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Entre el grupo de jóvenes dirigentes de Convergència denominados el pinyol (el núcleo) o talibanes, encabezados por Artur Mas y entre los que estaban Quico Homs, Oriol Pujol, Germà Gordó, Quim Forn y Felip Puig, que a principio de siglo decidieron apartar a Jordi Pujol y pasar del pragmatismo del peix al cove a la vía unilateral, David Madí (Barcelona, 1971) estaba considerado el cerebro en las tinieblas. "Yo era el rey del sistema cuando tenía poder, por eso lo conozco tan bien", asegura Madí en el curso de una entrevista concedida a EL MUNDO por la publicación de Merecer la victoria (Destino). Unas memorias sobre el proceso independentista en las que ajusta algunas cuentas pendientes y explica algunos errores cometidos por el nacionalismo durante el 2017, como no haber aprovechado el momento de agitación en las calles del 3-O o declarar la independencia para suspenderla a los siete segundos.
Madí apunta posibles escenarios de futuro, una vez superada la actual etapa de "reflexión y catarsis colectiva", en la que aboga por reforzar la alianza entre socialistas e independentistas, al tiempo que lanza un aviso frente al entusiasmo del PSOE con los efectos pacificadores de la amnistía: "El conflicto catalán está vivo desde hace tres siglos y seguirá vivo mucho de tiempo. La clave ahora es si se entra en una fase de construcción compartida o de confrontación. Ni España es suficiente fuerte para imponer a Cataluña su marco unitario, ni Cataluña lo es para desligarse de este modelo".
ORÍGENES DEL 'PROCÉS'
Hijo de la alta burguesía catalana [su abuelo Joan Baptista Cendrós fue el productor del masaje facial Floïd], Madí ocupó el cargo de secretario de Comunicación de la Generalitat, entre el año 2001 y el 2003, y posteriormente como responsable de Estrategia de CDC. En 2010, abandona la primera línea política para saltar a la empresa privada, sin renunciar, empero, al activismo nacionalista. De ese maridaje de negocio y política parten sus problemas con la Justicia: ha sido condenado a 14 meses de cárcel por un delito contra la Hacienda pública y otro de falsedad documental, y está investigado en la trama del 3% y el caso Voloh de injerencia rusa. Pero como el resto de los dirigentes nacionalistas, se defiende asegurando que la corrupción forma parte de una «supuesta guerra sucia» del Estado. «A Convergència se le hizo una causa general no para limpiar nada, sino para destrozar al partido de las clases medias catalanas».
Un partido que puso en marcha el procés, el enésimo pero no último intento del nacionalismo catalán de romper el statu quo mucho antes del 2012, cuando hay el desencuentro entre Mariano Rajoy y Mas, por el pacto fiscal, incluso antes de la multitudinaria manifestación de 2010 contra la sentencia del Estatut. Madí reivindica que ese cambio de paradigma es un «proyecto generacional» que venía de lejos, la apuesta de los cachorros de Pujol, educados bajo los manteles de Lluís Prenafeta y Macià Alavedra, por imponer ellos las nuevas reglas del juego.
«Tratábamos de resituar la relación de Cataluña con España y de impulsar una segunda evolución territorial de España con el Estatut, pero como respuesta solo nos encontramos con un 'no' inamovible por parte del Estado». En este punto, el relato de Madí es fiel a la explicación oficial del nacionalismo, y ahora también de Pedro Sánchez, que responsabiliza a Rajoy del desastre por no haberles entregado todo lo que le pedían y que, por lo tanto, defienden la legitimidad democrática del golpe de 2017.
«¿Por qué no pusieron una tercera vía sobre la mesa, con contenido? Las cosas hubieran sido diferentes a partir del 2012. O si se hubiera respetado el Estatuto. España en su conjunto debería hacer esta reflexión: ¿por qué es inmutable la realidad española? ¿Por qué es tan difícil la reforma?», afirma Madí sin cuestionarse, al mismo tiempo, por qué el nacionalismo catalán considera inmutable la supuesta nación catalana.
