EUROPA
Historia

En el búnker nuclear secreto escondido bajo un hotel en el corazón de Praga

Parece sólo un alojamiento más, pero el Jalta checo oculta uno de los misterios mejor guardados durante la Guerra Fría en el bloque soviético.

Armas expuestas en el búnker nuclear de Praga
Algunos de los fusiles expuestos en el búnker nuclear de Praga.Fotos: J. L. M. V.
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Año 1953, Praga, capital de Checoslovaquia. Unos obreros comienzan la reconstrucción de un edificio en la plaza de Wenceslao, una de las mayores del país y tal vez la más simbólica para su historia. Bajo el mandato del presidente Antonín Zápatocký, el objetivo oficial es levantar un hotel en el hueco que dejó por error un bombardeo aliado durante la II Guerra Mundial. Lo que pocos saben es que en esa finca, bajo tierra, se fragua uno de los mayores secretos de la Guerra Fría: la construcción de un búnker antinuclear.

Año 2013, Praga, capital de Chequia. Jirí Paldus, representante de la Asociación de las Fuerzas Armadas checoslovacas, una organización de aficionados sin ánimo de lucro, contacta con la dirección del Hotel Boutique Jalta, la tapadera del secreto militar checo que ha permanecido en funcionamiento de forma ininterrumpida durante todos estos años. Le explica su objetivo: habilitar las salas del búnker, que desde hace décadas sólo sirven de almacén, y convertirlo en el Museo de la Guerra Fría.

Así nació uno de los mayores puntos de interés en Praga, una forma de conocer la historia reciente del país bajo tierra. Porque no se trata exclusivamente de visitar la estructura de hormigón reforzado. Cuando llegaron los miembros de la Asociación que gestiona el museo encontraron un lugar vacío. "Sólo había unos planos con las vigas y la distribución del espacio en unos documentos con el sello Top Secret".

Aspecto del hotel en una imagen de los años 50.
Aspecto del hotel en una imagen de los años 50.

Lo que han hecho los responsables del Museo ha sido convertirlo en un escaparate de objetos relacionados con la vida tras el Telón de Acero, centrada especialmente en el aspecto militar, lógicamente.

Desde el hall del hotel Jalta hay que tomar un ascensor para descender, acompañados de la guía, perfectamente uniformada como miembro del ejército checo. La primera sala visitable es la enfermería, un pequeño hospital de campaña donde los ocupantes de este fortín podrían ser atendidos. Todo el material es original, recuperado de antiguas instalaciones, y la verdad es que observarlo da cierta aprensión. Esta pequeña habitación tiene uno de los secretos del búnker: una gatera a la que se accede a cuatro patas para acceder a la vía de escape del búnker, enfrente del hotel, justo en medio de la plaza de Wenceslao.

Contigua a la enfermería está la sala de filtros, fundamental para evitar el paso de la contaminación, con sus generadores eléctricos y también uno manual, para que el recinto pudiera tener la energía suficiente incluso en caso de apagón total. Cerca están las máscaras antigás, también imprescindibles en caso de ataque.

Panel que recoge la distribución de las armas nucleares durante la Guerra Fría.
Panel que recoge la distribución de las armas nucleares durante la Guerra Fría.

Pero, ¿quiénes serían los elegidos en caso de ataque nuclear al entonces denominado bloque soviético? Por ejemplo, los generales del Pacto de Varsovia en sus visitas a Praga, que casualmente siempre eran alojados en el hotel Jalta, a sólo unos tramos de escaleras de un refugio seguro. También autoridades civiles y militares del régimen. En total, podría acoger hasta 150 personas durante dos semanas, dadas sus dimensiones y su disponibilidad de agua y alimentos. Por fortuna, nunca fue utilizado.

Un panel con el mapa de la entonces Checoslovaquia recuerda que el peligro de guerra fue muy real. Distintas bombillas marcan sobre el terreno la disposición de fuerzas terrestres y aéreas del ejército checo y del soviético. Y también las armas nucleares desplegadas, especialmente próximas a la frontera con la República Federal Alemana. ¿Qué pensarán los habitantes de esas ciudades alemanas cuando visiten este sitio y vean lo cerca que tuvieron el fantasma nuclear?

Una de las salas que más éxito tienen entre los visitantes, siempre en grupos reducidos debido al espacio, y con explicaciones en checo, alemán o inglés, es la de armas de guerra. Algunos morteros, lanzallamas, y también pistolas de fabricación checa (la industria armamentística checa es bien conocida desde hace décadas). Incluso brindan la oportunidad de coger un AK-47, el kalashnikov soviético, y también su equivalente checo, el Vz.58, para hacerse una foto de recuerdo empuñando alguno de estos fusiles de asalto.

En la habitación de los espías se recrea cómo el servicio de Inteligencia checo espiaba a los invitados y demás ocupantes de las habitaciones. De hecho, en el hotel recuerdan que la mayoría de los altos cargos occidentales que visitaban Praga durante la Guerra Fría acababan por un motivo u otro en su establecimiento... Pero también se espiaba a los amigos rusos.

Los servicios de espionaje también eran los encargados, en muchos casos, de buscar a disidentes, y se muestran los métodos expeditivos que tenía el régimen comunista para interrogarlos. Cerca de ahí, uno de los aparatos más valiosos para los propietarios del museo: una máquina télex, el precedente del fax, para facilitar las comunicaciones con el exterior.

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