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Paula Felstead, la directiva a quien la dislexia aupó a lo más alto: "No destacaría en un aula convencional ni siquiera hoy en día"

Muchos de los grandes expertos que mueven los hilos en el sector tecnológico tienen perfiles neurodiversos. Como el de Paula Felstead, la niña que no conseguía aprobar en el colegio que hoy se ha convertido en una de las directivas más top gracias precisamente a la condición que se lo impedía, la dislexia.

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Paula Felstead, la directiva a quien la dislexia aupó a lo más alto: "No destacaría en un aula convencional ni siquiera hoy en día"

Paula Felstead es una de las directivas más top del momento. Directora de Tecnología, Datos y Fusiones y Adquisiciones de HBX Group, es una mujer que se mueve como pez en el agua en la industria tecnológica, históricamente un campo dominado por los hombres, "debido a percepciones arraigadas por ambas partes y a que las influencias sociales sugieren que es un mundo masculino", explica. No para ella, que dirige un equipo de más de 550 personas de perfiles muy diversos: "Unos 300 son ingenieros técnicos, pero también hay científicos de datos y equipos dedicados a funciones no relacionadas con la ingeniería", explica. El suyo tampoco es un perfil habitual, Paula Felstead tiene dispraxia y dislexia, una condición que lejos de lastrar su carrera la ha lanzado a lo más alto y que ella considera toda una ventaja en su sector. Licenciada en Informática por la Universidad de West London, ha desarrollado una perspectiva única que le ha permitido también liderar equipos en multinacionales como Visa o Barclays.

"Las mujeres en tecnología necesitamos tener un delicado equilibrio de confianza, adaptabilidad y resistencia en un entorno que no se ha diseñado pensando en nosotras. En el lado positivo, a lo largo de mi carrera he encontrado personas que se han tomado el tiempo de explicarme las cosas de un modo que no habrían hecho si yo fuera un hombre. En el negativo, a veces mis ideas no han tenido la misma autoridad que si las hubiera expresado un compañero", asegura. No obstante, se considera afortunada y no siente que se haya enfrentado al temido techo de cristal, "en el sentido tradicional", aunque sabe que sigue siendo muy real para muchas mujeres. "Ahora es más común que nosotras avancemos en tecnología, pero no es algo universal. Puede que haya menos barreras, pero no han desaparecido. Mi experiencia es parte de un cambio gradual en lugar de una norma, y soy consciente de que la equidad de género en tecnología aún está lejos", afirma. También está lejos la inclusión de perfiles neurodiversos en los centros de poder de las grandes empresas, aunque Felstead defiende que en el mundo de la tecnología son "increíblemente valiosos". Mujeres como ella están allanando el camino.