La sentencia contra el Estatut y el hecho de que el PSC retuviera el poder en la Generalitat, con el tripartito gobernado por el socialista José Montilla, "incumpliendo la palabra dada por José Luis Rodríguez Zapatero", agravó el malestar nacionalista. "En ese momento, el PSC rompe un esquema de hacer política en la democracia española que era que gobernaba, o tenía la prioridad para formar Gobierno, el que ganaba las elecciones. Una lógica de respeto a los resultados electorales que se perdió desde ese momento", lamenta.
AJUSTE DE CUENTAS
En su repaso de los hechos que desembocaron en el 1-O, Madí dedica parte del libro a definir algunos de sus protagonistas. Especialmente duro se muestra con el líder de ERC, Oriol Junqueras, al que culpa del clima de división que se instaló en el Gobierno de coalición presidido por Carles Puigdemont. «La ruptura de la unidad nacionalista impidió e impide cualquier partida con éxito», señala. Madí define así a Junqueras: «La personalidad de Junqueras responde a un carácter hermético. Es difícil saber lo que piensa, y con frecuencia se expresa con evasivas o frases abiertas. Su oposición a las estrategias unitarias es porque su apuesta es la por la hegemonía de la izquierda».
También dedica algunas palabras, aunque sin un gran entusiasmo, a Puigdemont y explica la soledad que vivió en los momentos finales del procés, con ERC apuñalando por la espalda y su partido derivando toda la responsabilidad sobre sus hombros. «Entre sus muchas virtudes, Puigdemont no destaca por la flexibilidad. Como hombre de fuertes convicciones, mantener su posición es una de sus máximas. Una vez que asume su posición le cuesta mucho recalibrarla».
Mientras que al ex presidente de la Generalitat Quim Torra lo define como «el hombre inadecuado, en el momento inadecuado», y que contribuyó a la «demolición simbólica de la auctoritas de la figura del presidente de la Generalitat». En este sentido, explica la noche en la que Torra invitó a su residencia oficial en Palau a un grupo de destacados empresarios catalanes y los recibió en alpargatas y una camisa de manga corta, colorar marengo y a cuadros.
EL VERDADERO GOBIERNO DEL GOLPE
Madí abona las tesis de la existencia de una supuesta Operación Cataluña en la que José Manuel Villarejo y el pequeño Nicolás solo eran peones de "gente mucho más importante". Otorga al CNI un poder casi absoluto, hasta para dictar los titulares de las portadas de El País, lo que no impidió, por ejemplo, que no se enteraran de dónde estaban las miles de urnas del 1-O y que Puigdemont se escapara en coche a Francia.
Toda esa gran trama contra Cataluña parte, según Madí, de lo que define como "fatua del Escorial". La decisión de acabar con la política de conllevancia que Rajoy y su Gobierno habrían acordado en un retiro de fin de semana en el monasterio, apenas dos meses después de haber ganado las elecciones de 2011. "Fue una estrategia confeccionada como los GAL. Si no se entiende esto, no se entiende la amnistía", asegura.
En su obra, Madí da pábulo, de forma velada, a la conspiranoica tesis de que detrás del atentado yihadista de las Ramblas estuvo la mano del Estado: "Soy incapaz de ver cuál fue verdaderamente el origen de aquel suceso, que se mueve entre la ausencia de lógica habitual del yihadismo y de todas las posibles versiones que apuntan a una conspiración. Lo que sí me parece evidente es que el Estado estuvo calculando si ese hecho le permitía desplegar el Estado en Cataluña con la excusa de la amenaza terrorista".
Sobre conspiraciones y gabinetes en la sombra Madí aporta nueva luz respecto a la importancia que tuvo en el 1-O el llamado estado mayor, un grupo de personalidades del independentismo que organizó en los meses finales ante las continuas peleas entre Junts y ERC en el seno del Gobierno. Según Madí, este grupo de personas, entre las que él se encontraba, toma en secreto el control de la Generalitat, sin tener ningún tipo de aval legal ni democrático, y es el que decide los movimientos que hicieron posible el 1-O. "Hay un momento en que es otra organización la que organiza el referendo, y el Govern le pone la legitimidad democrática, pero prácticamente nada de la organización. El Govern no decidía lo que estaba pasando", afirma Madí.
Ninguna de las personas que estuvo en ese Gobierno alternativo que hizo posible el 1-O ha respondido ante la Justicia por ello.

