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La primera vez en la Historia que aparece registrada por escrito la palabra "caserío" (eso sí, en femenino) fue en 1285 y se refería a este lugar, Nafarrola Erdikoa ("la tierra de los navarros del medio" en euskera), una antigua construcción levantada a base de gigantescos robles y piedras de las canteras locales en Artike, el barrio rural en el que se concentraban los molinos areneros de Bermeo, considerado uno de los pueblos más bonitos de la costa vasca, a 35 kilómetros de Bilbao y en plena Reserva de la Biosfera de Urdaibai, un tesoro nacional de 22.000 hectáreas con una biodiversidad única.
Allí, entre estuarios, bosques, marismas, encinares, playas y promontorios de roca viva, se encuentra este rincón perdido en medio de la naturaleza más bestial al que aludió el cronista López Díaz de Haro, perteneciente a la saga titular del señorío de Vizcaya, en el siglo XIII. Una placa en la entrada del que ahora es el hotel gastronómico Nafarrola recuerda aquel hito, desconocido para Josu y Gaizka Goikoetxea, los hermanos al frente del legendario edificio, cuando lo adquirieron en 2018.
Fue el arquitecto que dirigió las obras quien les avisó del hallazgo. "¿Pero no sabéis lo que habéis comprado?", les espetó. Pues no, ni idea. "Buscábamos un espacio en el que desarrollar nuestro proyecto de hospitalidad íntima en el que conectar con el entorno y demostrar que se puede hacer otro turismo, viviendo el lugar, involucrándote en su día a día, haciéndote sentir algo diferente... y éste era el sitio", explica Josu, antes ingeniero y ahora director de este hotel-paisaje (sí, de esos integrados a la perfección en la naturaleza) sostenible (Gaizka se encarga de la cocina), aunque él prefiere considerarse el anfitrión de su casa —realmente es así: vive en un anexo junto a su mujer y su niño— y del destino en el que se sitúa.
"No damos una llave y una habitación y ya. Tratamos a cada huésped de forma personal para que sea feliz aquí", añade mientras da la bienvenida a este refugio boutique que todavía conserva la madera y la roca originales como tributo al pasado donde los elementos naturales se cuelan en cada esquina.
Del luminoso hall en tonos neutros a la terraza con vistas a los verdísimos pastos cuajados de vacas y ovejas o las ocho habitaciones con nombres como Eguzkia (sol) o Ilargia (luna), varias abuhardilladas, cuyos enormes ventanales —algunos en el techo para contemplar el cielo desde esa envolvente cama que cuesta abandonar— miran al Cantábrico o las laderas boscosas.
Dentro de cada dormitorio el confort de la esencia rural lo aportan la piedra vista de las paredes, las enormes vigas en lo alto, la chimenea de diseño o la bañera de hidromasaje, lista para darse un homenaje relajante. Quien prefiera practicar yoga o pilates tiene una esterilla ad hoc.
Pasamos a capítulo culinario del restaurante Rola de la mano de Gaizka, que ha diseñado un menú para comerse literalmente el Norte, Ecosistemas de Urdaibai, "un viaje a través de los paisajes de la Reserva de la Biosfera de forma que cada pase traslada a un escenario, ya sea el mar, el monte, el río o la huerta", como señala el propio chef, formado en Zuberoa, el que fuera icono de la cocina vasca. Ejemplos: de la yema de huevo ecológico, hongo confiado, chips y emulsión de foie del plato titulado Buscando setas encontré un huevo a los guisantes lágrima con brandada de bacalao y papada ibérica de Desde la tierra.
La lista continúa con la vieira asada con crema de crustáceos de La marea viene y la marea se va, la lubina con su colágeno en salsa de begihandi de Una riña bajo el mar o el pichón con nabo relleno con sus higaditos de De paseo por las cumbres. No faltan los quesos de Urdaibai y Navarra de La hipótesis de nuestro nombre ni postres como la piña macerada con helado de hierbaluisa y leche de coco.
Y todo, acompañado de una selección de vinos de entre las 200 referencias que contiene su bodega y de un elegante cuaderno de viaje que no sólo cuenta la historia del caserío, sino que también aporta recomendaciones de lugares para visitar y detalla los proveedores locales que lo surten: de las anchoas de Karmelo Toja a las frutas y verduras de Izaskun & Joseba, la Ternera Baserri o la vajilla de cerámica del artesano Vicente Alcaide.
Incluso es posible conocer la labor de la mayoría de estos trabajadores in situ, ya que otro de los puntales de Nafarrola es la organización de experiencias para descubrir la identidad de la zona, a las que se sumaría una cata de txacolís (la carta de Rola ofrece más de 30), un masaje en el bosque o una visita privada al Museo Guggenheim de Bilbao.
Más información. Hotel Nafarrola. Barrio Artike, 45 (Bermeo, Vizcaya). Internet: nafarrola.com Consultar precios y paquetes en la web.
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