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"La reina prefiere no comer ostras". Es una de las advertencias que recibieron en el hotel Excelsior de Dubrovnik, el número uno de la bella ciudad al sur de Croacia —o "la perla del Adriático" y "el cielo en la Tierra", como la apodaron los literatos Lord Byron y Bernard Shaw con motivos de sobra—, cuando se alojó en él uno de sus huéspedes más ilustres, Isabel II de Inglaterra. Lo hizo en 1972 durante una viaje oficial. Y hubo más acotaciones al menú de cinco platos de la cena de bienvenida: "ok" al pescado, "pero no demasiado". Y "vino, sí".
También se la debía recibir con dos ramos de flores tanto a la llegada como en la despedida de este emblemático alojamiento inaugurado en 1913 en lo alto de un acantilado —tiene acceso directo a ese mar turquesa, con solarium incluido—, por lo que goza de una vista privilegiada sobre el coqueto casco antiguo, Patrimonio de la Humanidad, y su muralla de dos kilómetros, entre las mejor conservadas del planeta.
Pues bien, los detalles de la estancia de la monarca no son simples chascarrillos. Qué va. Todo lo que hizo quedó registrado por escrito en el Archivo Estatal, creado en el siglo XIII, aunque custodia documentos anteriores, como la Bula del Papa Benedicto VIII de 1022 que elevó el estatus de la entonces república de Ragusa (llevó ese nombre durante cuatro siglos hasta la invasión de Napoleón en 1808) a urbe oficial.
La propia regente visitó el edificio en el que se ubica el archivo, el Palacio Sponz —ha sido de todo: escuela, armería, banco, casa de la moneda, aduana...— durante su paseo por el centro. Éste continuó en la Torre del Reloj, el Palacio del Rector —donde los gobernadores se turnaban ¡cada 30 días! para mandar—, la catedral, el Museo Marítimo o la refinada calle principal (Stradun), llena ahora de restaurantes y comercios.
También entró en la farmacia del monasterio de San Francisco, Mala Braca, la más antigua de Europa que sigue en funcionamiento, al datarse de 1317. Ojo, porque dicen que ahí dentro elaboran una pócima mágica a base de rosas que quita 10 años de golpe. Lo que no sabemos es si la reina probó el ungüento de vuelta al Excelsior.
Sí está claro que no ha sido la única celebridad que ha pisado este cinco estrellas perteneciente a la exclusiva cadena local Adriatic Luxury Hotels (ALH). De Elizabeth Taylor y su inseparable a ratos Richard Burton a Roger Moore, Aristóteles Onassis, Ted Kennedy, Margaret Thatcher, los Beckham, Morgan Freeman, Francis Ford Coppola, Nicolas Cage, Kevin Spacey, Leonardo di Caprio...
Muchos de ellos disfrutarían de sus elegantes habitaciones y suites (158) en tonos terrosos en gris y nogal combinados con azules y verdes, del spa mirando al mar, de las vieiras gratinadas con queso de oveja, la lubina al horno o las deliciosas ostras (aunque no las quisiera Isabel II...) del chef Petar Obad en el restaurante Sensus o del atardecer más impresionante de Dubrovnik desde la terraza Abacus, el punto de encuentro más sibarita del verano. Y de cualquier época, ya que la media anual es de 22º por estos lares.
Protegido por la Unesco, en 2017 se acometió una reforma integral en el hotel para seguir siendo un icono y el refugio perfecto de tantos nobles, intelectuales, políticos y artistas, a quienes se puede ver en su particular Galería de la Fama, en el Abakus Piano Bar. No en vano, buena pertenece al universo del cine o la televisión, ya que este atractivo destino de la costa dálmata de 41.000 almas también ejerce de escenario de exitosas producciones como Episodio VIII: Los últimos Jedi de Star Wars, Robin Hood o varias cintas de James Bond.
