EUROPA
Grecia

La isla de los atardeceres más bellos del mundo que bien pudo ser la Atlántida

Nacida de una de las mayores erupciones volcánicas de la historia, los acantilados, paisajes, fiestas y resorts a pie de playa de Santorini, una de las Cícladas, invitan al hedonismo. Por si fuera poco, Platón situó allí la legendaria ciudad perdida.

Las míticas cúpulas azules de Santorini.
Las míticas cúpulas azules de Santorini.SHUTTERSTOCK
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La tierra tuvo que romperse varias veces (y explotar como nunca) para que surgiera Santorini, una de las islas más hermosas, sorprendentes y originales del mundo. Dan fe de tanto adjetivo su curiosa forma de media luna (o cruasán) desparramada sobre el Egeo, sus pintorescos pueblos blancos asomados a acantilados de vértigo, sus calas de paredes verticales y arenas rojas, negras o blancas en función del antojo geológico del lugar, sus atardeceres de escándalo, sus fértiles viñedos, sus cuevas encaladas, sus molinos de viento, sus hoteles de lujo... y sus volcanes, claro.

No en vano, este prodigio de la naturaleza dividido en tres pedazos por la ira de uno de ellos nació de una de las mayores erupciones de la historia, la que tuvo lugar hace 3.500 años a. C., anticipada por un seísmo y continuada por un tsunami que aniquiló la avanzada civilización minoica que poblaba estos lares, suspendidos sobre el archipiélago griego de las Cícladas. Ni un esqueleto humano se encontró bajo las cenizas (sólo sobrevivieron algunas especies de caracol, lagarto y serpiente), "que se elevaron más de 30 kilómetros sobre el cielo, con un estruendo que se escuchó en Escandinavia", afirma el guía George Loizos.

La llamada playa Roja de la isla.
La llamada playa Roja de la isla.I. G.

Por algo se piensa que el mismísimo Platón situó aquí, "más allá de las columnas de Heracles", la legendaria y perdida Atlántida, protagonista de sus diálogos de Timeo y Critias. Numerosos estudios posteriores han confirmado su teoría, reivindicando la existencia de aquel reino paradisiaco, poderoso y culto, como lo describía el filósofo. Por eso, tampoco sorprende que muchos viajeros vengan con ganas de resolver el enigma, además de darse un baño en sus playas de tez volcánica, pegarse una fiesta en sus beach clubs, hartarse de donuts sin agujero bien empapados en miel (lukumas), apuntarse un trekking entre calderas y marcarse un selfie, carne 100% de Instagram, con las míticas cúpulas azules de las iglesias asomando a lo lejos.

Antes de todo eso, y para entender la idiosincrasia de esta tierra, hay que recorrer el yacimiento arqueológico de Akrotiri, origen de la leyenda de la Atlántida y uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes de Europa. Es más, se lo considera "la Pompeya de la Edad de Bronce". Un recorrido por esta ciudad prehistórica, Patrimonio Mundial de la Unesco y cubierta por un techo bioclimático para su correcta conservación, permite conocer lo opulenta que fue, con desagües, canalizaciones, una plaza central triangular, villas de lujo de dos y tres pisos, coloridos murales de monos azules —hoy, una popular cerveza artesanal isleña se llama así, Blue Monkey—, niños con cola de pez y mujeres con mechones de pelo en forma de serpiente y labios carmesíes, vasijas para almacenar vino, aceite y cereales...

El yacimiento arqueológico de Akrotiri.
El yacimiento arqueológico de Akrotiri.I. G.

Eso sí, cuando Platón descubrió su historia, el nombre de la isla no era Santorini, sino Thera, por aquello de rendir homenaje al fundador de los dorios, una de las primeras tribus vinculadas con la Grecia antigua, Teras. Antes se denominaba Kallisté, cuya traducción no es otra que "la más bella". El apelativo actual, sin embargo, viene de los mercaderes venecianos que recalaron bajo el mandato de la Serenísima durante la Edad Media. Santa Irene la llamaron para pasar luego a Santo Rini y, finalmente, a Santorini.

