ESPAÑA
Naturaleza

Inmersión en el Bosque Finlandés de Madrid que guarda un secreto de 'El Quijote'

La Finca de Los Batanes de la localidad de Rascafría consigue unir al país escandinavo con el mismísimo Miguel de Cervantes.

Vista del Bosque finlandés de Madrid.
Vista del Bosque finlandés de Madrid.FOTOGRAFÍAS: PABLO LÓPEZ TALLADA
Actualizado

¿Qué tienen en común Finlandia y Cervantes? Pues, además de que seguramente exista una traducción al finés de una de las obras más insignes de la literatura universal, el país escandinavo y el célebre autor español están conectados por un lugar: la finca de Los Batanes. Las 58 hectáreas de este terreno ubicado en el municipio de Rascafría, en el corazón del Valle de Lozoya, albergan valiosos espacios naturales y mucha historia.

Los Batanes fue uno de los cuarteles en los que, en el siglo XIV, se dividían las propiedades de la orden de la Cartuja de Santa María del Paular, la Iª Cartuja de Castilla. Fundada por la Casa Real de los Trastámara en 1390, fue uno de los monasterios más importantes de España y una muestra del poder social, económico y religioso de la orden de los cartujos durante la Edad Media.

En Los Batanes, los monjes tenían su particular "polígono industrial": varios molinos de papel y batanes (de ahí su nombre), unas máquinas hidráulicas de madera que servían para golpear tejidos abiertos y transformarlos en otros más tupidos en un proceso conocido como abatanado, una técnica con la que se elaboraba el antiguo papel a partir de tejidos y fibras vegetales. Y aquí la primera relación de nuestra adivinanza inicial: con este papel elaborado artesanalmente por los monjes se imprimió en 1605 la primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha en la imprenta de Juan de la Cuesta de Madrid.

Entre abetos rojos

En los mismos límites territoriales de Los Batanes, y varios siglos después, en 1992, se creó el llamado Bosque finlandés. Una asamblea general de la Federación de Parques Naturales y Nacionales de Europa en la ciudad finlandesa de Korpilampi, doscientas botellas de vino de La Rioja y varios ejemplares de abeto rojo regalados por un vivero finés al Parque Natural de Peñalara fueron el germen de este espectacular paraje de la Sierra de Guadarrama creado a imagen y semejanza de los bosques típicos del norte de Europa.

Bueno, estos ingredientes y por encima de todo la idea del ingeniero de Montes Antonio López Lillo y el técnico forestal Juan Vielva, por aquel entonces consejero de esa federación y director conservador del Parque Natural de Peñalara respectivamente. Antonio López Lillo, una eminencia en el campo de la conservación de la naturaleza en Europa, cuenta cómo surgió la idea. "Al día siguiente de la cena oficial de representación de la Asamblea -a la que llevamos 200 botellas de vino de La Rioja que fueron acogidas con un fuerte aplauso y por supuesto, ávidamente bebidas -, visitamos el Parque Nacional Seitseminen, una mezcla típica de formaciones boscosas con abedules, abetos rojos y pinos silvestres, así como pequeños lagos".

La sauna en plena naturaleza.
La sauna en plena naturaleza.

También había una sauna, de esta manera se le quedó grabado el paisaje finlandés. De vuelta a España, le visitaron en la oficina del Servicio de Educación Ambiental de la Comunidad de Madrid del que era jefe los representantes de unos viveros finlandeses que había conocido en el viaje. Producían abetos rojos de un metro de altura que envasaban al vacío, de forma que persistían vivos varios meses y eran muy adecuados para repoblaciones forestales. Querían introducirse en el mercado español y, para ello, iban a enviar unos ejemplares de regalo para hacer una experiencia. "Por supuesto, tuvimos que agradecerles el ofrecimiento y admitirlos. Pero no se sabía muy bien qué hacer con ellos, ya que no se hacían repoblaciones con especies exóticas. En principio, se pensó que se podría enviar un ejemplar a cada municipio madrileño para su plantación, pero no parecía una buena solución. Así que ideé que podría ser interesante dedicar un espacio a ese país, en el que se plantasen esos árboles formando un paisaje semejante al finlandés", añade.

Pensé en un lugar que ya tuviese condiciones parecidas a las finlandesas y, junto con Juan Vielva, buscó un sitio adecuado que recordase en parte aquellos parajes, donde normalmente la vegetación se componía de una mezcla de abetos rojos, abedules, pinos silvestres y, por supuesto, mucha agua. Recordaron que en la finca Los Batanes de Rascafría había abedules, con algún pino silvestre y un pequeño lago. Aunque también había bastantes chopos lombardos, que se podrían ir eliminando cuando las plantaciones adquirieran mayor tamaño. Lo visitaron y decidieron plantar allí los abetos, a la vez que se recreció la pequeña laguna existente. "Con la buena imaginación de Juan, se construyó en la orilla una pequeña casita de madera que pudiera recordar a la sauna finlandesa. Así, de esta forma tan peculiar, se creó el Bosque de Finlandia", concluye.

La Casa de la Horca

Una sencilla ruta nos lleva a conocer este bosque de cuento y la antigua localización de los batanes, que en la actualidad es el Arboreto Giner de los Ríos, también una de las obras naturales de Antonio. El itinerario comienza en el aparcamiento Los Cascajales de Rascafría, en el casco urbano del pueblo, desde donde parte una pista que cruza el río Lozoya. Al otro lado, giramos a la izquierda y remontamos el río hasta llegar al famoso Puente del Perdón, construido en la primera mitad del siglo XVIII para facilitar el acceso desde el Monasterio del Paular al molino. Cuenta la leyenda que su nombre viene porque en el inicio del puente se revisaban las sentencias de los presos condenados cuando les llevaban los alguaciles hacia la cercana Casa de la Horca: si recibían el perdón salvaban su vida, si no, eran ejecutados.

Pasado el puente se encuentra la verja de entrada a Los Batanes, continuamos por el llamado Camino del Papel, la senda utilizada por los monjes cartujos para transportar el papel desde el molino hasta el monasterio, que nos conduce entre chopos al bosque finlandés. Por el lugar, y cubiertos de musgo y vegetación, se adivinan los restos de los diferentes sistemas de canalización del agua. La imagen del pequeño lago rodeado de álamos y abetos cubiertos de nieve es de postal, con la cabaña de madera y un pequeño muelle que dotan de aún mayor encanto a la imagen. Dejamos atrás la chopera para entrar en un claro en el que destacan viejos abedules en el entorno de la fuente del Botijo.

Al regresar al punto de partida podemos visitar, de nuevo cruzando el Puente del Perdón, el Centro de visitantes Valle de El Paular, el Monasterio y el arboreto Giner de los Ríos, dedicado desde 2002 al pedagogo y padre del guadarramismo, y donde conviven cerca de 200 especies de árboles originarios de diversas partes del mundo: el nogal y el arce de hojas de parra del Japón, el nogal blanco y el roble escarlata de América del Norte, el roble turco y el austral de Chile, el haya europea... Tanto el arboreto como el bosque finlandés son lugares únicos y accesibles para sumergirnos en la naturaleza, dejar descansar la mente y el espíritu, y deleitarnos por unos minutos o incluso horas, observando y escuchando al paisaje, porque como decía el gran Giner de los Ríos: "en la contemplación de un árbol podríamos pasar enteramente nuestra vida".

Más información. Los Batanes y el Bosque finlandés. Ruta circular Distancia: 4,3 km.

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