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La calavera está de vuelta. Si es que alguna vez ha llegado a irse, claro. Cuando empezó a estampar camisetas y esculpir accesorios, a principios de los 2000, uno podría haber pronosticado que, como cualquier otro motivo, 25 años después habría desaparecido del mapa del diseño de moda, pero no ha sido así. Al revés. Parece que ha tomado nuevo impulso de cara a la próxima emporada. La señal inequívoca ha sido la reedición del estampado de la mítica bufanda diseñada por Alexander McQueen en 2003, que el actual director creativo de la marca, Seán McGirr ha vuelto a poner sobre la pasarela, ahora sobre blusas transparentes y accesorios (algunos medios como Dazed interpretaron este regreso como un indicador de recesión, por cierto).
Más: Philipp Plein ha imaginado también un otoño cadavérico, con vestidos estampados con este motivo y accesorios en la misma línea. Y el belga Walter van Beirendonck desfiló en París su propuesta de gorras con motivos de calaveras y tibias, también destinados a la próxima temporada invernal. Hasta Adidas, en su reciente colaboración con AVAVAV (hombre, otoño-invierno 2025) titulada The Hole, ha apostado por diseños esqueléticos y formas inspiradas en la arquitectura ósea para sudaderas, plumíferos y accesorios.
Vale. Nos ponen los huesos humanos. Pero ¿por qué?
Quienes tienen memoria para ello (es decir, aquéllos que no sólo habían nacido hace 25 años, sino que ya tomaban para entonces sus propias decisiones sobre vestimenta) recordarán perfectamente cómo las primeras camisetas con calaveras que aparecieron en el mercado aún transpiraban underground. Antes de acabar estampadas hasta en la ropa infantil, las calaveras te llevaban inmediatamente a un mundo de resonancias punk. Ésas que sin duda inspiraron a Alexander McQueen cuando, en 1992, en el desfile con el que culminaba sus estudios en la Central Saint Martin londinense, vistió a sus modelos con motivos esqueléticos, en un momento en que tales motivos transmitían un mensaje inconformista y rompedor. La calavera regresaría a su iconografía en 2003, en su colección primavera verano titulada Irere, y a partir de ahí se convertiría en el símbolo más identificativo de la marca.
Él mismo lo justificaba así: "La calavera es una hermosa metáfora de la mortalidad. Me fascina como algo tan macabro puede ser también tan bello, y esa dualidad es lo que intento capturar en mi trabajo". De su famosa bufanda de calaveras llegó a decir que no se trataba únicamente de un accesorio, sino que era "un símbolo. Habla de vida y muerte, de la fragilidad humana, pero también de la fuerza y el estilo. Es un recordatorio de que debemos vivir intensamente". También respondió el diseñador a la pregunta que da pie a este artículo, la de que por qué las calaveras se niega, parece ser, a pasar de moda: "Porque son atemporales, conectan con algo profundamente humano. No es sólo una tendencia, es un símbolo que sigue resonando en cada época". La influyente crítica de moda Suzy Menkes expresó en cierta ocasión su propia teoría al respecto: "La calavera un símbolo que ha demostrado una sorprendente longevidad en la moda, funcionando como un emblema de la rebeldía glamourosa y el romanticismo gótico. Su uso constante refleja cómo la moda recicla imágenes cargadas de significado para reinterpretar la cultura popular". Luego veremos que no todos están de acuerdo con esta tesis.
Más antiguo de lo que imaginamos
Lo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, es que si se ha hablado más del estampado de calaveras que del estampado floral, por algo será. El sociólogo y teórico cultural especializado en subculturas y moda Dick Hebdige, por ejemplo, afirmó en su momento que símbolos como este funcionan como marcadores culturales que desafían las normas establecidas y comunican una identidad contracultural. En la moda, la calavera sería un signo visual poderoso que expresaría al mismo tiempo nuestra fascinación por la mortalidad y una postura de resistencia frente a lo convencional.