De 'beach club' a hotel

Sea como sea, hoy es sinónimo de turismo de lujo (demasiado en temporada alta), días de sol y champán y puro hedonismo. Antes de comenzar el recorrido, elegimos una buena base de operaciones, el Nikki Beach Resort &Spa, uno de los cinco hoteles (pronto serán siete) repartidos por el planeta de la icónica marca que revolucionó el concepto de beach club hace justo 25 años. Entonces, la pareja formada por los empresarios Jack y Lucía Penrod decidió apostar por un chiringuito de playa premium para vivirlo de día. La idea estaba clara: "Hemos enseñado al mundo a disfrutar de una comida de cuatro horas frente al mar y a beber champán descalzos en una hamaca mientras suenan los mejores dj's y bailas en la piscina o en la playa", asegura la parte femenina del tándem.

Piscina del Nikki Beach Resort & Spa.
Piscina del Nikki Beach Resort & Spa.Nikki Beach Hospitality Group

Eso sí, el exitoso negocio surgió de una desgracia, la muerte en un accidente de tráfico de la hija de Jack, Nikki, lo que le motivó a abrir un auténtico jardín del ednién mirando al mar en pleno Ocean Drive (Miami). Al principio, sólo venían conocidos, muchos de ellos celebrities (el lema era y sigue siendo ése: "díselo sólo a tus mejores amigos", además de "celebrando la vida"), pero tanto gustó que decidieron convertirlo en un café y luego en un day club (club de día) de lujo. Hoy, cuentan con 12 por el planeta (España es el único con tres, en Marbella, Mallorca e Ibiza y pronto se unirán dos en Azerbayán y Omán), a los que se suman hoteles como éste de Santorini, ubicado a pie de playa, la de Monolithos, de arena negra, aguas cristalinas y olas juguetonas.

Con 62 habitaciones y suites (muchas de ellas con piscina o jacuzzi privados), el diseño recrea la idílica estética de edificios blancos y ondulados de la isla, salpicados de coquetos patios y buganvillas. "Recreamos la esencia de Santorini en clave minimalista, con rincones cargados de energía positiva; así entendemos el verdadero lujo", cuenta Panayiotis Petrides, su director.

Patio con piscina privada de las suites del Nikki Beach.
Patio con piscina privada de las suites del Nikki Beach.NIKKI BEACH HOSPITALITY GROUP

Todo gira en torno a la piscina, que ejerce de punto neurálgico en el que pasa de todo: de almuerzos bajo la hamaca o en el restaurante —el clásico combinado de sushi servido en un bote de madera de todos los Nikki Beach no falta, pero tampoco la bandeja de entrantes griegos (mezzes), el risotto con marisco o el pescado fresco del día—a las míticas fiestas a ritmo de dj todos vestidos de blanco, recordando aquella primera White Party del cumpleaños de la modelo Naomi Campbell en Saint-Tropez en 2002.

Los huéspedes más relajados (o incluso las familias, que son totalmente bienvenidas) cuentan con un área más tranquila con su propia piscina. El relajante spa no puede faltar, aunque quien lo prefiera también puede darse un masaje en la playa mirando al mar.

Clásica ensalada griega del restaurante de Nikki Beach.
Clásica ensalada griega del restaurante de Nikki Beach.

El hotel organiza todo tipo de actividades por la isla, como la visita a la capital, Fira, a apenas 15 minutos en coche y donde residen unas 2.500 personas de las 13.000 que habitan en Santorini. Está aupada, como casi todo por aquí, sobre un precipicio de 400 metros de altura, por lo que las vistas (y las codiciadas fotos), sobre todo al atardecer, son únicas. Las casas están pintadas en su mayoría de blanco y azul, los colores de la bandera griega impuestos por una ley aprobada por la dictadura que gobernaba en 1974. Se buscaba incentivar el espíritu nacionalista, además de aplacar el calor.

