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La Vitalista

Adiós quejas y tristeza: tu cerebro y tu microbiota estaban deseando regresar a 'tu territorio natural'

Retomar la rutina cuesta una barbaridad. Pero, aunque parezca mentira, a nuestro 'coco', en el fondo, le gusta mucho volver a lo conocido; aborrece la incertidumbre. Así que tienes que conseguir que sienta que ha regresado a su hábitat.

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Adiós quejas y tristeza: tu cerebro y tu microbiota estaban deseando regresar a 'tu territorio natural'
Pexels/Guilherme Almeida

Septiembre siempre me ha producido una desazonante sensación de pellizco en el estómago. Si cuando era pequeña detestaba la 'vuelta al cole', ahora que soy madre me cuesta una barbaridad convencer a mis hijos de que retomar la rutina y las buenas costumbres es algo maravilloso. No sé cómo tratar el asunto para hacerles ver que, aunque a simple vista no lo parezca en absoluto, madrugar para pasarse siete horas con el trasero pegado a una silla justo en la edad en la que más a tope están los depósitos de energía, lidiando con los atascos y el cambio de hora es, en realidad, el reinicio de una aventura apasionante llamada vida real que poco o nada tiene que ver con ese efímero espejismo estival de libertad, naturaleza, actividad física, noches estrelladas y primeros amores.

Para tratar de buscar argumentos a favor de que volver, más allá de que son lentejas y punto, es algo sensacional, el año pasado recurrí a Ana Ibáñez, mi neurocientífica de cabecera. "Ana --le dije-, a ver cómo me convences de que regresar a la grisura de la ciudad, al frío, a las alarmas del móvil y al pasarse la vida corriendo de un sitio a otro, es algo estupendo". Y ella, que es todo optimismo y serenidad (no como yo, que parezco recién salida de una tragicomedia de Almodóvar) me contestó: "A ver, Gema, es normal que, tras una temporada de menos responsabilidades, más descanso y más ocio, nuestro cerebro no vea nada claro el regreso a un escenario de estrés, exigencias, tráfico, trabajo, colegios, extraescolares, preocupaciones, etc". Para ayudar a mi atribulada mente a enfrentarse al cambio de registro, Ibáñez me recomendó "recordar si en algún momento de las vacaciones has echado de menos volver a tu casa o recuperar tus rutinas habituales. Si has tenido ganas de estar otra vez en tu ambiente y con un orden establecido al que aferrarte y que te brinde seguridad. Al cerebro le gusta mucho volver a lo conocido; aborrece la incertidumbre. Así que tienes que conseguir que sienta que ha regresado a su territorio natural".

En esas estamos otra vez, intentando que nuestra mente asuma que este -no el de hace una semana- es nuestro territorio natural y que, a falta de puestas de sol de postal, tiene millones de motivos para que nos sintamos tremendamente afortunados por poder disfrutarlo. Que se recree en la placentera sensación de zambullirse en la cama propia y en esos minutos de calma apurando el primer café del día que preceden al zafarrancho de cada mañana. Que asuma que volver a madrugar (y acostarnos temprano) le va a venir de cine a nuestro ritmo circadiano para reajustarse tras el absoluto descontrol de horarios vacacional y que, seguramente, nuestra microbiota intestinal nos va a agradecer eternamente el regreso a nuestras buenas costumbres nutricionales. Y que desate esa sanadora tormenta de oxitocina que produce volver a abrazar -muy fuerte- a toda esa gente que queremos y ese subidón que generan las benditas endorfinas cuando volvemos a entrenar a tope.

Como pregona esa filosofía estoica (que no conformista) que tan de moda está, quejarse no sólo no soluciona nada, sino que nos roba energía, a nosotros y los que nos rodean. Son lentejas y punto, pero las lentejas, además de muy valiosas nutricionalmente, pueden convertirse en un plato exquisito si se cocinan con mimo y dedicación. A mí, desde luego, ya se me está haciendo la boca agua solo de pensar en ese plato humeante, con su verdurita, su chorizo, su morcilla... 'Bon appétit'!

Recomendaciones de La Vitalista para ponerse las pilas en septiembre:

1. Fórmula Vital de Longevitas (41 ¤) combina proteínas vegetales con más de 30 nutrientes esenciales.

2. Pantalones cortos Heat Gear de Under Armour con tejido de alto rendimiento que capilariza el sudor.

3. Porcelain, sérum despigmentante con ingredientes naturales y olor a mora de Arganour (16,95 ¤).

4. Zapatillas Omni 9 de Saucony (160 ¤).

5. TheraFace Depuffing Wand, drenaje linfático casero (149 ¤).