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Llegó a Australia con la idea de estar sólo unos meses y aprender inglés: consultora en LLYC (antes Llorente & Cuenca), resultaba básico en una empresa con muchas cuentas extranjeras «y sabía que viajar a Reino Unido no serviría, porque ya había vivido esa experiencia», explica Marta Caparrós. Australia le pareció la mejor opción y con 20 años y más ilusión que dinero se cruzó el mundo amparada en una excedencia laboral. «Llevaba una guía de granjas en el bolsillo, quería conocer el país trabajando de granjera a cambio de comida y alojamiento», recuerda. Así recorrió la costa este hasta Byron Bay, el pueblo donde vive Elsa Pataky. Y sus planes cambiaron: «Me enamoré del sitio locamente y el cuerpo me pidió quedarme», explica. Para ello buscó un trabajo más estable, en una de las casas de la zona: «Limpiar, cuidar niños..., así me convertí en personal assistant de la familia», dice. Se le daba tan bien que pronto tuvo las llaves del resto de casas de la misma calle, y la idea de volver a su trabajo en España quedó en el olvido. «Recuerdo esos años como la mejor época de mi vida, pero aun así me faltaba algo», apunta. Lo encontró en la escuela de idiomas del pueblo, cuando el director le propuso dar a conocer sus cursos a otros españoles que, como ella, quisieran emprender la aventura de hacerse bilingües. De ahí surgió en 2012 YouTooProject, hoy una de las agencias líderes en movilidad estudiantil y un negocio de éxito (facturan 400.000 dólares al mes) presente también en Nueva Zelanda, Canadá, Malta, Dubái e Irlanda, que ha atendido a más de 30.000 estudiantes y al que apoyan figuras como Ona Carbonell y, entre otras marcas, Emirates, Hawkers e Infojobs.
- ¿Cómo se pasa de promocionar la escuela de Byron Bay a YouTooProject?
- Todo empezó por el grupo de Facebook que tenía, con muchos seguidores. Contaba mi día a día en el país y un día colgué los programas de los cursos de la escuela del pueblo, porque me parecieron interesantes. Fue en ese momento cuando el director me ofreció una comisión, mayor de lo que entonces era mi sueldo semanal, por cada estudiante que se matriculara en el colegio, así que empecé a implicarme en difundirlos. Después los chicos que me seguían me preguntaban por otros cursos, en otras localidades de Australia, en Sídney, Melbourne... Querían información, así que busqué escuelas allí que les puedieran interesar. Y así, poco a poco, fue surgiendo la red.
- Tu oficina inicial fue el garaje de la casa donde trabajabas, como Bill Gates...
- Sí, pero no he llegado al mismo sitio que él (ríe). El padre de esa familia y el director de la primera escuela me fueron guiando al principio del negocio: me ayudaban con el papeleo, el banco, los abogados... Era complicado para mí hacerlo sola, porque aún no tenía la residencia permanente.
- ¿Cómo se triunfa en un sector dominado por grandes compañías?
- Fui pionera en crear una agencia online y me diferenciaba que los competidores vendían desde España la experiencia de Australia, pero no la vivían.
- ¿Y eso en qué se traduce?
- En lo que nos hizo despegar: a los estudiantes les daba miedo estar solos tan lejos de sus casas, sin saber el idioma y sin nadie en quien poder apoyarse. Pero yo los recibía y les ayudaba con todo, desde pedir wifi o una tarjeta Sim a abrir una cuenta en el banco. Ahora eso se ha convertido en nuestro servicio de local advisor, siempre hay alguien contigo que te acompaña y te dice hacia dónde ir cuando lo necesitas, es la diferencia.
- ¿Conocías personalmente a todos los estudiantes?
- En aquella época sí. Este es un pueblo pequeño, éramos pocos y hacíamos pandilla; ahora Byron Bay ha crecido mucho.
- ¿Has cambiado el pueblo?
- Sí, mucho. Tanto, que al principio hubo alguna reticencia por parte de los vecinos...
- ¿Te gustaría abrir sedes físicas?
- Soy férrea defensora del teletrabajo. Quizá tenerlas fuera mejor para el equipo, pero nunca para el estudiante. Y no lo veo a futuro: mis clientes dentro de una década están cumpliendo ahora 10 años, no estoy segura de que para entonces quieran hablar con una persona al gestionar un trámite, ni mucho menos pisar una oficina.
- ¿Cómo es posible facturar tanto dando un servicio gratuito?
- Por las comisiones de los centros.
- ¿El momento más duro?
- El cierre de fronteras por un cambio en la política migratoria australiana fue devastador. Dependemos mucho de ese tipo de factores políticos y sociales. Con la pandemia crecimos muy rápido, llegamos a ser 150 personas y triplicamos facturación. Fue demoledor vernos obligados a reducir personal. Ahora somos una empresa más pequeña, pero más feliz.
- ¿Cómo es ser vecina de Elsa Pataky?
- Nos cruzamos algunas veces por el pueblo. Pero, la verdad, aquí ella y Chris tienen una vida muy normal y tranquila, y todos respetamos mucho su privacidad.
- ¿Dónde enviarás a tus hijas a estudiar?
- Como a todos los australianos, a ellas también les encanta Europa, así que querrán ir a Londres.
- ¿Te ves de nuevo en España?
- La verdad es que no. Voy mucho, de vacaciones y a ver a la familia. Pero mi vida está aquí. Y ya no puedo con los horarios españoles, me es imposible acostumbrarme a eso de hacer todo tan tarde.
- ¿Recomiendas a otros jóvenes tu experiencia, ponerse las botas de granjera?
- Sí, totalmente. Es un aprendizaje que resulta impagable. Debería ser obligatorio vivir un año en el extranjero, es el mejor máster.

