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La Asamblea General de las Naciones Unidas eligió la fecha del 21 de junio para conmemorar la importancia de la práctica de yoga. Una excusa perfecta para hablar con toda una eminencia en la divulgación de la disciplina en España, con más de medio siglo de experiencia y autor de un centenar de libros. El último, en su cuarta edición con nuevo prólogo, Los 7 yogas (Ed. Integral). Ramiro Calle (Madrid, 3 de septiembre de 1943) fue pionero al fundar Shadak, uno de los centros más antiguos de Europa. Un yogui que ha dado clases a decenas de miles de personas, incluyendo profesionales de la salud, como médicos y psicólogos, y ha viajado a la India en más de un centenar de ocasiones para aprender de los mejores maestros.
Figura respetada y defensor de una visión menos comercial del yoga, como "una disciplina integral que incluye ética, respiración, meditación, autocontrol mental y una filosofía de vida", en numerosas ocasiones ha reconocido cómo le ha ayudado a afrontar una depresión o a darle una dimensión más humana a sus días. A sus 81 años y medio, todos los días hace su sesión de posturas y relajación, entre otras técnicas psicosomáticas, que incluyen meditación. Además, se muestra lucido y vital gracias al footing que practica por el Retiro al atardecer. Después, cuenta, da de cenar a los gatos callejeros que van a verle. "He convertido los alrededores del Palacio de Cristal en mi oficina itinerante", confiesa en su casa.
- Hoy se celebra el Día Internacional del Yoga, una práctica que con el tiempo se ha occidentalizado considerablemente. Cuando usted viajó a la India en los años 70 para formarse, imagino que no era algo común y que muchos le verían como un excéntrico o un místico. ¿Cómo vivió aquella experiencia en su momento?
- Tuve muchas dificultades, muchos frentes. El primero, que vivíamos en una dictadura donde no había libertad de pensamiento. Al contrario, se trataba de boicotear todo lo que fuera la investigación de otras creencias o ideales espirituales. Muchas de mis obras, de hecho, tuvieron que pasar siempre por censura. Era obligatorio. No había problema con el yoga físico, postural -eso les daba igual-, pero en cuanto se trataba de un yoga más psicosomático o psicológico, que implicara la búsqueda interior o apartarnos de las creencias oficiales de la ortodoxia religiosa, ahí siempre había problemas. A eso se sumaban también frentes eclesiásticos muy rígidos, que constantemente nos censuraban y atacaban. Hoy en día, aunque ya nadie les hace caso, siguen existiendo esos grupos o grupúsculos que, de vez en cuando, en internet tratan de desacreditar la meditación, el yoga u otras corrientes espirituales.
- ¿Qué tiene que ver el yoga con la religión?
- Afortunadamente, hemos ido desarrollando un tipo de espiritualidad libre, adogmática. A mí me gusta decir que el yoga no se mueve por creencias, sino por experiencias. Y que uno mismo se vuelve su propio laboratorio viviente.
- ¿Cómo ha vivido el cambio de que, hoy en día, mucha gente viaje a la India, explore estas prácticas, las lleve a lugares como Nueva York, y de pronto la comunidad científica comience a investigar qué ocurre en el cerebro al meditar, otorgándole así una credibilidad que antes no tenía?
- Exacto, pero esto ya estaba ocurriendo hace 50 años. Yo inauguré mi centro de yoga en enero de 1971. Ya se realizaban investigaciones en muchos lugares, como Alemania, Japón... Todo tipo de especialistas. En mi caso, fui sometido a todo tipo de pruebas fisiológicas para comprobar los beneficios de las técnicas del yoga: respiración, posturas, relajación..., así como técnicas mentales como la meditación y la concentración. En el Hospital Puerta de Hierro, el jefe de respiratorio, el Dr. Juan Estrada, me conectó a unos aparatos muy sofisticados para estudiar los efectos. Luego, el Dr. Miguel Fraile en el Hospital San Camilo también investigó conmigo la acción de las posturas sobre el cerebro, la acción de la respiración -lo que llamamos en yoga pranayama-. Y entre mis alumnos ha habido -y hay- muchos médicos. De hecho, tengo publicado un libro que se llama Principios de Yogoterapia, donde escriben 20 médicos de distintas especialidades. Investigué también mucho con uno de los grandes sabios del cerebro, el Dr. José Álvaro, que tenía cinco carreras. Escribimos juntos un libro que se llama Yoga, zen y control psicosomático.
