- MomenTVs Pablo Motos, a saco por las fotos de Leonor y La isla de las tentaciones: "No tenemos código moral"
Enfrentarte a una entrevista con Miguel Bosé tiene una cosa buena y demasiadas malas. La buena es que sabes que diga lo que diga o esté con el ánimo como éste siempre va a dar juego. Da igual si dice poco, mucho o nada, pues el simple hecho de ser Miguel Bosé ya es un seguro de que la cosa va a funcionar para bien o para mal. Entre las demasiadas malas, que nunca sabes por dónde te va a salir y si dirá una barbaridad o se mantendrá dentro de políticamente correcto y de lo coherente. La última entrevista de Miguel Bosé en El Hormiguero fue de las primeras, de esas en las que Miguel Bosé no se mete en demasiados charcos y es una buena entrevista sólo por ser Miguel Bosé. La de anoche en El Hormiguero fue de las segundas, de esas que empiezan bien, que todo va según lo esperado, cuando de repente, ¡zas! sale el Miguel Bosé de las conspiraciones, de las teorías sin pies ni cabeza, de lo completamente absurdo, y entonces... entonces cómo sale el programa de ahí, y encima, un programa como El Hormiguero donde los invitados tienen que salir más happies de lo que han entrado.
Esto es lo que ocurrió anoche con Miguel Bosé y con Pablo Motos. Todo comenzó estupendo. Miguel Bosé entraba con un dios en el plató de El Hormiguero, besaba a Nuria Roca, a los colaboradores, a los productores, al director y se sentaba frente a Pablo Motos para hablar de su regreso a los escenarios, de la enfermedad que le ha mantenido años fuera de todo, de sus desconstrucción y vuelta a empezar, y... Y de eso que convierte a Miguel Bosé en un deslenguado descontrolado, que habla desde un conocimiento que dice tener, pero que no tiene, y que se pierde en teorías conspiranoicas, en lo absurdo, en lo que sabe que va a provocar una reacción desmedida. Porque sí, lo sabe. "No sé de qué se extrañan de que me comporte como me comporto si siempre he sido políticamente incorrecto", soltó después de lanzar un "¡que se jodan!" atronador que hizo temblar hasta al Misterio.
El comienzo de la entrevista fue lo habitual. Miguel Bosé ha regresado a los escenarios tras años de lucha contra una enfermedad que le costó casi tantos años por descubrir como por superar. Importante se llama su nueva gira, que arrancó en México, su tierra adoptiva, su lugar de reposo y paz, y que llegará a España a finales de junio. Hasta aquí todo perfecto y maravilloso, todo como debería ser, todo blanco y estupendo, nada de polémicas. ¡Ay, pobres inocentes!
Relató Miguel Bosé cómo fue descubrir lo que le ocurría y le robó la voz, y el proceso que le ha llevado a recuperarse y que hoy por hoy sigue rehabilitándose. Ya contó la última vez que estuvo en El Hormiguero que tras muchas idas y venidas, muchos médicos, mucha desesperación, fueron unos médicos de Lyon los que hallaron el problema de salud que le había quitado la voz, como Úrsula se la robó a La Sirenita. Anoche lo volvió a repetir por si la última quedó alguna duda. "Yo tenía infecciones que hacían que todo el trato digestivo infectara a el resto. En el estómago se había formado un problemón que afectaba al resto. Una falta de cierre de cuerdas y se escapaba mucho aire. Me hicieron una extracción de células madre del estómago, me las inyectaron y eso va colocándose de forma natural". Y así se curó físicamente Miguel Bosé. Porque después vino lo mental, lo que muchos pensaron que sería lo que más le costaría. Tal y como lo relató Miguel Bosé anoche de lo que no hay duda es que fue casi como pasar las de Caín y volver a la vida.
"Lo mejor que puedes hacer cuando sabes que te pasan estas cosas es aliarte al tiempo porque el tiempo todo lo pone en su sitio", arrancó cuando Pablo Motos le preguntó si tras todos esos años de recuperación también había cambiado la mentalidad. Miguel Bosé al principio nos engañó, pues en su respuesta parecía que había un sí. En realidad, era un no como una casa.
Cuando Miguel Bosé pulverizó a Bosé
"Nada en la vida pasa por casualidad. Todo pasa porque tiene que pasar por unos procesos para tu crecimiento. Yo tenía que crecer mucho y simplificar las cosas", continuó. Miguel Bosé confesó entonces que él mismo había destruido, había 'matado' a Miguel Bosé: "Yo culpé a Bosé. Le cogí y le deconstruí. Lo tiré por el suelo y dije 'ahora ya no eres nada', 'ahora te vas a quedar de alfombrita'. Te apartas, desaparecí, porque tienes que tener tú espacio, tú silencio y tú autoridad. Me dediqué a otras cosas, a escribir dos libros, compuse... Entendí que esta enfermedad me llegaba en un momento crítico en el que yo no supe que había que parar y empezar un nuevo camino y quitarme esa persona que me había regalado tanto pero que me había generado tantos problemas. Lo pulvericé. No sirve para nada. Me quité todo el dolor y sufrimiento que había acumulado en tantos años. El dolor no enseña nada. Y en un determinado momento empecé a construirlo. Ahora soy yo el que tiene el pie en la tierra".
