CATALUÑA
Primer Plano

La sobrepoblación de jabalíes reabre el debate sobre el lobo: "Incompatible con la ganadería" frente al "deber ético de recuperar una especie autóctona y depredadora"

El hallazgo de la primera manada, en un siglo, en Cataluña provoca opiniones enfrentadas entre ganaderos y ecologistas sobre su papel ante la crisis de la peste porcina africana

Primera manada de lobos detectada en Cataluña en un siglo.
Primera manada de lobos detectada en Cataluña en un siglo.AGENTS RURALS
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Opiniones diametralmente opuestas, las de ganaderos y conservacionistas, vuelven a sonar estos días en el trasfondo de la crisis por el brote de peste porcina africana (PPA) en Barcelona. Y el protagonista no es otro que un animal emblemático de la fauna peninsular: el lobo.

Como si del esquema de la cadena trófica se tratase, el virus de la PPA ha puesto sobre la mesa la necesidad de atajar la sobrepoblación de jabalíes y este debate ha reabierto otro, con encendidos argumentos de partidarios y detractores, sobre el papel que podrían jugar superdepredadores como los lobos en el control de los cerdos salvajes.

Un debate que llega a Cataluña justo un mes después de que los Agentes Rurales de la Generalitat confirmasen el hallazgo de la primera manada de esta especie en la región en todo un siglo. Una familia formada por dos adultos y tres cachorros en una zona entre las comarcas del Alt Empordà y la Garrotxa, en Girona. Este hallazgo significa un cambio de paradigma respecto a la, hasta ahora, presencia residual y solitaria de ejemplares de Canis lupus en los bosques catalanes. El proceso de retorno del lobo a la región tuvo su momento inicial hace 25 años, con la aparición de un individuo aislado en el Parque Natural del Cadí-Moixeró. Se trataba de un lobo de estirpe italiana procedente de Francia.

En años posteriores, han sido avistadas unas pocas decenas de ejemplares, la mayoría de ellos sin asentarse en el territorio. En 2024, la presencia consolidada había alcanzado los dos dígitos y se consideraba que, al menos, 10 u 11 cánidos habitaban en bosques y sierras de comarcas del Pirineo y prepirenaicas. Pero, más allá del tímido crecimiento, una novedad invitaba a pensar que el futuro del lobo en Cataluña podía variar en breve. Una fotografía tomada en enero del año pasado con cámara automática mostraba un nuevo ejemplar localizado en el municipio de Cistella, en el Alt Empordà, comarca limítrofe con Francia.

El análisis genético de las heces permitió identificarla como una hembra en mayo y, ese mismo mes, se localizó un segundo animal en la zona que resultó ser macho. Ambos permanecían siempre separados, e incluso bastante alejados entre sí, hasta que hace un año, por primera vez, las imágenes de las cámaras de seguimiento mostraron a los dos mamíferos juntos.

Los Agentes Rurales intensificaron la vigilancia en una vasta zona de complicada orografía y detectaron cambios en el comportamiento de los dos lobos cuando se aproximaba el período reproductor, ya iniciada la primavera. Para no interferir en este proceso se decidió esperar al otoño, cuando los cachorros comienzan a seguir a los adultos por el terreno, para comprobar si había nacido la primera camada de lobos en Cataluña desde que en 1929, en Horta de Sant Joan (Tarragona), fuese abatido el último ejemplar autóctono antes de su completa desaparición.

"En peligro de extinción"

Con la formación de esta manada, el cánido pasa automáticamente de ser considerado «especie extinta como reproductora» a «especie amenazada en peligro de extinción». Este nuevo estatus implica la aprobación de un plan de recuperación, como prevé la normativa europea. El Govern celebró que su presencia «contribuirá al control de la población de grandes ungulados, como corzos o jabalíes, que están provocando graves afectaciones en la agricultura y la ganadería». La reaparición del Canis lupus en Cataluña supone «una noticia muy importante para la naturaleza», según la Generalitat, que se ha comprometido a «trabajar por su coexistencia con el sector ganadero».

«El retorno del lobo es un proceso natural y lógico desde un punto de vista biológico, ya que la presencia más numerosa de presas favorece el retorno del depredador y contribuye a recuperar el equilibrio ecológico de los ecosistemas», señalan desde los Agentes Rurales. «Su reaparición no solo es un fenómeno biológico relevante, sino también un indicador de la transformación del medio natural en las últimas décadas», añade el Cuerpo forestal autonómico.

De igual forma, los grupos ecologistas celebran el importante hallazgo del pasado noviembre y reclaman «un plan de recuperación urgente y medidas con presupuesto suficiente para garantizar la coexistencia con la ganadería extensiva».

