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Atracción física hasta provocar una reacción química. Pasión hasta casi rozar la locura. ¿Quién no ha sentido alguna vez ese deseo carnal y arrollador por alguien a quien ni siquiera conoce? Esa sensación que nos inunda, que nos excita, que nos consume a borbotones, impidiéndonos pensar con claridad. Más aún si ese encuentro fortuito se produce en un destino extranjero, pues nuestra impulsividad no hace sino aumentar hasta que nos lanzamos al vacío, libres de inhibiciones. Y esta es precisamente la situación que plantea La pasión turca, la nueva serie original de Atresmedia, que se estrena en prime time hoy jueves en Antena 3.
Son pocas las novelas que han tenido la suerte de adaptarse tanto a la pequeña como a la gran pantalla, y menos aún en un plazo tan breve como son tres décadas. Pero la obra homónima de Antonio Gala sí. Publicada en 1993 por Editorial Planeta, este ensayo amargo sobre la atracción fatal del amor y del erotismo tuvo un año después una adaptación cinematográfica firmada por Vicente Aranda, que ganaría dos Premios Goya y una nominación a Mejor Actriz de Cine para una apoteósica Ana Belén como el personaje titular, Desideria Oliván.
Ahora es Maggie Civantos quien toma el testigo en esta versión televisiva, que nos devuelve al país transcontinental de la mano de Olivia -y no Desideria-, una profesora española de Bellas Artes que decide trasladarse a Estambul para trabajar en la tesis que la ayudará a conseguir plaza como profesora titular de arte bizantino en Madrid. Ella, una mujer autosuficiente y comprometida con su carrera profesional, nunca ha tenido tiempo para eso que llaman amor. Eso, hasta que conoce a Yaman (Ilker Kaleli), un carismático y seductor experto en arte en cuyas garras cae y con el que encarna un relato cargado de sexo, pasión y engaños que nos hará ver los extremos a los que se puede llegar en una relación.
La ficción, que cuenta con seis capítulos de 50 minutos, narra en dos tiempos esta frenética historia de amor en la que se adentra Olivia con su amante turco. En el primero se reconstruye el arrollador flechazo que le hizo abandonar su proyecto de vida en España a través de flashbacks, mientras que el segundo transcurre en los días posteriores a que despierte del coma en un hospital de la ciudad turca tras un intento de suicidio.
Allí responde a las preguntas de una inspectora que investiga su colaboración en una red de contrabando de obras de arte junto a Yaman, que ha arrastrado a Olivia a lugares que no hubiera imaginado. Pero para librarse de la cárcel, ella debe arriesgarlo todo volviendo con él para informar a la policía de sus movimientos en un acto tan valiente como desesperado. ¿Actuará para salvarse a sí misma o para salvar a su historia de amor?
"No está en su cabeza tener pareja, pero en el fondo hay un vacío en Olivia", explica Civantos sobre su personaje a este periódico en conversación telefónica. Soltera perpetua, es una mujer que "siempre ha estado muy centrada en la búsqueda de su independencia y de su empoderamiento", pero es "como si faltara algo en su vida y no sabe qué es hasta que conoce a Yaman y se enamora de él". Y ese algo es el sentir: el deseo, la adrenalina, lo desconocido... a lo que se vuelve adicta.
"Pierde la cabeza por este amor totalmente descontrolado que siente y por eso salta al vacío sin dudarlo para entregarse a la acción" que promete ese sinuoso mundo del arte y que le llega en un momento tan oportuno, añade el intérprete.
Pero pronto lo oportuno se convierte en lo inoportuno, y una mujer que tanto se caracterizaba por su inteligencia e independencia de repente pasa a ser una especie de marioneta en manos de un hombre. "Hoy en día se habla mucho de las relaciones tóxicas y ésta sería el extremo de una, en la que al final Olivia intenta quitarse la vida porque se ha visto consumida por algo que no ha sido como ella pensaba", recuerda Civantos, que asegura que este tipo de personajes son cercanos: "Obviamente pasa por situaciones más dramáticas de lo habitual, pero su historia puede recordarnos a otras que también nos han hecho perder la cabeza porque son sentimientos universales. Al final se dice que es por amor, pero más bien es por la falta de amor a uno mismo".
Para prepararse para un papel como éste, en el que se ve la dualidad de una mujer, Civantos comprendió rápidamente que tenía que dejar a un lado sus propios sentimientos: "Me lo cuestioné mucho. Cuando haces un análisis del personaje dices: '¿Cómo es posible que una mujer así, con su vida hecha, enloquezca de repente por la pasión?'. Así que me ayudó mucho entender que no tenía que entenderlo y que simplemente tenía que viajar con este personaje sintiendo todas esas reacciones químicas que le provoca estar con Yaman, que es algo totalmente visceral".
Pero una de las herramientas que sí utilizó para encontrar la energía de su personaje fueron las clases de twerking. "Me gusta trabajar los personajes no sólo desde un análisis psicológico más racional, sino también desde su energía vital", revela la malagueña, que tiene formación de ballet. "Me gusta tener conciencia de mi cuerpo, por eso aprendo un baile nuevo para colocar la energía de cada personaje", continúa. Para Olivia, que está descubriendo la pasión por primera vez, la actriz eligió este baile sensual: "Es tierra, es fuego, es la pelvis..... Tiene todos los elementos que necesitaba sentir en mi cuerpo para encontrar su sensualidad".
Es cierto que la carga erótica de la novela y la película sigue muy presente en esta readaptación, aunque añade esta trama sobre la doble vida de Yaman y sus turbios negocios a modo de thriller inexistente en la original. La serie, subraya Civantos, "sigue teniendo la esencia de la historia de Gala, pero con una mirada mucho más contemporánea". Rescata la fuerza y tensión de la anterior protagonista, pero Olivia no busca abandonar su Huesca natal ni huirse de un matrimonio que la atosiga. Poco -o nada- tiene que ver la una con la otra.
Pero, ¿no impone la idea de interpretar a un personaje que ya cosechó mucho éxito en su día? "Para mí fue un reto enfrentarme a este proyecto precisamente porque tiene la sombra de la película con Ana Belén, pero me insistieron mucho en que me olvidase de las referencias que teníamos", cuenta Civantos, que reconoce que fue un rodaje "muy intenso" por las exigencias del guion, que tenía un "ritmo frenético", y por estar "en el 95% de las escenas".
"Es cierto que se cumplen 30 años de la película, pero el objetivo fundamental de esta serie era crear algo actual en el Estambul de hoy -se rodó en escenarios naturales- con un personaje cuyas circunstancias reflejaran la sociedad en la que vivimos. Por eso no hice una revisión de La pasión turca de Aranda para no tener tan fresco ese personaje y poder hacer una Olivia propia". Una Olivia con la que, concluye, "está en todos nosotros".