Pero la que se lleva la palma es Juego de Tronos. Sus fans reconocen de inmediato la Fortaleza Roja en el fuerte de San Lorenzo, el Paseo de la Vergüenza en la escalinata de la iglesia de San Ignacio o la bahía de Aguas Negras en la de Pile, que también da nombre a una de las monumentales puertas de entrada a la ciudad desde 1537. Sin olvidar las murallas desde las que Varys y Tyron planean la defensa de Desembarco del Rey. De ahí que los tours guiados, los restaurantes temáticos o las tiendas especializadas centradas en los Siete Reinos afloren por cada esquina.
Es más, una ruta por los escenarios de la serie permite dar cuenta de gran parte del casco antiguo, donde se agolpan joyas arquitectónicas góticas, barrocas y renacentistas, obra de los diferentes colonizadores. De los romanos a Venecia, el Imperio Bizantino, con quien negoció la paz a cambio de un tributo anual —una delegación viajaba a Constantinopla para efectuar el pago y se quedaba como rehén 12 meses hasta que llegaba la siguiente—, o Napoleón.
Su posición estratégica en los Balcanes, entre el Mediterráneo y Oriente, llevó a Ragusa a ser una potencia comercial. "Antes de entrar, mercaderes y marineros debían pasar la cuarentena en los lazaretos, naves dedicadas al aislamiento para evitar epidemias", relata la guía Zrinka Cvitanovic frente a estos bloques del puerto reconvertidos en centros culturales, cafés, sedes de coworking y tiendas de artesanía o moda independiente.
A la zona, ubicada justo antes de acceder al recinto amurallado, se la llama Barrio Creativo de Lazareti y en él hay cabida para conciertos, bailes folclóricos como el lindjo, talleres artísticos, exposiciones.... Es más, es uno de los escenarios urbanos del Festival de Verano (del 10 de julio al 25 de agosto), que ofrece espectáculos de música (de la clásica al jazz), teatro y danza.
Tras atravesar la histórica puerta de Ploce y su puente levadizo, es San Blas, patrón de la ciudad, quien recibe al viajero desde su iglesia. Al momento, un golpe de cruenta realidad le asalta al toparse con un plano con los daños provocados por el ejército yugoslavo durante la Guerra de los Balcanes, que afectó a 11.425 edificios. Dubrovnik sufrió un asedio que la dejó sin agua ni luz durante seis meses (del 1 de octubre de 1991 al 30 de mayo de 1992), apiñada su población en apenas cuatro km2. Todo se narra en el Museo de la Guerra de la Independencia, en la colina de Srdj, con testimonios en primera persona, fotos, vídeos, mapas, trajes de soldados, proyectiles, granadas...
Dejamos atrás este feroz episodio de la historia reciente de Croacia para continuar el paseo entre callejuelas medievales, estrechas cuestas salpicadas de balcones floridos con su ropa tendida al sol, inquebrantables muros de piedra y sí, bastante turista. Pero el Gobierno local ha sabido reaccionar con medidas para mantener su encanto e identidad como la reducción de cruceros, las reservas digitales para evitar aglomeraciones y el fomento de restaurantes y alojamientos sostenibles. "Incluso se intentaron prohibir las maletas de ruedas por las calles empedradas para evitar ruidos y destrozos en el suelo", comenta Cvitanovic, pero el plan duró medio telediario.
También se promueve la dispersión de los lugares de interés. Como ejemplo, uno de los mejores restaurantes de todo el país, Vapor, se encuentra extramuros, en el hotel de diseño Bellevue, escondido en una paradisiaca cala sobre un acantilado de Miramare Bay, a 10 minutos del centro, por lo que es un gusto que se cuele el aroma a salitre por sus gigantescos ventanales.
