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Lo que contienen los jarrones de Inhee Ma es lo que los envuelve. Su superficie revela, como las flores que enderezan, el paso del tiempo. La perfección que busca desde Ini Ceramique, su firma de cerámica, no está en sus manos. Quien contemple una de sus piezas viajará a través de los siglos. Lo hará gracias a la temperatura. Tras dos visitas al horno -una de ella a más de 1.200º C- los diseños de la surcoreana se cuajan, explica, bajo un barniz que evoca la antigüedad. En la que ella indaga se orilla el Mediterráneo. Ma busca en la Antigua Grecia y extrae del recuerdo de su cerámica unos trazos ligeros que conducen a Cocteau. El pincel se carga en lo naíf y sobre la arcilla dibuja cenefas geométricas y rostros coronados con laurel. El tono, no obstante, lo matiza el siglo XX. En la luz del pintor Giorgio Morandi la treintañera encuentra el blanco roto en el que baña sus jarrones.
En Francia, en la Escuela de Bellas Artes de Montpellier, Inhee Ma, nacida en Seúl en 1991, aprendió a mover las manos. Después su historia se moldeó como la de otros miles, aquí y allá: durante el confinamiento, sus exposiciones programadas se cancelaron. El tiempo que le quedó en las manos lo convirtió en arcilla. Los ceramistas con los que compartía estudio le permitieron recortar las horas de espera con sus herramientas y el hobby de la desescalada acabó convertido en oficio. «Me gusta la versatilidad que proporciona. Me ha permitido explorar la intersección entre el arte y los objetos cotidianos. En Corea, de niña, aprendí las técnicas de la pintura porque desde que recuerdo quería ser artista. No estaba segura de qué medio elegiría, pero estaba decidida a dedicarle mi tiempo y mi energía al arte. Cuando era joven me sentía atraída por el arte clásico, como las pinturas impresionistas, pero a medida que me convertía en adolescente y en una mujer joven, realmente quise explorar el arte contemporáneo y crear instalaciones. Tal vez la cerámica sea sólo otro paso en mi propio viaje de investigación creativa».
A su puerta, sus amigos llegaron primero. Querían llevarse a casa las piezas que les mostraba. A continuación, los desconocidos. En femenino. A través de Instagram, se ponían con ella en contacto «mujeres de unos 40 años». La ceramista comenzó a recibir peticiones con remites de todos los continentes. El ritmo establecido en su taller no la asfixia. Es la arcilla la que lo establece. Cada pieza debe soportar la espera del secado. «Trabajar con las manos proporciona una sensación extraordinaria. Hacerlo con elementos como la arcilla es especialmente satisfactorio. Provoca un efecto calmante que permite que cada uno se ajuste mejor a sus propios ritmos naturales, aunque sea de forma temporal».
El 25 y el 26 de mayo, la cerámica de la surcoreana cruzó los Pirineos. En Pott Gallery, en la madrileña calle de San Hermenegildo, sus jarrones abandonaron la pantalla y se presentaron por primera vez en España. Durante la joven feria de cerámica, que desde 2023 aspira a acoplar el arte y la decoración con «precios asequibles», su nombre se mezcló en el cartel con los de Philip Kupferschmidt o Virginie Pernot. La rugosidad de las piezas de Ini Ceramique quedó al alcance de la mano. Sin que, por primera vez, importunara a las yemas de los dedos el vidrio táctil de Instagram.