- ¿Por qué entonces parecen ahora tan novedosas las investigaciones en el campo?
- Es una moda y parece que los neurocientíficos están descubriendo el mundo. Deberían ser un poco más humildes y estar más versados en el tema. Estas investigaciones vienen de muy atrás. Siempre hemos dicho en el campo del yoga que, afortunadamente, no hay escáner, resonancia magnética ni rayos X que puedan ver los estados de ánimo, los sentimientos, la mente, los pensamientos. Me gusta decir una frase que yo he acuñado: "No es el yoga lo que hay que cientificar; es la ciencia la que hay que yoguizar". Hay que tener cuidado con la ciencia fanática, dogmática, de miras estrechas. El verdadero científico es un librepensador y está abierto a investigarlo todo.
- ¿Por qué se dice que meditar es poner la mente en blanco? ¿Es eso posible?
- Hay que diferenciar entre cuerpo y cerebro, claro, pero luego están los estados de ánimo. Lo que se busca con la meditación es un estado de quietud, ecuanimidad, bienestar... y eso, repito, no se puede ver en un escáner. Te cuento una anécdota reciente. Estaba dando una clase de meditación y un alumno me dice al salir: "Ramiro, mientras meditaba, pensaba en qué efecto estaría causando la meditación en la química de mi cerebro". Y le dije: "Si estabas en eso, no estabas meditando". Si estás en tus neuronas, neurotransmisores, en lo que piensan los profesores, no estás meditando.
- ¿Qué quiere decir cuando afirma que el yo es más amplio que la ciencia?
- Los científicos saben, pero los místicos saben mucho más. Incluso grandes maestros que entrevisté en mis viajes a la India se interesaron por la ciencia, viajaron a América, se sometieron a pruebas... pero luego volvieron a la idea de que el yoga es mucho más que eso. Hoy hay una gran moda con la neurociencia. Y tengo que decirlo, aunque no sea popular: a veces me parece una falta de respeto hacia biólogos, fisioterapeutas, médicos, psiquiatras, psicoanalistas y otros profesionales que llevan investigando esto desde hace 50 ó 60 años. Por ponerte un ejemplo, la Dra. Thérése Brosse, una genio francesa, ya hace 40 años fue a la India a investigar a yoguis que lograban ralentizar su corazón, cambiar su respiración, estar sin respirar varios minutos... y mucho más. Todo esto parece nuevo, pero en realidad no lo es.
- Se habla de cientos de millones de personas practicando estas disciplinas en todo el mundo. ¿A qué cree que se debe este auge del yoga y la meditación, justo en un momento en que vivimos más estresados que nunca, inmersos en una sociedad hiperproductiva?
- Hay un afán por estar bien. Hace cuatro meses subí a un canal de internet una meditación que llamo "la meditación medular". En cuatro o cinco meses, lleva un millón de visitas. Eso era impensable hace unos años. Solo esa meditación. Otras que tengo, igual: 300.000, 400.000 personas... Nos hemos dado cuenta de que, aunque el cuerpo es importante, si la mente está insatisfecha, llena de depresión, amargura, ansiedad, frustración o desconsuelo, uno no está bien. Por eso tenemos que ir hacia lo que llamaríamos la salud total o integral: salud del cuerpo, de las energías, de la mente, de las emociones y también en la relación con los otros seres o criaturas sintientes.
- ¿Por qué hay tanta ansiedad? ¿A qué lo achaca?
- Esta es una sociedad totalmente frustrada, y además se alimenta esa frustración. Es un sentimiento de amargura e insatisfacción cuando no conseguimos lo que creemos que podemos conseguir. Y siempre se nos está engañando, se nos está embaucando, se nos hace creer que podemos conseguirlo todo. Y como no se puede, eso genera una frustración muy amarga y enfermiza, lo que ha llevado a que la ansiedad se haya masificado. Siempre ha habido ansiedad en el ser humano, pero ahora está masificada, igual que la frustración, el sentimiento de soledad, la falta de comunicación. Si lo vemos con realismo, no con catastrofismo, esta es una sociedad fracasada. En España hay cinco millones de personas con ansiedad, otros varios millones con depresión, muchas más que no pueden trabajar por trastornos psíquicos y somos el país de Europa que más calmantes y sedantes consume. A veces digo irónicamente: ¿y a esto lo llamamos sociedad del bienestar?
- ¿Qué piensa del yoga que ofrecen las redes sociales?
