Las puertas del Hospital Virgen Macarena de Sevilla, uno de los más grandes de Andalucía, fueron ayer un excelente termómetro para medir el seguimiento de la huelga de médicos convocada en todo el país y el nivel de malestar entre los pacientes, entre los que también hay un alto grado de comprensión hacia los paros de los facultativos.
«Tengo la cita desde hace cuatro meses y me voy sin que me vea el especialista. ¡Que tenemos trabajos que atender!», protestaba una señora de unos 60 años que prefirió no dar su nombre. Pasó una hora dentro del hospital y, cuando veía que el tiempo de su cita ya había transcurrido y nadie la llamaba, se acercó a preguntar. «Su médico está en huelga», le dijeron.
«Pero, ¿por qué no nos avisan?», lamentaba esta mujer, que se marchó a toda prisa del centro hospitalario para poder atender su trabajo. No todas las consultas se suspendieron en el Virgen Macarena. Más de media docena de personas que salieron del hospital a media mañana explicaban que ellas sí habían tenido suerte y habían logrado ver a sus facultativos.
Los familiares de los enfermos que están hospitalizados sí notaron que algunos médicos no pasaban consulta con la frecuencia esperada. «El lunes no vino su doctor, pero le mandó pruebas y hoy las ha estado revisando», detalló María. Ella no está, ni mucho menos, molesta con la huelga. De hecho, si los médicos hubieran convocado una protesta a las puertas del hospital, se «habría unido a ellos» porque tienen «razón» en lo que reclaman al Ministerio de Sanidad. «Tenemos que apoyarlos para que consigan todo lo que necesitan. Nos va en ello la vida; hay que proteger la sanidad», añadía María.
En Aragón, la situación fue similar. En el Hospital Miguel Servet de Zaragoza, Antonio, de 80 años, llevaba dos horas esperando a que su mujer fuese atendida en Oncología. «Hemos venido a las 11 y seguramente me toque comer aquí. He pasado con ella a la sala de espera, pero estaba tan llena que he preferido salirme al vestíbulo. No nos queda otra que esperar, qué le vamos a hacer», explicó resignado por el gran retraso.
Conchita Salvador, de 55 años, también pasó la mañana aguardando su turno tras viajar desde la Puebla de Híjar a Zaragoza para acudir al centro. Por culpa de la huelga, a su padre, con demencia, lo subieron a una habitación de Urgencias sin avisar. También trajo al hospital a su tía para recibir el tratamiento de Oncología. «Su médico está trabajando, pero por la huelga le han cuadruplicado el número de pacientes que tiene que atender. Cuando le ha tocado, los análisis aún no habían llegado y le han retrasado el gotero de las tres a las seis y media. Aunque me parece bien que protesten, creo que hay dejadez», explicaba.
Las organizaciones de pacientes pendientes del impacto
A nivel institucional, tanto la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) como el Foro Español de Pacientes (FEP) se mantienen vigilantes. «Ayer empezó con fuerza la huelga y, por los anuncios de los médicos, vemos que esto va para largo», explica Pedro Carrascal, director general de la POP. Para ellos es importante que no se invisibilice el impacto. «Pedimos transparencia a las comunidades para que comuniquen el número de cancelaciones; solo así veremos las consecuencias de la huelga».
Desde la FEP, Andoni Lorenzo expone que «lo que hay es un hartazgo generalizado». Para ellos, la actual huelga es «un síntoma más de la situación precaria en la que se halla nuestra sanidad». Lorenzo destaca que «hoy son los médicos, pero antes fue la situación de la Atención Primaria; hay muchos problemas enquistados sin solucionar: listas de espera, saturación...».
Mientras los pacientes sufren esta huelga y una sanidad que «nos pone a prueba porque las soluciones de las distintas administraciones no llegan», apunta Lorenzo, Mónica García se declaró ayer en la sesión de control del Senado «orgullosa responsable del Ministerio de Sanidad y de las acciones que he llevado a cabo». Entre ellas, destacó haber rescatado y reformado el Estatuto Marco, «que llevaba 23 años en un cajón después de que lo firmaran ustedes [por el Ejecutivo del PP] para acabar con las guardias de 24 horas y la precariedad con la que algunos de sus gobiernos han tenido sometidos a los profesionales sanitarios».




