Mientras China avanza rápidamente en su programa espacial, el resto del mundo contiene el aliento cada vez que lanza uno de sus potentes cohetes Long March-5B, los que ha utilizado para construir su nueva estación espacial, Tiangong (Palacio celestial), cuyo montaje ha completado esta semana. Ha vuelto a ocurrir este viernes, cuando una alerta por la caída descontrolada de la etapa central del cohete lanzado el pasado 31 de octubre desde el, Puerto Espacial Wenchang, en la provincia de Hainan, ha obligado a cerrar parte del espacio aéreo por precaución durante unos 40 minutos, una medida que ha afectado a 300 vuelos en los aeropuertos de Madrid, Barcelona, Lleida, Reus, Zaragoza Valladolid y Baleares.
El fragmento, que antes de entrar en la atmósfera tenía una masa estimada de entre 17 y 23 toneladas, afortunadamente cayó en el Océano Pacífico a las 11.01 (hora peninsular) pero la franja en la que podía producirse el impacto era amplia e incluía parte de la península Ibérica.
Un aspecto que no ha sorprendido a los ingenieros aeroespaciales pues, como explica Alberto Águeda, coordinador de Programas de Basura Espacial en la empresa GMV, nuestro país es vulnerable a la chatarra espacial china: "La cuestión es que la estación espacial que están construyendo los chinos está a una inclinación similar a la latitud de España. Todos los lanzadores que mandan para desplegar esta estación siguen órbitas que pasan por latitudes alrededor del Ecuador, entre unos +40 º y -40º y varias veces por día sobrevuelan nuestro país".
Es un riesgo que no se da con los lanzamientos que hacen otras agencias espaciales: "Los lanzadores americanos que despegan desde Florida o los europeos, desde Kurú, en la Guayana Francesa, cuando lanzan a órbitas de baja inclinación se quedan en latitudes más estrechas alrededor del Ecuador y por eso nunca sobrevuelan territorio español", señala Águeda.
"Los componentes de las misiones estadounidenses o de las europeas que se lanzan desde la Guayana Francesa reentran en muchas ocasiones de manera controlada poco después del lanzamiento sobre el Atlántico. Los lanzadores chinos que han usado para desplegar su estación espacial se lanzan a mayor inclinación, pasando por latitudes terrestres más elevadas y sobrevolando países como España, y dejan los componentes del cohete sin control durante cuatro o cinco días, y por la fricción con la atmósfera, van perdiendo altura hasta que caen", detalla este ingeniero.
La Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA, por sus siglas en inglés) había determinado que las zonas europeas en riesgo por el paso de este fragmento de cohete eran Santa María y Lisboa (Portugal), Canarias, Madrid y Barcelona (España), Marsella (Francia), Roma y Brindisi (Italia), Atenas (Grecia) y Nicosia (Chipre), por lo que se había recomendado que se restringieran los vuelo en las zonas vulnerables.

El fragmento del cohete chino descontrolado cae en el Pacífico

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Como explican a este diario fuentes de Enaire, la trayectoria del cohete chino ha sido monitorizada en los últimos días y el jueves por tarde se constituyó el Departamento de Seguridad Nacional de España, un organismo interministerial que ya se reunió con motivo de las crisis anteriores motivadas por basura espacial procedente de cohetes chinos. Fue durante esta madrugada cuando se determinó la conveniencia de establecer en el espacio aéreo una franja de seguridad de 100 kilómetros a cada lado de la trayectoria estimada del objeto.
En mayo de 2021, la etapa central del cohete que había puesto en órbita el 29 de abril de 2021 el módulo Tianh de la estación Tiangong cayó también sin control, aunque no causó daños. Una nueva alerta se emitió tras el lanzamiento de otro Long March el pasado 24 de julio, cuyos restos cayeron seis días después.
Pero el grave problema de la acumulación de basura espacial, que no sólo amenaza a los ciudadanos y a las infraestructuras terrestres, sino que pone en peligro las misiones en órbita y a los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) no lo han causado sólo los chinos. "Muchas de las últimas etapas de los cohetes que reentran en la atmósfera lo hacen sin control y pocas lo hacen de forma 100% controlada, como SpaceX, que no sólo recupera de forma controlada la etapa del cohete sino que también puede reutilizarla", cuenta Águeda.
¿Podría China evitar estas caídas descontroladas? "Sí, pero obviamente, le saldría más caro porque tienes que desarrollar y utilizar tecnología para hacerlo. O bien China no dispone de esa tecnología, que lo dudo, o no la emplea porque es más caro, necesitas sistemas más complejos y más combustible para controlar la reentrada", explica Alberto Águeda.
La mayor parte de la chatarra espacial se desintegra al entrar en la atmósfera, aunque al tratarse de un componente de gran tamaño, una parte significativa impacta en la Tierra: "Dependiendo de su forma y de los materiales con los que esté fabricado, se estima que entre un 20 y 40% de un fragmento de basura espacial sobrevive a su reentrada en la atmósfera", precisa Águeda.
Estas prácticas chinas que EEUU ha calificado en anteriores episodios de irresponsables, no son ilegales, según Águeda. "China no ha hecho nada ilegal, pero según el Tratado Internacional del Espacio de 1967, cada país es responsable de cualquier daño que cause un componente espacial suyo. Es decir, si los restos de un cohete chino cayeran encima de un puente y lo destruyera, tendrían que pagar la reparación".
La estación china Tiangong, que pesa unas 70 toneladas y se espera que funcione durante unos 15 años, orbita a unos 400 kilómetros de la superficie terrestre, una altitud similar a la de la Estación Espacial Internacional, en la que no participa China. Se trata de la segunda plataforma orbital del gigante asiático, que ya construyó en 2011 otra más pequea, el laboratorio Tiangong-1, y que acabó su vida en marzo de 2018 con una caída descontrolada en la Tierra que suscitó una nueva alerta que afectó sobre todo al norte de Portugal, aunque no provocó daños.
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