Sigue siendo una incógnita lo que ocurrió el 21 de abril de 2000, hace ahora veinticinco años, en la Madrugá de la Semana Santa de Sevilla, cuando miles de personas fueron presa de un desconocido terror que las abocó a una estampida en todas direcciones, cuyas consecuencias podrían haber generado una espeluznante tragedia. Nadie sabía de qué huía. Los segundos vieron huir a los primeros y los terceros a los segundos. Pero nadie ha sabido hasta ahora decir de qué huían los primeros. Los sucesos de la madrugada del Viernes Santo, en que seis procesiones desfilaban por las calles del centro histórico de la ciudad, generó una insurrección de pánico cuyo origen hoy, tanto tiempo después, sigue siendo un agujero negro de desconocimiento, dudas, sospechas y muchas preguntas.
El periodista y escritor Juan Miguel Vega (Sevilla, 1962) ha recuperado, revisado y reescrito un libro cuya primera versión es de 2006, titulado La Madrugá y que ya entonces prologó Francisco Robles, que dijo: en este libro «se cuenta lo que pasó y lo que nunca fue, lo que pudo haber sido y lo que nadie explicará jamás por una sencilla razón: los sucesos que se narran iban dirigidos a socavar los poderes que dominan la ciudad... y lo que está más allá de la ciudad; y hasta ahí podíamos llegar».
La Madrugá es muchas cosas a la vez: una docunovela, una novela basada en hechos reales, un ensayo literario y por momentos ficticio y, por encima de todo eso, un ejercicio literario de primer nivel, de reconocida valentía, cuya principal virtud es tratar de arrojar luz allí donde solo hay oscuridad y sombras. Juan Miguel Vega, que es director de Canal Sur Radio y colaborador de este periódico, parte de una certeza irrefutable: «los agujeros negros de aquella madrugá siguen abiertos y transparentan la certeza de que nunca se nos contó la verdad de lo que pasó en aquellas horas». El libro abre con un primer capítulo fechado en el invierno de 2025, vísperas de Navidad, en un tiempo que aún no ha llegado. Pero Vega se las ingenia para situar en ese futuro aún no escrito el encuentro fortuito de Miguel y Alejo, viejos amigos que fueron protagonistas en primera fila de los sucesos de hace ahora un cuarto de siglo. El relato literario habla de un atentado abortado y de una conjura de alborotadores que desata el pánico en mitad de las procesiones que a esa hora de la madrugada desfilan por el centro de la ciudad. Es un texto absorbente, incesante, desgarrado, que no admite tregua. Pero ficticio.
Como el propio Juan Miguel Vega se encarga de recordarnos en el prólogo de esta edición hubo una investigación policial y una instrucción judicial que derivó en el archivo del caso, y cuya explicación más plausible fue un tumulto alimentado por generación espontánea. Sevilla no se ha vuelto a interesar por aquellos hechos, a los que con la socarronería habitual acabó denominando «las carreritas». El libro cierra con cinco textos que el propio autor publicó en este periódico y que abren más derivadas, más hipótesis, nuevas líneas de investigación de un hecho que pasado tanto tiempo a nadie parece interesar abrir.

