento de Estudios de la Guerra del King's College de Londres.
No es el único que hace esa analogía. El periodista Simon Shuster ha acompañado a Zelenski en distintos momentos: "Le he entrevistado tres veces en tres años. Primero, como comediante, postulándose para presidente. Luego, en otro momento caliente, en la primera acusación de Trump. Y, finalmente, en las trincheras de una guerra con Rusia", ha escrito en Twitter. Es el autor de un reportaje, publicado en la revista Time, titulado 'Cómo Volodymyr Zelensky defendió a Ucrania y unió al mundo', donde escribe tras su discurso en el Europarlamento: "Era como si Charlie Chaplin se hubiera transformado en Winston Churchill".
Sus discursos tienen una potencia grandilocuente que gana, aún más si cabe, si se escucha en su idioma original. Lo describe así, la traductora, escritora y experta en lenguas eslavas, Amelia Serraller: "Volodímir Oleksándrovich Zelenski es un personaje único: actor con presencia escénica, padre de familia, patriota ucraniano que también es judío, presidente atrincherado y líder moral de un país cruelmente asediado pero que no pierde la dignidad...". Analiza también su valentía. "A sus compatriotas les dice, 'que no cunda el pánico'. Lo hace desde su refugio secreto donde, en cualquier momento, pueden entrar para asesinarle a él y a su gabinete como si de Bin Laden se tratase".
Lesya, activista ucraniana, quien ha trabajado en la ONU y en Save the Children, describe lo que significa su presidente para aquellos que, como ella, se han quedado en medio de balaceras y carencias: "Zelenski creció enormemente. Ahora todo el mundo le apoya, se ha mostrado muy fuerte y decidido. Tenemos respeto absoluto por quien lidera un país en una guerra contra el segundo ejército más grande del mundo".
También es la esperanza del retorno para quienes, como Nastia Kulyk, han tenido que escapar dejándolo todo, incluso a parte de su familia. Ya a salvo en España, esta filóloga hija de un ingeniero nuclear que se ha quedado en Ucrania, confiesa que no le votó en su momento. Pero que ahora cree en él. Y que, además de los discursos, que son poderosos, demuestra mucho más: "Está actuando con un coraje impresionante en medio de esta locura...". Recuerda una frase suya que le remueve del cómico devenido en una suerte de Churchill del siglo XXI: "Ahora, más que nunca, no son las palabras lo que importa. Son las acciones decisivas". Palabra de Zelenski.
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