«El lobo es una especie propia, autóctona, de toda Eurasia, que la hemos extinguido en Cataluña y en buena parte de la pensión ibérica por una sobredepredación, como ocurrió con los bisontes europeos y americanos», explica Jaume Grau, portavoz de Ecologistas en Acción en Cataluña. «Es un problema ecológico de primer orden», asegura este biólogo, uno de los principales activistas de Grup Llop Catalunya, la plataforma que lucha por la recuperación del carnívoro en la comunidad. «Por un lado, existe un deber ético de recuperar una especie que hemos extinguido en un territorio, pero que afortunadamente ha sobrevivido en otros lugares», indica el ambientalista catalán. «Tenemos el deber ético de mantener los ecosistemas independientemente de su utilidad a nivel práctico para los humanos», prosigue.

Y expone un segundo motivo: «Hay que dejar de interferir y de destruir los ecosistemas y las especies porque el daño que hacemos a la naturaleza se nos vuelve en contra; lo vimos con el covid y con otras pandemias que pueden aparecer o están apareciendo».

Grau considera que «no existen argumentos» que sostengan la mala prensa que en determinados momentos ha tenido y sigue teniendo el lobo. «Es un tema básicamente emocional, más simbólico de su figura como el malo de los cuentos que basado en datos empíricos». Sostiene el portavoz ecologista que las bajas causadas por el lobo en la cabaña ganadera global «son ínfimas» y cree que el depredador «es el último de los problemas del sector». Los contras para la ganadería extensiva, apunta, son «la baja rentabilidad en las explotaciones porque se paga mal la carne o la leche» y que «no hay una recompensa social por los servicios que cumple de mantener espacios naturales abiertos». Grau reivindica la función del lobo como superdepredador y en la llamada «ecología del miedo», que altera el comportamiento de las presas con beneficios en el entorno.

Ganaderos

Basta mentar la palabra «lobo» para comprobar que conservacionistas y ganaderos mantienen inamovibles sus distanciadas posiciones sobre el animal. «No creemos que sea posible la coexistencia del lobo y la ganadería extensiva», sentencia Joan Guitart, responsable de medio natural y fauna cinegética de Unió de Pagesos. Sin ambages, este ganadero de la provincia de Lleida opina que los lobatos nacidos en Girona son «una muy mala noticia».

Coordinador territorial en las comarcas de montaña del sindicato mayoritario de los agricultores catalanes, Guitart está convencido de que «esto es solo la primera página de un libro que ya se sabe cómo termina». Y los siguientes capítulos, dice, «serán una reproducción de lo que ha pasado en otras zonas de España, donde hay ataques constantes al ganado y, en cambio, la población de jabalíes o corzos sigue aumentando».

Abunda en esta teoría Lluís Viladrich, jefe sectorial de fauna salvaje de Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC): «Un depredador va a por la proteína más fácil, es como si a mí me preguntaras si quiero ir a un restaurante donde me traen la comida a la mesa o donde tengo que levantarme para ir a buscarla».

El dirigente de la entidad referente en Cataluña de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) se queja del coste económico que implica defenderse del lobo. «Con el tiempo, hemos conseguido que se reconozca el lucro cesante en las compensaciones por los ataques, pero el problema es que un kilo de carne en una zona de lobo vale lo mismo que en una zona donde no está, mientras que los gastos y obligaciones para proteger tu medio de vida son más altos», señala poniendo como ejemplo los vallados electrificados o la alimentación que requiere un perro guardián del tamaño de un mastín. «Los números ya van muy justos como para que venga un lobo y te joda cuatro terneros», dice Guitart, que apostilla que, más allá del daño físico, «el estrés» que la presencia de los cánidos «causa en el ganado» altera la producción y la confianza con el ganadero.

«Este verano parecía como si la gente hubiera descubierto el agua tibia», comenta riendo Viladrich sobre el discurso de defensa de los denominados «paisajes mosaico» a raíz de los graves incendios desencadenados en varios puntos de la geografía española. Es decir, la mezcla de terrenos forestales con otros trabajados por agricultores y ganaderos como barrera natural contra la propagación del fuego. «Si en ese mosaico no podemos ganarnos la vida, al final todo será bosque y todo prenderá», advierte Viladrich. Por ello, el responsable de fauna salvaje de JARC se muestra categórico: «Un territorio aguanta una cantidad determinada de lobos, jabalíes, corzos, ciervos... y esa es la cantidad que debe haber, no hablamos de exterminarlos, pero no cabemos todos».