- Hay que distinguir entre el yoga y lo que yo llamo yoguismo. Hay gente que va a yoga sólo para tonificarse y fortalecer el trasero. Bueno, está bien, pero eso no es yoga. Es como si alguien muy interesado en ajedrez cree que jugar al backgammon es ajedrez. Eso es confundir, engañar y prostituir el sistema. Occidente, y también Oriente, tiene el dudoso privilegio de desdibujarlo todo, mercantilizarlo todo. Y esto ha pasado con el yoga, la meditación, el llamado mindfulness... El 80% del mindfulness es una moda muy mal aplicada. El Feng Shui, que era un sistema muy serio, al final se ha convertido en un modo de decorar casas. Es muy vergonzoso. Y, sinceramente, creo que los primeros en prostituir el yoga en Occidente fueron algunos mentores hindúes que llegaron a América, mezclaron el culturismo con el yoga e hicieron un híbrido que es el anticipo del yoga moderno.
- Entonces usted no celebra el Día Internacional del Yoga, deduzco.
- La embajada de la India me ha invitado a celebrar el Día Internacional del Yoga allí, en la India, como referente español. Iba a ser recibido por el primer ministro. Pero he declinado la invitación. ¿Por qué? Porque quiero evitar la instrumentalización política del yoga. El yoga está por encima de la política, de la ideología, de las creencias. La gente se ha perdido en el postureo, en el yoguismo, en querer ser el más flexible del cementerio, en lugar de transformarse, mejorar como ser humano.
- ¿Cómo define el yoga?
- La definición más auténtica es el primer método de mejoramiento humano. Últimamente me llaman "el azote del yoga moderno". No lo soy. Soy el azote del falso yoga, del yoga prostituido. Hay gente que, tras entrevistarme, me dice: "Ahora me doy cuenta de que nunca he dado yoga, he dado ejercicio físico inspirado en algunas posturas". Pues eso es lo que hay que evitar. El yoga no es solo cuerpo. Para eso están las pesas o nadar. Justamente tengo un libro que se llama Yoga y deporte. Por mi escuela han pasado todo tipo de deportistas de élite. Pero una cosa es yoga y otra cosa es deporte. Como dice un amigo instructor ecuatoriano: "Una cosa es salsa y otra es yoga. No existe la salsa-yoga".
- También hay hasta yoga canino.
- Hoy, como la palabra "yoga" vende, ves cosas como yoga con perros, con caballos, yoga birra, yoga desnudo, etcétera. Dentro de unos días me preguntarán cómo celebro el Día Internacional del Yoga y diré lo de siempre: para mí, todos los días son el día del yoga. Como no debería haber sólo un día de la madre o del padre: todos los días lo son.
- ¿Por qué no hay una formación oficial, habiendo tantos instructores por el mundo?
- Mira, surgió una empresa americana que creó esto del yoga por horas. Te dan un título de 20, 40, 200 ó 400 horas. Y ya está. Es increíble. Cuando los grandes yoguis se han hecho a sí mismos, han investigado desde la práctica. ¿De qué sirve que yo te dé un certificado de 1.000 horas si luego no haces posturas, ni respiración, ni relajación, ni meditación? En el yoga también se ha infiltrado la titulitis, esa obsesión por los títulos. Yo nunca he hecho formación. Me parece vergonzoso lo que se cobra por formar. Muchas personas me han dicho: "Te pago lo que quieras si me das un título de yoga". Pero nunca he formado. ¿Por qué? Porque si lo hiciera, sería gratis o muy barato. Pero la formación de profesores de yoga se ha convertido en un negocio enorme. Gente que paga mucho por cursos de fin de semana. Esta mercantilización está en todos los campos, también en el espiritual.
- ¿Qué opina de los gurús del yoga?
- Siempre ha habido embaucadores, caraduras, explotadores... pero no hay peor mercenario que el del espíritu. Si eres mercenario de lo material, bueno. Pero serlo del espíritu es otra cosa. Y ahora hay más falsarios que nunca porque se mueven millones de euros y dólares en el negocio de la supuesta espiritualidad, que muchas veces no tiene nada de espiritual. Incluso algunos "coaches" cobran distinto según en qué fila te sientes. Si estás cerca, te cobran más. Como si te dieran su energía. Pero esto no es nuevo. Siempre ha sido así. Por eso hay que discernir, investigar, poner a prueba al maestro. Hace unos 50 años escribí un libro muy polémico que se llamó Verdad y mentira de los gurús. Recibí insultos, amenazas de muerte, todo tipo de presiones. Lo denuncié. Pero forma parte de mi vida: por un lado, mucha gente que me apoya y por otro, quienes se sienten amenazados. Ahora mismo he publicado un vídeo muy polémico sobre las corridas de toros y ya he recibido amenazas. Que si "a la fosa", que si "viva Franco"... de todo. Estoy acostumbrado a esta falta de discernimiento. Y algo que el yoga enseña, precisamente, es el control de la lengua, de la palabra. Pero en esta sociedad se utiliza la lengua como un estilete envenenado, para herirnos constantemente unos a otros.