Pues mira que bien, ¡olé por Miguel Bosé! Olé si en esa autodestrucción, si en ese asesinato de sí mismo, digno de haber sido estudiado por Freud, Miguel Bosé hubiera destruido también ese Bosé que se tira sin flotador a la piscina de las conspiraciones y de lo que él considera "verdades", pero en realidad son mentiras disfrazadas de más mentiras que elevan a lo más alto personas como él. Ahora que hay en la televisión tantos programas contra los bulos, las fake news, las conspiraciones, a ver cuánto tiempo va a tardar Miguel Bosé en convertirse en protagonista después de su entrevista anoche en El Hormiguero. A ver qué dicen Jesús Cintora e Iker Jiménez. Y es que tras relatar su autodestrucción, llegó lo fuerte. Agárrate que vienen curvas.
Continuó Pablo Motos queriendo saber cómo en esa fase de deconstrucción era su día. Miguel Bosé ya había arrancado motores y estaba a punto de echar a volar. "He tenido que sacar toda la fe. La palabra, realmente, no es fe, es la convicción, la visión y la tenacidad de que yo no voy a acabar así, de que tengo que acabar como yo quiera. Tengo las herramientas y existe en alguna parte la solución. Todas las mañanas era mudo, gordo y cumpliendo años. Dije 'vamos a por ello Miguel' y paso a paso, día a día y golpe a golpe estuve ahí sin jamás pensar que algún momento iba a tirar la toalla".
Creyó Pablo Motos que para hacer eso hay que tener un "talento natural", pero no. "Es un ejercicio", le dijo Miguel Bosé, confesando que no tiene "tendencia a la depresión, pero si a encabronarme". "Y cuando me encabrono, me encabrono. Me cago en los muertos de todo ser viviente que haya en la faz de la tierra. Y cuando la vida te ve tan cabreado, se acojona". Oye, pues razón no le falta, porque no sé si anoche se encabronó o no, pero seguro que la vida se acojonó.
Tras desvelar que la inocencia de su juventud ha tornado en "verdad" -la suya, por supuesto- quiso saber Pablo Motos que tenía México para él, el país donde se refugió y donde vive actualmente. Todo parecía seguir más o menos bien hasta que en su descripción de México entró España, Europa y "la crispación" que, según Bosé, se vive aquí. Y ya todo se fue de las manos, y ya apareció el Miguel Bosé que pierde los papeles y hasta el sentido común.
El atronador silencio de Pablo Motos
"Mientras el resto de naciones crean y progresan, en Europa sólo se regula. Las libertades de los 70 y 80 se han perdido. La gente tiene miedo a decir lo que piensa. La base de la democracia es la libre expresión. Cuando empiezan a coaccionarte en tu discurso, cuando coartan tu opinión, y aquí todo eso se está haciendo cada vez más duro y están entrando en un juego de falsas promesas y falsos juegos que es grave. Hay que estar con mucho cuidado y hay que volver a recuperar la libertad antes de que nos lo arrebaten con tanto regular. Europa ha perdido ese encanto, esa originalidad y está en riesgo". Pues ya estábamos todos.
Y siguió: "He sido toda la vida políticamente incorrecto, no es ninguna novedad. Yo no me invento nada de lo que digo, todo tiene una base y está muy estudiado. Intentan controlar a la sociedad desde la élite. "Hay un control social absoluto de las pandemias, los encierros, el dinero, las fronteras.Todo está hecho por una élite que es un 1%. No os dejéis controlar.Todo el woquismo es para el control". Éramos pocos y parió la abuela.
Pablo Motos le dejó, no interrumpió, no entró a rebatirle, no le pidió explicaciones. Esta es la desventaja de ir a El Hormiguero, que el invitado tiene que sentirse cómodo, irse feliz y no marcharse con la sensación de que ha habido un ataque controlado o incontrolado. ¿Pablo Motos tendría que haberle parado? Hombre, teniendo en cuenta que Miguel Bosé le dijo que el único sitio de España donde uno podía decir lo que pensaba es El Hormiguero, pues a ver cómo le paras. Además, no hay mejor manera de que uno se caiga que con su propio peso. Si Pablo Motos le hubiese cortado, le hubiese dicho por ahí no vayas, qué Miguel Bosé se hubiera quedado en los espectadores, el Miguel Bosé guay, y de guay no tiene tanto.
Lo único que Pablo Motos le dijo fue cuando Miguel Bosé soltó un "los que se reúnen en Davos son unos cretinos", miró a cámara con cara de encabronado y soltó un "príncipes de mierda, ¿lo entendéis?". Los aplausos del público disminuyeron y Miguel Bosé preguntó a Pablo Motos si se había pasado. "Estamos en directo, chico. Si te has pasado, te has pasado", le respondió el presentador. "Me he quedado corto", sentenció el artista.
Había que cambiar de tercio como fuera, porque eso sí lo podía hacer Pablo Motos. Así que el presentador de El Hormiguero decidió leerle una carta que el propio Miguel Bosé había escrito a su madre al cumplirse el pasado mes de marzo cinco años de su muerte. Pablo Motos leía y Miguel Bosé se rompía. Roto en lágrimas, con la voz ya quebrada, los labios temblorosos, Pablo Motos sufrió por haberle hecho llorar, le abrazó y decidió lo mejor que podía decidir, que entrasen las hormigas. Le despidió Pablo Motos diciéndole que "siempre es una delicia estar contigo". Pues no sé yo dónde está la delicia.

