Hay una realidad que gira alrededor de El Hormiguero y de Pablo Motos que es indiscutible: el Gobierno de Pedro Sánchez no le quiere ni en pintura. Lo han demostrado muchas veces y en El Hormiguero se ha tratado muchas veces. El Hormiguero es el programa más visto de la televisión y, aunque sea una alegría para Antena 3 y para la productora 7yAcción, también tiene, por llamarlo suavemente, sus desventajas. Si el programa más visto de la televisión pone sobre la mesa dos de cada cuatro noches lo que el Gobierno hace mal, lo crítica, lo expone, lo analiza y, digámoslo a lo bruto, suelta hostias como panes, acaba convirtiéndose en la mosca cojonera de turno, en algo incómodo, en algo que para algunos no debería estar.
Las presiones de los partidos políticos a periodistas, presentadores y líderes de opinión siempre han existido. No es ningún secreto, pero de un tiempo a esta parte, la libertad de expresión ha hecho que los presionados lo cuenten y que los que presionen ya casi ni lo oculten. Lo mismo cuando las relaciones entre unos y otros son malas. La de Pablo Motos y Pedro Sánchez es terrible. Lo ha expresado el presentador y lo ha ejecutado el presidente.
Desde que en la pandemia, El Hormiguero creó las mesas (la de humor, la de política y la de actualidad), lo que antes era sólo algún que otro comentario suelto que no iba más allá, se convirtió directamente en una sección. Es decir, en el programa más visto de la televisión se crítica a Pedro Sánchez, a su Gobierno, a sus socios, al menos, dos veces por semana. Cierto que Pablo Motos es habitualmente el que menos se moja. Él suelta el tema y deja que sean los colaboradores los que digan y opinen lo que quiera, pero... Pero Pablo Motos es el presentador, es el dueño de la productora y es el que pone el tema a tratar encima de la mesa. Es decir, es la cabeza saliente.
Hace tiempo que el Gobierno no duda en mostrar su animadversión hacia el programa, vía tuits de ministros o ex ministros, vía campañas gubernamentales, vía mostrando la guerra entre dos programas... Lo que no se sabía es que esto, que parece que Pablo Motos sólo ha vivido con Pedro Sánchez, lo ha vivido con todos. Es lo que tiene llevar 20 años en antena, que has sido líder de la televisión con los gobiernos de uno y con los gobiernos de otro, y has debido tocarle las pelotillas a los dos. Sí, al PP también. ¡Qué cosas! Quién lo iba a pensar, ¿verdad?
La cancelación del programa de Jimmy Kimmel en Estados Unidos tras hacer un comentario sobre la muerte de Charlie Kirk (simplemente dijo que la organización de ultra derecha, MAGA, estaba aprovechando su muerte para sacar votos) y un chiste sobre Donald Trump, por la falta de sensibilidad que demostró cuando le preguntaron por la muerte de Kirk y él se puso a hablar de la construcción del salón de baile de la Casa Blanca, dicen que es lo que ha provocado que el show del cómico deje de existir en la parrilla de la ABC. La realidad es otra, la realidad es la censura, las lincencias y el dinero.
El caso es que tras tratar en la mesa de actualidad los temas habituales de la política interna como la reunión de Zapatero con Puigdemont para que no deje caer al Gobierno, entre otras cosas, Pablo Motos introdujo la cancelación de Jimmy Kimmel a manos de Donald Trump.
La primera en hablar fue Cristina Pardo, la cual dijo verdades como puños: "Aquí en España también los políticos presionan a los medios de comunicación, también les gustaría cargarse presentadores, también se habrán cargado a alguno de las televisiones públicas, pero no lo dicen públicamente". Y mientras decía esto, disimuladamente, casi como un gesto involuntario, señaló a Pablo Motos.
"¿Por qué has señalado a Pablo?", le espetó con sorna una de las hormigas. Mucha risa, pero... Pero Pablo Motos se plantó y reveló lo que nadie se esperaba. Lo que muchos pensarían es que iba a lanzar un golpe al Gobierno de Pedro Sánchez, pero no, la revelación fue más allá: "Un momento, a mí se me ha intentado cargar tanto desde el PP como desde el PSOE. En eso no hay diferencia".