Recomendado por la Guía Michelin y especializado en mariscos y alta cocina mediterránea moderna, su chef Mate Matic es una eminencia que hace "magia". "Es muy fácil; sólo necesitas varios ingredientes", resume como lema. Así salen platos como la cola de langosta con buzara, salsa tradicional de Dalmacia que acompaña a los pescados, o el taco de cordero con patata dulce confitada. "Queremos que cada huésped se sienta especial y feliz, por lo que nos adaptamos a sus deseos. Nos hemos permitido ser creativos utilizando los mejores alimentos y especias de aquí", añade Matic. Quien desee un homenaje tiene un menú degustación de siete pases y una carta de 180 vinos, muchos del condado de Dubrovnik-Neretva.
Continuamos a golpe de arte y diseño, términos ligados a la urbe desde el Medievo, cuando se la llamó la Atenas eslava. Hoy, se traduce en numerosas galerías, museos como el de Arte Moderno, con un acopio de casi 3.000 obras, y afanosos artesanos que trabajan como antaño la filigrana, el encaje o la seda. Un ejemplo sería Croata, una preciosa tienda-taller de corbatas premium en la calle Pred Dvorom. Dato a tener a cuenta:este país inventó dicho atuendo. Y, en concreto, los mercenarios locales que iban a Francia en el siglo XVII luciendo un trozo de tela anudada al cuello, kravata. Tanto gustó a los galos el estilismo que se lo apropiaron, transformándolo en su cravate (corbata).
La siguiente propuesta artesanal invita a descubrir Clara Stones, donde elaboran joyas de alta gama con coral rojo del Mediterráneo, "extraído a entre 60 y 130 metros de profundidad por expertos en buceo extremo", señala Anja Mucic, alma mater del proyecto junto a Vittorio Cecarini. Han colaborado con las más prestigiosas firmas internacionales y en su atelier hay piezas de 40 a 15.000 euros. "Luego tenemos piezas de colección de 60.000 euros", afirma mientras muestra sus tesoros.
Nos trasladamos a Cavtat, un agradable pueblo a 18 kilómetros de Dubrovnik, para ahondar en la huella creativa de la zona, ya que el hotel boutique Supetar, otro retoño de la cadena AHL de sólo 21 habitaciones, es el artífice del programa Art in Residence, que promueve el desarrollo del arte local integrando la cultura en sus instalaciones.
En estos momentos, es la pintora Klara Knego (30 años) la que expone Dubrovnik in blue, una serie que escenifica seis rincones de su ciudad en azul: de Stradun a la catedral o el puerto. Sólo se permite el uso del rojo en algún detalle como los clásicos tejados de la metrópoli.
El objetivo es el mismo, como ella misma explica: "transmitir la relación entre el entorno y la memoria personal". Se puede disfrutar hasta el 8 de julio en el hall, donde también se encuentra una réplica de los pendientes encontrados durante las obras de construcción del hotel, localizado sobre los restos del asentamiento romano de Epidaurum, de los siglos IIy III.
En aquella época se construyó un viaducto para traer agua desde Konavle, la bonita zona rural de la comarca de Dubrovnik donde acabamos la ruta de la mano de AR Atelier y su impulsora, Antonia Ruskovic, experta en bordados y seda que organiza talleres para que estos saberes no se pierdan. "La guerra impidió que la gente mantuviera estas tradiciones porque estaban centrados en sobrevivir. Ahora, es su momento", concluye esperanzada entre fajines, encajes, cuellos del siglo XIX e infinitos gusanos de seda.
GUÍA PRÁCTICA
CÓMO LLEGAR
Iberia tiene vuelos directos a Dubrovnik desde España.
DÓNDE DORMIR
Excelsior (adriaticluxuryhotels.com). Protegido por la Unesco y abierto en 1913, está considerado el mejor hotel de la urbe.
Bellevue. Diseño y lujo sobre una cala paradisiaca. Alta cocina mediterránea en el restaurante Vapor.
Supetar. Hotel boutique de 21 habitaciones en Cavtat. Artífice del programa cultural 'Art in residence'.
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