Desde la cultura popular (porque no hay que olvidar que el motivo de la calavera surge de movimientos y subculturas juveniles como los ángeles del infierno en los años 40-50 del siglo pasado, pero sobre todo del punk de finales de los años 70), las calaveras, y los huesos humanos en general, saltaron a las pasarelas de mano de figuras clave en el devenir de la moda como Vivienne Westwood (la inventora de la moda punk de consumo, te pongas como te pongas), y después, de figuras como Jean Paul Gaultier, el mencionado (y decisivo) McQueen,Cavalli, Moschino, Gucci, Jeremy Scott...
Platadepalo es una empresa española de joyería artesanal, fundamentalmente en plata, que tiene la calavera entre sus motivos centrales. Las facturan en pendientes, colgantes, pulseras o anillos. Les preguntamos por el papel de la calavera en el éxito de la empresa: "La de la calavera es una colección que nació poco después del nacimiento de la marca [hace ya 20 años] y nos ha acompañado hasta hoy, pensada para los más canallas", explican. "'No te tomes la vida muy en serio, a fin de cuentas no vas a salir vivo de ella' es una cita de Jardiel Poncela que representa la filosofía de la colección. Creemos que los amantes del skull son extremadamente vitales, viven y disfrutan la vida y consideran que la muerte es sólo parte de ella", añaden. Al igual que Suzy Menkes, los socios de Platadepalo consideran que la calavera "no es una moda pasajera". "En nuestro caso", añaden, "es una invitación a vivir la vida al máximo, a exprimirla centrándonos en lo que de verdad importa".
De la subcultura al subsignificado
La pregunta que sigue es obligada: ¿realmente quienes se ponen una camiseta o un anillo con una calavera realizan siquiera por un instante una reflexión de tipo existencial?
Es cierto que las calaveras, como símbolo, poseen una gran carga semiótica, que además es muy ambigua (lo que las hace más interesantes). Hablan de la vidadesde la muerte, no está nada mal el asunto. Pero también es cierto que su incorporación a la moda ha experimentado un proceso de banalización que es perfecto a la hora de ilustrar cómo la industria es capaz de despojar de significado incluso a símbolos originalmente poderosos.
A partir de los años 70 y 80, las culturas punk y gótica adoptaron las calaveras como emblema de resistencia, marginalidad y rechazo al sistema. Después, como hemos visto, diseñadores como Alexander MQueen supieron dotarla de una dimensión poética, bella y trágica, más allá de la provocación. Pero, ay, con la masificación del símbolo, la calavera ha pasado a decorar desde pañuelos de lujo hasta tazas y accesorios infantiles. Este proceso de mercantilización la despoja de su carga simbólica y la convierte en un mero motivo estético, casi decorativo, vacío de reflexión.
Esta banalización revela dos fenómenos característicos de nuestra cultura contemporánea: por un lado, la tendencia a estetizar lo siniestro, a convertir lo tabú en objeto de consumo (porque el hambre del mercado es insaciable); por otro, la pérdida de referentes culturales sólidos en un sistema que recicla iconografía sin atender su sentido original. Son los famosos ritos sin mito a los que cada uno a su manera se refirieron Mircea Eliade o Jean Baudrillard. En este contexto, la calavera se convertiría en un signo flotante, que ya no comunica una posición crítica ni una reflexión sobre la existencia, sino que senciollamente adorna.
El mencionado Dick Hebdige, en su obra Subculture: The Meaning of Style (1979), no menciona específicamente la calavera como símbolo, pero sí analiza en profundidad cómo los signos y símbolos utilizados por las subculturas —como el punk, el reggae, el mod o el skinhead— están cargados originalmente de significados subversivos que son después banalizados, neutralizados y absorbidos por la cultura dominante. Si aplicamos su tesis a la calavera, esta habría pasado por el siguiente proceso: primero se convierte de símbolo 'subversivo' a objeto de consumo. Después se reetiqueta ideológicamente (de símbolo de muerte o rebeldía a motivo decorativo o cool). Por último, el símbolo pierde su significado original. Lo que hoy significa una calavera en una camiseta es equivalente a cero, vamos. La calavera sólo significa la calavera. Da que pensar.