¿Cómo ha sido el camino para llegar a un puesto como el suyo teniendo dislexia?
Ha sido uno diferente, pero no necesariamente más difícil, simplemente ha sido mi propio camino. De hecho, la dislexia me ha dado una ventaja única. Me permite procesar datos e ideas de manera distinta, lo que me ayuda a ver conexiones que otros pasan por alto. Mi cerebro no opera en una línea recta de A a B a C, pero puede saltar de A a E y luego volver a C, lo que me permite conectar los puntos de formas que no son lineales, pero sí efectivas. Este enfoque es increíblemente valioso en tecnología, donde la innovación y la resolución de problemas son fundamentales; de hecho, muchos expertos tienen perfiles neurodiversos.
Pero alguna dificultad añadida habrá...
Sí, la dislexia complica algunos aspectos. En mi caso específico, tengo dificultades con las matemáticas, el mayor desafío, y, a veces, con la lectura. He tenido que desarrollar trucos visuales y herramientas específicas para manejar los cálculos presupuestarios o recordar grandes conjuntos de números. Pero la dislexia me ha beneficiado, me ha ayudado a pensar más allá de lo establecido y a abordar los problemas desde diferentes perspectivas.
¿Qué debe a la dislexia en su trayectoria?
Que ha moldeado mis habilidades de una manera única y a menudo beneficiosa, particularmente en mi enfoque para resolver problemas. Me apasiona identificar y cultivar talentos ocultos, algo que quizá se deba a mi propia experiencia con habilidades que no siempre fueron reconocidas. Como mis talentos estuvieron 'ocultos' durante bastantes años, me interesa mucho ayudar a otros a reconocer su propio potencial. Siempre busco descubrir en la gente de mi equipo lo que quizá aún no se han dado cuenta que son capaces de lograr. Para mí, el liderazgo consiste en ayudar a las personas a ver más allá de sus limitaciones, reconocer sus habilidades únicas y empoderarlas para crecer. Ver el momento en que a alguien se le enciende la bombilla y sus ojos brillan y piensa "puedo hacer esto" es la mejor sensación del mundo. Sabes que esa persona va a dar un primer paso, luego otro y luego otro. Contribuir en ese viaje, aunque sea un poquito, es increíble.
¿Sin esas habilidades distintas habría llegado al puesto que hoy ocupa?
Creo que me han facilitado el camino. Una de las razones por las que estoy en este trabajo es porque me encanta aprender, ver cómo todo encaja y conectar los puntos desde múltiples ángulos. Estoy constantemente reorganizando las piezas desde diferentes perspectivas y creando algo nuevo. Por eso, mi rol siempre ha abarcado más de un área. No soy sólo una tecnóloga; trabajo en estrategia, innovación e, incluso, en ocasiones he manejado funciones legales y de adquisiciones. La dislexia me permite ver todos estos elementos como partes interconectadas del todo.
En cualquier caso, el principio del camino no debió resultar fácil. ¿Cómo le fue en el colegio?
La etapa escolar fue un desafío, porque la forma de enseñanza tradicional no se ajustaba a mi manera de aprender. Cuando me diagnosticaron dislexia, a los 10 años, me cambiaron a un colegio más pequeño, lo cual redujo el tamaño de las clases, pero no resolvió mis necesidades, porque los métodos eran los mismos. En mi boletín de notas, la calificación por esfuerzo siempre era de sobresaliente, pero suspendía en logros; era increíblemente frustrante. Trabajaba duro, pero había una brecha entre mi esfuerzo y los resultados y me sentía constantemente incomprendida. Esto creó un ciclo de autocrítica y frustración. Sabía que era capaz y no entendía qué fallaba. Me sentí aislada, ni los profesores ni mi familia comprendían por lo que estaba pasando, y yo no tenía las herramientas para expresarlo.
¿Con el paso de los años se ha convertido en la alumna más brillante de su clase?
Depende de cómo definamos "más brillante". Siempre he pensado que soy inteligente, pero no diría que soy la "más brillante" en un sentido académico tradicional. Aporto ideas únicas y un enfoque creativo a mi trabajo, lo que añade un valor significativo, pero no destacara en un aula convencional ni siquiera hoy. Mi inteligencia consiste más bien en ver las cosas de otra manera, conectar ideas de formas inusuales y aplicar un pensamiento innovador para resolver problemas.
¿Cómo le influye ahora la dislexia?, ¿sigue suponiendo un esfuerzo añadido o esa etapa quedó atrás?
Sigue siendo parte de mi vida y presenta desafíos ocasionales, especialmente cuando estoy cansada o estresada. También tengo dispraxia, lo que me añade un elemento de torpeza. Acciones simples, como subir escaleras o sostener objetos a veces me requieren una concentración extra. Cuando estoy estresada, soy más propensa a dejar caer cosas o a tropezarme, lo cual es frustrante, pero manejable. Con los años, he desarrollado estrategias y mecanismos que me permiten funcionar de manera eficaz a pesar de estos desafíos. Por ejemplo, uso técnicas de memoria visual para ayudar con la ortografía y la lectura, enfocándome en imágenes de palabras en lugar de en sonidos fonéticos. La dislexia ya no supone una fuente de inseguridad y ya no lucho contra ella, sino que se ha convertido en una faceta de mi identidad con la que he aprendido a trabajar.
Usted es de las pocas mujeres de éxito que ha hecho pública su dislexia, ¿la falta de referentes femeninos es un problema?