Pablo Motos no entró en detalles. Dejó caer la frase y dejó que fueran sus colaboradores los que entraran a valorarlo. El Hormiguero llegó a la televisión en el año 2006 cuando era presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Desde entonces el programa no ha dejado de emitirse, primer en Cuatro, y luego en Antena 3, con lo que ha vivido dos gobiernos de Zapatero; casi dos de Mariano Rajoy; y ahora, siete años con Pedro Sánchez. Sería buena pregunta saber cuál de los tres presionaba más. Igual nos sorprende, porque la diferencia entre vivir el programa en la época de Zapatero o de Rajoy y vivir en la de Pedro Sánchez, tal vez, radique en que con Zapatero y Rajoy las presiones no se conocían y se hacían de forma discreta; y, las del Gobierno de Pedro Sánchez no se ocultan sino que se ven y se escuchan. O, tal vez, es que El Hormiguero de 2006 o 2012 no tenía tanta carga política como ahora y no daba tantos guantazos como los que da ahora.
Pablo Motos no entró en más detalles. Soltó lo inesperado y dejó que continuaran los colaboradores. La primera en hablar tras la confesión del presentador fue Cristina Pardo, dando un apunte que también supone una gran diferencia con lo que sucede en EEUU: "Sí, pero no se jactan públicamente de estar cargándose a periodistas o líderes de opinión y admitiendo públicamente que están encantados de la vida, porque eso significa defender la libertad de expresión, la tuya, la de los que piensan como tú y la del resto, no".
"Donald Trump ha dicho, sólo nos quedan dos, porque sólo quedan dos shows, y ha tenido los huevos de decir sólo nos quedan dos", interrumpió Pablo Motos. Realmente, sólo le queda uno el de Jimmy Fallon, pero, bueno, se entendió.
"Donald Trump es un personaje absolutamente diferente al resto", añadió Nuria Roca. "El error está en compararlo con el resto", señaló. "Donald Trump es un tipo que ha dicho que va a hacer lo que quiera y lo seguirá haciendo hasta que un día alguien o algo le pare los pies", aseguró la colaboradora y presentadora de La Roca. "¿Qué le para los pies al dinero?", preguntó entonces Pablo Motos. Y apareció Tamara Falcó: "Dios". Pues ya estaba el toque de humor.
Y tras las risas y el cachondeo, Juan del Val, al que no habían dejado hablar sobre esto todavía culminó la confesión de Pablo Motos metiendo el dedito en la llaga: "Es verdad que todos los dirigentes tienen la tentación de querer cargarse a presentadores y a personas que les resultan incómodas. Y eso es algo que no se hace de una manera tan expresa como Donald Trump, pero claro que se hace". Razón tiene. Cuando entra en el Gobierno uno, cambia a todos los presentadores por los que sabe que le van a poner una alfombra roja. Cuando entra en el Gobierno otro, tres cuartos de los mismo. A ver si nos pensamos que si llega el PP al Gobierno no va a pasar un tsunami por RTVE. Lo sabemos todos.
La cuestión, continuó Del Val, "no es si se puede decir lo que quieras". "Claro que se puede decir lo que quieras. El tema es el precio que cuesta. El precio es que van a por ti de una manera otra. Te hacen una campaña... Te pueden hacer incluso una campaña, imagínate tú qué cosa, gubernamental con un spot de televisión. Imagínate. Es una cosa loca, pero te lo hacen. Te pueden hacer una campaña en redes cada vez que sales hablando.
Evidentemente. Y, por supuesto que llaman por teléfono. Y llaman por teléfono, menajeando el dinero, invierto aquí o allá", afirmó refiriéndose a la campaña que Ministerio de Igualdad, cuando al frente estaba Irene Montero, hizo una campaña contra la violencia machista reinterpretando uno de los programas de hace años de El Hormiguero al que fue Elsa Pataky a presentar una colección de ropa interior y a Pablo Motos se le fue de las manos. Han pasado años, pero el archivo televisivo es lo que tiene. Aunque cambies, siempre vuelve. Es un arma perfecta.