- ¿Por qué hay tanta polarización en la actualidad?
- He aprendido varias cosas importantes a lo largo de mi vida. Ya empecé a ser recriminado, vituperado, calumniado y difamado cuando tenía 17 años. Así que estoy curtido, ya pasado de rosca. Pero es terrible que exista este constante dañar a los demás con la palabra, con la mentira, con la falsedad, sin ningún respeto. Es una falta total de ética o de virtud. Por eso Buda siempre insistió en lo que llamó la virtud de la palabra: palabras nobles, amables, sinceras, compasivas. Hay que dominar la lengua. Como dice el antiguo adagio: "Cuando la palabra ha sido dicha, ya nos ha hecho su cautivo". Mientras está aquí, dentro, la controlas. Pero una vez sale, ya no hay forma. Y es una pena que haya esta confrontación constante, que no se siga lo que los sabios de Oriente llamaron siempre el camino del medio, que es evitar los extremos. Los extremos son trampas, emboscadas. Todos los sabios que he entrevistado -y han sido muchos en mis 120 viajes por Oriente buscándolos-, cuando les he preguntado cuál es el peor apego, todos me han dicho: el apego a las ideas, a las ideologías. Porque podemos llegar a matar por ideologías. Lo vemos todos los días.
- ¿Por qué cree que el ego es uno de los mayores obstáculos en el camino del crecimiento personal?
- El ego es el peor falsario, el peor tirano. Es el que constantemente saca lo peor de nosotros. El ego, la egolatría, el egocentrismo, ese narcisismo desmedido, como el de muchos políticos, que les lleva a mirar solo por su propio bien, sin ver las necesidades de los demás. Cuando hay extremos, nunca puede haber equilibrio. En mi novela El Faquir elegí como protagonista a un alambrista. El alambre es el ejemplo vivo del equilibrio. El alambrista va caminando y, si se echa demasiado hacia un lado, se reequilibra; si se va al otro, también. Tenemos que aprender armonía, equilibrio. Pero ocurre todo lo contrario: nos hemos vuelto neuróticamente reactivos. La neurosis es desmesura, descontrol. No vemos, no reflexionamos, nos dejamos llevar por nuestras pulsiones psíquicas. Puede parecer exagerado, pero esta es una sociedad absolutamente enferma. Y, en este contexto, es muy importante el papel de las personas mayores. Son sabios, pero en Occidente se les aparta. Se les lleva a residencias, no se les escucha, no se les da un propósito.
- Critica que somos autómatas. ¿Cómo despertar?
- Claro, por eso los gobernantes odian el trabajo interior, porque temen a los revolucionarios psíquicos. Saben que un revolucionario espiritual no se puede controlar, no se puede comprar. Es insobornable. De lo que se trata es de convertirnos en máquinas. Automatizarnos cada vez más. Y no hay nada de conspiranoia en esto. Nunca he creído en movimientos conspiracionistas, pero esta es una realidad. Si algún día tuviéramos un destello de consciencia sobre lo que hemos hecho los seres humanos con los ancianos, con las mujeres, con los niños y con los animales... sería para enloquecer. Esta sociedad es puro cinismo e hipocresía. Estamos gobernados por dormidos que conducen a otros dormidos, y al final todos se van al foso. Esto tiene que cambiar. Pero no cambiará con discursos vacíos ni insultos entre políticos. Eso no sirve. La verdadera revolución tiene que ser mental y emocional. Llevamos cientos de años hablando de amor, de compasión... y no ha cambiado nada. ¿Por qué? Porque no cambia la mente humana. Y tiene que cambiar desde la educación, desde la familia. Hace falta otra actitud. El verdadero yoga no consiste en dar saltos ni hacer piruetas. No es ser un acróbata. El verdadero yoga es transformación.
Los 7 yogas. Hatha - Radja - Karma - Bhakti - Gnana - Mantra - Kundalini
Está editado por Integral y se puede comprar aquí.