Habría sido alentador ver a otras mujeres exitosas con dislexia durante mis primeros años, pero no creo que haya afectado significativamente a mi carrera. Aun así, es importante que haya una mayor apertura y aceptación con respecto a la neurodiversidad. No soy fan de presentar la dislexia como un 'superpoder', pero aprecio que hoy la gente se sienta más cómoda hablando de estas diferencias abiertamente. Es muy útil que los jóvenes vean a personas exitosas que no temen admitir que piensan de manera diferente, ya sea porque tengan dislexia, dispraxia, TDAH... La falta de modelos nunca me ha detenido, pero que aumente la transparencia y el diálogo sobre estos temas es positivo y puede animar a otros a abrazar sus diferencias con confianza.
¿Cuál ha sido el mayor desafío al que se ha enfrentado al liderar la transformación tecnológica de las grandes empresas?
Uno ha sido darme cuenta de que no todos piensan como yo. Con la dislexia, mi mente salta de forma natural a la conclusión rápidamente. Veo el resultado final, aunque no tome el camino típico para llegar allí, y a veces necesito recordarme que debo explicar los pasos que he seguido, reducir la velocidad y explicar mi proceso de pensamiento para asegurarme de que todos lo entienden. Otro desafío importante es el factor humano, si lo ignoras, la transformación fracasa. Gran parte de liderar el cambio tecnológico consiste en asegurarnos de que además de tomar decisiones inteligentes se empodera a quienes van a trabajar con ellas a diario.
¿Los directivos de las tecnológicas siguen siendo los empollones de la clase?
Puede que se nos viera así en el pasado, pero hoy eso está cambiando, porque dedicarse a la tecnología está de moda: se considera fundamental para lograr objetivos estratégicos. No obstante, sigue intimidando a muchas personas, les preocupa no tener la experiencia suficiente.
Del 1 al 10, ¿en qué puesto están las empresas españolas en cuanto a tecnología?
Calificaría a la mayoría de las empresas europeas con un 5; estamos mejorando, pero debemos hacer más. En EE UU se invierte mucho en tecnología y datos, mientras que aquí es un gasto que se mira con cautela. Hay una percepción cultural que trata los perfiles tecnológicos de manera tradicional, casi similar a la contabilidad; se ven como prácticos, pero no siempre se reconoce que la innovación puede transformar realmente una organización.
¿Y qué lugar ocupan las mujeres en este escenario?
La falta de mujeres en roles de liderazgo en estas empresas no es sólo un problema español, sino global. Es raro encontrar líderes femeninas de alto perfil en nuestro sector, incluso en el panorama internacional; inexistentes. La brecha se vuelve particularmente evidente si tenemos en cuenta que incluso Sheryl Sandberg, que ocupó un rol de liderazgo en Facebook, fue directora de operaciones, no de tecnología.
¿Cuál es el principal reto tecnológico al que se enfrenta nuestro país?
La falta de inversión. Durante la pandemia hubo un impulso de digitalización, por necesidad, que ahora se ha estancado. Además, existe una tendencia a ver la Inteligencia Artificial (IA) como una 'solución mágica', sin abordar primero los problemas tecnológicos fundamentales. Pero sin una infraestructura robusta la IA puede complicar las cosas. En muchos casos, simples actualizaciones digitales proporcionarían mejores resultados que invertir en IA sin una base adecuada.
¿La IA supone una revolución tecnológica comparable a la que protagonizó la revolución industrial?
Todavía no. Tiene un potencial inmenso, pero es más una herramienta de mejora que de sustitución. Las capacidades actuales de la IA consisten, en gran medida, en optimizar procesos y apoyar la toma de decisiones humanas más que en transformar completamente las industrias. Se suele pasar por alto que la IA produce la respuesta más común: procesa grandes cantidades de información y te da la solución promedio, ni la peor, ni la más creativa, sino la media. Por eso si una empresa quiere destacar no puede confiar únicamente en la IA, para obtener soluciones únicas y sobresalientes el toque humano sigue siendo esencial.
¿Y cómo va a transformar nuestros trabajos? ¿Cuáles van a ser los más demandados por las grandes empresas?
En los próximos años, los empleos más demandados serán los relacionados con datos, las empresas dependen cada vez más de ellos para tomar decisiones y optimizar procesos. Es probable que se automaticen los que implican la introducción repetitiva de datos o tareas sencillas. No significa que esas funciones vayan a desaparecer, sino que evolucionarán: los empleados podrán dedicar sus esfuerzos a cosas más complejas o a tareas estratégicas, a actividades de más valor. No se eliminarán funciones como la atención al cliente, ya que siempre será necesaria la interacción humana, especialmente en situaciones de riesgo.
¿La tecnología es decisiva para luchar contra el cambio climático y las catástrofes que parece traer asociadas?
Sí, con el enfoque correcto, es una poderosa herramienta, pero hay que elegir los tipos adecuados. Más allá de las aplicaciones tradicionales de datos e IA, hay mucho potencial en campos como las energías renovables, la captura de carbono y los vehículos impulsados por hidrógeno. Por ejemplo, las innovaciones que sustituyen a los motores de gasolina o reducen las emisiones industriales pueden tener un impacto real en los objetivos climáticos. Sin embargo, debemos ser conscientes de los costes medioambientales de algunas; es una cuestión de equilibrio: tenemos que invertir en las que aborden directamente esos retos y, al mismo tiempo, garantizar que nuestras propias prácticas tecnológicas sean sostenibles.

A largo plazo, cuando se jubile, le gustaría "apoyar iniciativas para personas con dislexia y neurodiversidad, animar a quienes enfrentan retos similares a ver sus puntos fuertes". También le encantaría dedicar más tiempo a actividades creativas: "Siempre me ha apasionado el arte y quiero explorarlo a fondo una vez me aleje de la vida empresarial", concluye.