De catedrales, tiendas y villas

El paseo por Fira debe incluir una parada en la catedral de Ypapanti, en la plaza de Theotokopoulou, en pleno paseo marítimo, con su mirador para contemplar la caldera de Santorini. El pueblo tiene otra catedral, la de San Juan Bautista, en el barrio católico, al lado opuesto, donde también se encuentra el museo Megaron Gizzi, que representa una villa patricia veneciana. Además, vale la pena perderse por sus callejuelas laberínticas (mejor las traseras, donde no hay tanta gente), repletas de cafés, tabernas y pequeñas tiendas de moda (hay que hacerse con una prenda de lino), artesanías, amuletos en forma de ojo (nazar) y joyas.

Panorámica de la localidad de Oia.
Panorámica de la localidad de Oia.I. G.

La ruta de shopping continuaría en Oia, el pueblo más famoso (y turístico). Se puede llegar en funicular, pero quien prefiera hacerlo a pie desde Fira puede seguir la preciosa ruta senderista entre acantilados de unos 10 kilómetros, lo que equivaldría a entre tres y cuatro horas. Una vez en Oia, no hay quien se vaya sin hacerse una foto con la cúpula azul de la iglesia de Panagia Platsani, portada de infinidad de guías, artículos y folletos sobre Santorini. Cualquier rincón sirve de mirador, pero lo suyo es llegar hasta las ruinas del antiguo castillo para empaparse bien del Egeo. Por el camino (empedrado: nada de tacones) se atraviesan boutiques de diseño, galerías de arte, glamurosas terrazas, villas exclusivas, piscinas infinitas...

La visita a Oia no está completa sin bajar al puerto de Ammoudi, el mejor lugar para degustar pescado y marisco frescos en restaurantes como Sunset Ammoudi, donde Filippos, uno de los simpáticos camareros, recomienda la crema taramosalata, elaborada con huevas de bacalao, la berenjena ahumada, las vieiras salteadas, las gambas saganaki con queso feta y licor de Ouzo y la lubina a la brasa.

De tiendas por la capital.
De tiendas por la capital.I. G.

Tras Fira y Oia destaca toca ir a Imerovigli, conocido como "el balcón del Egeo" por sus vistas. Muchas de sus características casas blancas se han transformado en hoteles como el Katikies Chromata, cuyas habitaciones son antiguas cuevas adheridas a la roca que van cayendo hasta el mar. Su restaurante Koukoumavlos es un imprescindible culinario de la isla, comandado por el chef con estrella Michelin Ettore Botrini, quien reinventa de forma creativa la cocina tradicional griega. El tartar de ternera, el pulpo, las albóndigas de cordero o el xinochondro, un rico guiso de trigo, salsa de tomate y queso, son algunos de los básicos.

Se maridan con vinos autóctonos, ya que el paisaje volcánico de la isla está copado de viñedos donde reina la uva blanca Assyrtiko. Por ello, una visita a alguna bodega con cata incluida es obligatoria. Como ejemplo, destacan las de Estate Argryos, Santo Wines, Gaia o Domaine Sigalas.

El hotel Katikies Chromata de Imerovigli.
El hotel Katikies Chromata de Imerovigli.I. G.

La última oportunidad para despedir Santorini desde las alturas es subiendo al monasterio del profeta Elías, ubicado en el punto más elevado de la isla, a 567 metros. La visión de la que bien pudo ser la Atlántida arrullada por el Egeo no se irá jamás.

GUÍA PRÁCTICA

CÓMO LLEGAR

La aerolínea Iberia tiene vuelos directos desde España en verano.

DÓNDE DORMIR

Nikki Beach Resort &Spa Santorini (https://nikkibeach.com). Uno de los cinco hoteles de 5* que el icónico grupo tiene por el mundo (pronto serán siete), además de sus 12 'beach clubs'. Su diseño minimalista y sus tonalidades salpicadas de buganvillas reproducen la esencia de la isla. Con 62 habitaciones y suites (muchas con piscina privada) y cocina local con toques internacionales, se ubica frente a la playa negra de Monolithos.

MÁS INFORMACIÓN

En la web de www.santorini.gr

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