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Estremece escuchar su relato. Ponerse en su piel, aunque sólo sea por un instante. Sin embargo, la historia de la psicóloga clínica Shulamit Graber (Ciudad de México, 22 de mayo de 1960) es la muestra de que lo que no te mata, te hace más fuerte. El azar de un terrible secuestro por error tornó en un propósito de vida. Una misión para esta terapeuta de pareja y familia que volvió a nacer al ser liberada. Está convencida de que la soltaron por cómo trató al secuestrador de la banda. Mientras lo cuenta, sus ojos brillan, vencidos por la emoción al recordar: "Hace 18 años mi vida cambió por completo. Fue un parteaguas [un punto de inflexión]. Un antes y un después. Esa dura experiencia me hizo tocar fondo, cuestionarme qué significa vivir con sentido", rememora.
Tenían que secuestrar a otra persona que estaría ese mismo día, en ese lugar, corriendo a la misma hora. Se confundieron. "Cuando se dieron cuenta, ya me tenían", relata. Graber llevaba la peor ropa posible para ser capturada: top y mallas deportivas. Le prometieron que no la iban a tocar. Y ella creyó como una forma de sobrevivir. "Fue una experiencia realmente traumática. En la banda eran sociópatas, con momentos de calma y otros absolutamente violentos. Yo tenía que estar muy alerta, mantener un alto grado de conciencia".
Raptada por error
Pese a no ser la persona que buscaban, siguieron adelante con todo. Pidieron rescate. "Cuando me llevaron a la casa donde me retuvieron, me sentaron en una silla y me hicieron la primera de varias preguntas duras. ¿Cuánto vale tu vida? Yo pensé: 'Mi vida no tiene precio'. Y eso les respondí", prosigue. Le dieron 15 minutos más, pero su respuesta fue la misma, seguida de un: "Pónganselo ustedes".
Fue ahí cuando le preguntaron a qué se dedicaba y les contestó: "Ayudo a las personas a transformar su vida". Entonces, no sólo se dieron cuenta de la confusión, sino que empezaron a utilizar sus servicios. "El jefe del grupo se quedó impresionado. Pensé que la curiosidad me define. Y me atreví a preguntarle qué le llevó a convertirse en secuestrador. Me dijo que nadie le había hecho nunca esa pregunta, que a nadie le había importado. Pero a mí sí, genuinamente", apostilla.
En 40 años de experiencia como terapeuta, Shulamit Graber puede decir sin dudar que la narración de vida de su secuestrador "es la más desgarradora que ha escuchado nunca". Aclara que eso no justifica lo que hizo. Pero sí le confirmó algo: "Todos los seres humanos tenemos una historia de fondo que merece ser escuchada. La diferencia está en si esa historia te condiciona o te condena. Si te condiciona, puedes cambiar tu destino. Si te condena, te quedas ahí".
Los momentos más duros
En Del sufrimiento al crecimiento y Agonía en la incertidumbre Graber detalla todo su cautiverio y propone métodos para procesar crisis y traumas. Uno de los episodios más fuertes sucedió cuando evitó que le cortaran un dedo. "Muchas veces los secuestradores lo utilizan como prueba de vida. Y ya tenían el serrucho prendido cuando recordé una frase de El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl: 'Al ser humano se le puede quitar todo, menos su libertad de pensar y sentir'. Y quise elegir el dedo que me iban a cortar. Me querían quitar el anular de la mano izquierda y yo le dije: 'Si le haces esto a mi esposo, va a ser tu ruina'". Él respondió: "Me volviste a ganar".
Aún peor fue sentir el gatillo en la sien. "Me puso una pistola en la cabeza y jaló el arma, pero no salió la bala". Se visualizó muerta: "Ahí tomé una decisión: si sobrevivía, dedicaría mi vida a ayudar a personas con trauma: feminicidio, abuso, secuestro, violencia familiar...". Lo haría con la convicción de que cualquier persona puede resignificar su vida. Su frase es: 'Lo que te pasa no te define, sino lo que haces con lo que te pasa'. "Yo no soy una mujer secuestrada. Soy alguien que vivió un secuestro. Cuando me raptaron, era una profesional lista, exitosa, madre, esposa, con amigos... El riesgo más grande en la vida cuando vivimos un trauma es que se vuelva nuestra identidad. No eres una mujer golpeada. No eres una mujer divorciada. No eres una mujer abusada. Eres más que eso. Nada ni nadie agota tu realidad", reflexiona la psicóloga.
La liberación
Pero, ¿cómo logró la mexicana escapar de las garras de su secuestrador hasta convertirse en una conferenciante internacional? Todo se desencadenó cuando le informaron de que necesitaban el espacio para otra víctima y la venderían a otra banda. No podían esperar más. "Nunca me había quebrado, pero ahí le supliqué que me dejara hablar con mi esposo. Le pedí hacerlo yo misma". Recuerda perfectamente lo que le dijo llorando: "El milagro tiene que ser ahora".
