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El 12-M abre en canal a ERC. Oriol Junqueras ha anunciado que dejará la presidencia de su partido, sólo un día después de manifestar que seguiría al frente de la formación republicana a pesar de los pésimos resultados de las elecciones catalanas, que le llevaron a perder 13 de sus 33 diputados.
Junqueras abandonará el cargo tras los comicios europeos «para abrir un proceso de reflexión antes de decidir su futuro», es decir, que cabe la posibilidad de que intente rearmarse para volver a presentar su candidatura en un congreso que ERC celebrará el próximo 30 de noviembre para renovar su dirección y fijar la nueva estrategia del partido.
A ese cónclave no se presentará para optar a la reelección Marta Rovira, la actual secretaria general de los republicanos, que, como Junqueras, lleva en el cargo desde 2011, es decir, desde los prolegómenos del procés.
Junqueras y Rovira han anunciado su decisión a última hora de este miércoles, después de una ejecutiva extraordinaria que se ha alargado por espacio de más de cuatro horas y en la que se han dirimido dos cuestiones: la continuidad de la actual dirección del partido y qué posición tomar respecto a la gobernabilidad de Cataluña, esto es, si facilitar la investidura de uno de los dos candidatos que reclaman su apoyo: el socialista Salvador Illa o el neoconvergente Carles Puigdemont, o negarse a cualquier colaboración y favorecer una repetición electoral que podría desangrar definitivamente al partido.
ERC ha reunido de forma extraordinaria a su cúpula sólo 48 horas después de haber celebrado el preceptivo cónclave postelectoral, que tuvo lugar el lunes y en el que ya se empezaron a detectar divergencias en torno a las consecuencias que deberían derivarse de la contundente derrota cosechada. Según fuentes de la formación, en ese primer encuentro Rovira planteó la necesidad de llevar a cabo una «transición tranquila» que acabara conllevando su marcha y la de Junqueras.
Sin embargo, la única dimisión que salió de esa cita fue la del aún presidente en funciones de la Generalitat, Pere Aragonès, quien anunció que ni siquiera recogería su acta de diputado y que abandonaría la primera línea política.
Esa misma tarde, y tal como avanzó este periódico, la principal agrupación crítica de ERC, el Col·lectiu Primer d'Octubre, exigió la dimisión «de toda la dirección» de la formación al entender insuficiente la marcha de Aragonès. Este miércoles, tras conocer el adiós de Junqueras y Rovira, este sector ha agradecido al aún presidente del partido haberles escuchado «y dado un paso al lado» y ha instado a «trabajar con toda la militancia para redirigir la estrategia del partido poniendo la independencia como primer objetivo».
La sorpresa cundió entre las bases de ERC cuando el martes Junqueras publicó una carta abierta «a la ciudadanía» en la que se declaraba «con fuerza» para continuar al frente del partido y proponía revalidar su presidencia en un congreso para el que no ponía fecha. Se daba por descartado, en cualquier caso, su celebración inmediata, dada la inminencia de las elecciones europeas y la posible repetición de las catalanas.
La nula autocrítica demostrada por Junqueras, al plantear el aval a su continuidad como un mero trámite y no como el resultado de un debate más profundo sobre el rumbo y la estrategia de la formación -continuó defendiendo como vigente su «vía amplia soberanista» y subrayó que no valen «deserciones a la primera de cambio»-, desembocó en la reunión extraordinaria de la ejecutiva que ha tenido lugar en la tarde del miércoles.
También este miércoles se han producido las primeras maniobras públicas para apremiar a Junqueras a tomar una determinación sobre las alianzas postelectorales. El ex portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardà, ha reclamado a su partido «no retirarse a los cuarteles de invierno», sino iniciar una «fase de colaboración» con el PSC que empezaría por facilitar la investidura de Illa. «El partido socialista debe reconocer que no hay solución sin el independentismo, y el independentismo debe reconocer que no hay solución sin el PSC», ha defendido Tardà, ya retirado de la primera línea, pero todavía con ascendencia en la militancia.
Tardà -que también ha respaldado la continuidad de Junqueras porque «se lo ha ganado»- ha encontrado rápida réplica a su sugerencia. El consejero de Interior de la Generalitat, Joan Ignasi Elena -que transitó del PSC a ERC-, ha reducido el posicionamiento del ex portavoz de los republicanos en la Cámara Baja a la de «un militante» e insistido en que su partido apuesta por pasar a la «oposición» tras el varapalo del 12-M. Aun así, Elena ha puntualizado que ERC tampoco está por el «bloqueo», lo que les sitúa en la indefinición.
Mientras tanto, el socialista Illa ha prometido fomentar una Cataluña «sin bloques ni bandos» en una carta remitida a la militancia del PSC. Sus palabras pretenden contribuir a crear un clima de entendimiento con los republicanos, como el que demandaba Tardà, con la intención de ir labrando la negociación que, espera, acabe con su investidura. El sábado será Pedro Sánchez quien acuda de nuevo a Barcelona para celebrar la victoria de su candidato y empezar a presionar a ERC para que dé su brazo a torcer.
En paralelo, Puigdemont reúne este jueves en la localidad francesa de Perpiñán a los diputados de Junts escogidos en los comicios catalanes. Se espera que el huido realice una nueva apelación a la «legitimidad» de ser ungido como president para culminar su «restitución», a pesar de haber sido claramente superado por el PSC. Puigdemont viene subrayando que Sánchez también cayó derrotado en las generales frente al popular Alberto Núñez Feijóo, y que, sin embargo, acabó en La Moncloa gracias a los determinantes votos de su partido. Ahora reclama al presidente del Gobierno que sacrifique a Illa para entregarle la Generalitat.

