ANDALUCÍA
Política

El fin del 'oasis andaluz': El PP acusa al PSOE y Vox de embarrar la política andaluza con el objetivo de romper la mayoría absoluta

La oposición cree haber encontrado el talón de Aquiles del Gobierno de Juanma Moreno en la gestión sanitaria: la precampaña ha contribuido a subir los decibelios del debate

El presidente de la Junta, Juanma Moreno, este jueves en el Parlamento.
El presidente de la Junta, Juanma Moreno, este jueves en el Parlamento.JULIO MUÑOZEFE
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El escándalo de los clamorosos errores en el cribado del cáncer de mama generó un clima propicio para la bronca en el Parlamento en la sesión de control del último jueves. Juanma Moreno entregó horas antes la cabeza de la consejera de Salud y Consumo, Rocío Hernández, en medio ya de una enorme polvareda política. Pero lejos de hacer de cortafuegos, el sacrificio sirvió para que los grupos de la oposición elevaran la apuesta y pidieran al unísono la dimisión del propio presidente de la Junta. Por primera vez en el Parlamento andaluz se oyó: «Váyase, señor Moreno, váyase». Lo pronunció la portavoz socialista, María Márquez, después de repetir que el problema del cribado no tiene que ver con un protocolo desafortunado sino con el colapso del sistema.

Previamente, Inma Nieto, portavoz de Por Andalucía, le había recordado que las mujeres que se manifestaron el jueves ante la sede del Servicio Andaluz de Salud (SAS) en Sevilla no pedían el cese de la consejera sino el del presidente.

Lo más llamativo, sin embargo, es que Vox se apuntó también al carrusel pidiendo la marcha de Juanma Moreno. Lo hizo su portavoz, Manuel Gavira: «Váyase a su casa de una vez por todas. Usted no merece ocupar ese escaño». Y lo hizo también un día después el propio Santiago Abascal, tras bajar a Sevilla expresamente a pedir que rueden cabezas en nombre de las mujeres afectadas. Moreno devolvió el golpe con una de las respuestas más duras del presidente a los que fueron sus socios parlamentarios en la primera legislatura: «No me van a dar lecciones quienes no aceptan guardar un minuto de silencio cuando muere una víctima de la violencia de género».

Con ese carga de cortisol en el ambiente, Juanma Moreno no pudo evitar añorar públicamente en la tribuna del Parlamento los tiempos de lo que definió como el «oasis andaluz», cuando se respetaban las formas y el tono de la discusión en raras ocasiones abandonaba la templanza y la buena educación. A diferencia de lo que ocurría en los foros madrileños, el Parlamento andaluz hacía gala de fair play. Y, aunque la memoria es siempre selectiva y tiende a edulcorar el pasado, los cronistas le dan en parte la razón: El clima se ha tornado casi irrespirable.

Moreno sitúa la frontera que marca un antes y un después en la atmósfera política en la designación de María Jesús Montero como secretaria general del PSOE andaluz y candidata a la Junta. No en vano, el PSOE se deshizo de Juan Espadas porque no conseguía socavar el prestigio electoral del presidente de la Junta, que se pavoneaba de la solidez de su mayoría absoluta y la estabilidad política de Andalucía, por contraste con la noria emocional, siempre al borde del infarto, que imprimía al debate nacional el Gobierno de Pedro Sánchez. Era previsible, por tanto, que un cambio de liderazgo fuera acompañado de una estrategia de oposición mucho más incisiva y destemplada.

Por otro lado, la izquierda tiene en el Parlamento andaluz tres voces (el propio PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía) que compiten por el foco y el titular, lo cual contribuye a multiplicar el ruido ambiente en la Cámara y la sensación de soledad del PP en su trinchera. Es la única ventaja de una izquierda atomizada que amenaza con concurrir a las elecciones de 2026 aún más dividida.

Mientras tanto, a la derecha del PP, tras el bluff que supuso la candidatura de Macarena Olona y su marcha del partido, Vox ha ido poco a poco soltándose la melena. Su portavoz, Manuel Gavira, ha decidido ganarse la designación como candidato asumiendo sin disimulos la radicalización del discurso de su partido. No hay intervención suya en la Cámara andaluza que no incluya una alusión directa a "los menas", como manda el manual de estilo de la ultraderecha.

Mientras el PP es capaz de marcar la agenda política -con sus rebajas fiscales y sus simplificaciones burocráticas, por ejemplo-, Juanma Moreno se siente cómodo en medio del fuego cruzado de quienes le disparan desde su izquierda y su derecha. Las críticas de Vox por ser demasiado «continuista» con las políticas socialistas le valen para contrarrestar las acusaciones de la izquierda sobre «el desmantelamiento de los servicios públicos». Se sabe en el centro del espectro político que es donde están las mayorías en Andalucía.

Pero, cuando la agenda viene dada por un escándalo que ha escapado de su control, el juego de balanzas ya no resulta tan divertido. La oposición piensa haber encontrado, al fin, el "talón de Aquiles" del Gobierno de Moreno en una gestión sanitaria que no ha sabido aún hallar la fórmula para superar el estrés al que se sometió el sistema durante la pandemia. La mayoría absoluta está por primera vez en riesgo y la precampaña ha saturado de decibelios el sonido ambiental.