Su secuestrador estaba parco en palabras. Su teléfono sonó. "Antes de pagar el rescate, por el lado de mi esposo y los que lo estaban ayudando me pidieron responder a una pregunta que sólo yo podía saber y nadie más". La respuesta a ese lugar favorito era El Chato, un famoso bar de México. "Pero la llamada con mi esposo no tuvo nada que ver con el final. Él pensó que yo estaba llorando porque me obligaban. Porque él me conoce fuerte. Fue una casualidad", relata.
Después de muchos días vendada, el impacto de ver la luz fue doloroso. "Me habían subido a un carro y yo no sabía cuál iba a ser mi destino". Nunca olvidará las palabras de su secuestrador, que le dio el dinero justo para volver a casa: "Yo no creo en Dios ni en la casualidad. Creo que tú y yo teníamos que encontrarnos por algo. Tú vas a ser una gran terapeuta. Ya lo eres, pero vas a ser grandiosa. Y en lo que a mí respecta, tocaste mi vida como nadie lo había hecho. Nunca te voy a olvidar". Shulamit Graber se sigue emocionando al contarlo. "Es una historia que solamente él y yo sabemos que fue cierta. Yo sé que toqué su vida, y él tocó la mía".
De víctima a guía
Aunque quiso gritar al quedarse sola, nadie sabía que acababa de ser secuestrada. Pero aquel día volvió a tener fe en la humanidad. Primero, en un puesto de zumos. "Te voy a dar un jugo para el alma", me dijo la señora, que no me cobró. Después, paró un taxi y se quebró. No paraba de llorar. "Me conmueve. Porque siempre hay gente buena que se acerca en momentos difíciles. Fue el primer afortunado o desafortunado en escuchar mi historia hecha relato con pelos y señales". Tampoco le quiso recibir el billete. "Usted ya me ha pagado", le dijo. "Lo doné, porque yo no quería nada de un secuestrador", confiesa Graber.
En su casa empezó la película. "La policía estaba en casa, me tomaron declaración sin ni siquiera poder abrazar a mi familia". Todos fueron a terapia. "Imagínate el trauma para ellos también, pensando que me han violado y golpeado". Y así fue como se volvió una figura público en México, con la misión de que un trauma no paralice a nadie. Recibe a pacientes que han perdido hijos, un sufrimiento contra natura. "Creo que es de lo más fuerte que te puede suceder y sólo hay dos caminos: o permites que eso te consuma y te mueres de tristeza u honras su memoria porque tuvo un lugar en el mundo. Al sinsentido hay que encontrarle un sentido para poder seguir viviendo. Hay gente que ha perdido hijos y ha transformado el mundo, ha creado fundaciones. Si te quedas en el ¿por qué a mí?, vas directo a la ruina".
Pandemia de salud mental
Graber cree que la gestión emocional se tendría que aprender desde niños. "Nadie sabe nombrar sus emociones y decir lo que siente. A un crío hay que explicarle que está llorando de cansancio. O esto se llama enojo. Él lo va a entender. Pero cuando un hijo llega y te dice: 'Me golpearon en la escuela', y tú le mandas a golpearles a todos al día siguiente y le das unos guantes de boxeo, en realidad tienes miedo de que exprese su malestar y no le estás enseñando".
Opina que la sociedad confunde debilidad con vulnerabilidad. "Cuando un adolescente corta con la novia, le decimos: 'Ah, un clavo saca otro clavo. Estarás bien, no importa'. ¿Por qué no le dices?: 'Debes sentirte muy deshecho por ello. Yo también lo viví'. Ser vulnerable te suma. No es un símbolo de debilidad".
Pone otro ejemplo: permitirse estar triste en un despido. "Si lloras con tus hijos y les dices que no se preocupen, que no morirán de hambre porque lo vas a solucionar, les estás dando una lección". Pero estamos creando una sociedad con analfabetismo emocional, expone: "Los jóvenes prefieren tres tequilas de más que poder llorar. Vivir medicados es más fácil que esperar, tolerar la frustración, aburrirse... Si ese secuestrador hubiera tenido a alguien que le enseñara herramientas para gestionar sus emociones, no tendría que haberme raptado. Y este está siendo el cáncer de la sociedad. Así de simple y así de complejo", asume.
Pero la terapia hoy no puede quedarse en un psicoanálisis eterno, defiende. "A mí no me gusta la idea de hasta no sanar no puedo caminar. Hoy quiero saber qué te paraliza. Ya que entiendo qué es, vamos a trabajar en eso para movernos. La depresión es exceso de pasado y la ansiedad es exceso de futuro. La realidad no existe; está hecha de tus discursos internos. Como te hablas, configuras tu realidad". Para Graber la gratitud es la herramienta más poderosa; incluso por encima del amor. También: meditar, respirar, estar en contacto con la naturaleza, tener conexiones sanas, evitar lo tóxico. "Y, sobre todo, tener un proyecto de vida", concluye.

