TELEVISIÓN
Estreno

Hasta el fin del mundo, el nuevo programa de La 1 que descubrió "la miseria total" a Cristina Cifuentes e hizo renacer a la Rocío Carrasco "que fui"

Quince mil kilómetros de viaje sin nada más que un compañero y la habilidad para sobrevivir. Hasta el fin del mundo, el nuevo programa que esta noche llega a La 1, es un giro de 180 grados en lo que se conoce como reality. Aquí no hay premio que valga, pues el premio es que a todos los participantes les ha cambiado la vida

Hasta el fin del mundo
Cristina Cifuentes y Alba Carrillo, el equipo naranja de Hasta el fin del mundo.RTVE
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Cuando hace unos meses RTVE anunció el comienzo de la grabación de Hasta el fin del mundo, todos los que superamos ya los 40 años pensamos en el mítico Pekín Express, pero con famosos -HBO Max se encargó de que Pekín Express volviera con celebrities-. Todo parecía ser algo parecido, con otro nombre, pero más de lo mismo, hasta que llegó el día de la presentación -hace una semana- y se borró cualquier tipo de reminiscencia. Ver llorar a Yolanda Ramos a moco tendido en plena rueda de prensa, a Jedet, renegando de lo que tuvo que vivir en los más de 15.000 kilómetros de aventura o a Aldo Coma, comparando el formato con una Iliada o las Termópilas, hacen pensar que Hasta el fin del mundo ha sido el viaje de sus vidas y va a ser el anti reality.

Hasta el fin del mundo, producido por Zeppelin, va a cambiar el concepto de reality televisivo. Sí, sigue siendo ver a un grupo de personas intentando sobrevivir sin absolutamente nada más que lo que se ganen con el sudor de su frente; y, sí, son famosos. Sin embargo, pocas veces las palabras de una presentación han sido tan reales como las que se escucharon de los participantes al hablar de lo que ha sido este programa para ellos. Tanto es así, que ni uno sólo de ellos niega estar viviendo ahora mismo un proceso de desintoxicación o, más bien, de intoxicación: la de haber vuelto a la realidad.

Hasta el fin del mundo
Presentación de Hasta el fin del mundo.RTVE

Presentado por Paula Vázquez, las parejas de esta aventura son la actriz y humorista Yolanda Ramos y su sobrina Ainoa Olivares Ramos (equipo verde); la modelo, presentadora y colaboradora de televisión Alba Carrillo y la abogada, ex política y colaboradora de televisión Cristina Cifuentes (equipo naranja); la actriz, cantante, escritora e influencer Jedet y la creadora de contenido y actriz Andrea Compton (equipo rojo); la colaboradora y presentadora de televisión Rocío Carrasco y la cantante y artista Anabel Dueñas (equipo azul); la cantante y actriz NIA y el cantante y bailarín J Kbello (equipo gris); y el artista multidisciplinar, empresario e instructor de paracaidismo Aldo Comas y el actor, modelo e influencer José Lamuño (equipo negro).

Todos ellos han recorrido ocho países -Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile-, más de 15.000 kilómetros en total y una media de 1.500 kilómetros en cada etapa. Distintos ecosistemas, distintas culturas prehispánicas, "humanidad", "miseria", "un viaje único", porque "el viaje más largo no es el que te lleva más lejos sino el que el te tranforma". Todos, en mayor o menor medida, se han transformado; todos han descubierto de lo que son capaces; todos se han dado cuenta de "la vida privilegiada" que tenemos; todos -menos Jedet- repetirían.

Miguel Martín, director general de Zeppelin, es quien explica cuál era el objetivo de este mastodóntico formato donde la complicación no ha sido solo para los participantes, sino también para la productora que "ha hecho un trabajo brutal", enfrentándose a situaciones inimaginables para un programa de televisión: evacuaciones, cortes de carretera, un aeropuerto incendiado y un equipo distinto para cada pareja. "El objetivo de Hasta el fin del mundo era cambiarles las vida", asegura. Hasta a Paula Vázquez le ha cambiado. La presentadora, "un talismán" para RTVE, en palabras de su director general, Sergio Calderón, vive un momento que "no esperaba estar viviendo a mis 50 años". Hasta el fin del mundo la "ha rejuvenecido" y ha hecho que "cumpla sueños que ni sabía que tenía".

Y entonces entra Yolanda Ramos junto a su sobrina Ainoa y los presentes se dan cuenta de que efectivamente en Hasta el fin del mundo ha debido pasar algo que, tal vez, pueda ser calificado de catarsis. "Es un cambio interior, un shock en nuestras vidas", afirma la humorista, la cual relata cómo fue su cumpleaños "con una virgen y buscando a Dios". Y llora... "Veíamos una iglesia y queríamos encontrar a Dios", recuerda mientras se deshace en elogios al equipo que estuvo detrás en todo momento. Yolanda y Ainoa lo llaman "resiliencia emocional": "Cuando estábamos allí la única preocupación era coger un autobús y ahora es volver a la realidad".

No son las únicas. Cristina Cifuentes y Alba Carrillo, la única pareja de todas que no se conocían antes de Hasta el fin del mundo, se han casi hasta "mimetizado". Parecen hija y madre o dos hermanas separadas al nacer que se encontraron en Colombia e hicieron el viaje de sus vidas. "Es el primer concurso en el que el premio es el camino", explica Cristina Cifuentes. Según Paula Vázquez, Carrillo y Cifuentes son el equipo "disciplinado". Tan disciplinado que Alba Carrillo sufrió una bajada de azúcar en una de las etapas al no poder comer para controlar el dinero que se gastaban.

"Vais a ver de todo", calienta Alba Carrillo. "Dos mujeres con mucho carácter, en situaciones límite y haciendo un programa que en la vida he visto, y eso que he hecho mucha tele", asegura. Dos mujeres como la noche y el día que encontraron la manera de "no polarizarse": "No hablar de política ni de Ana Rosa Quintana".

Hasta el fin del mundo
Todos los participantes en una imagen de Hasta el fin del mundo.RTVE

"Fue muy duro físicamente, pero sobre todo psicológicamente", interrumpe Cristina Cifuentes. Se refiere a "la soledad" de "buscar un apoyo y no encontrarlo". Y se refiere a "la miseria" que vieron: "Pobreza sabemos que hay, pero lo que hemos visto es la miseria total".

La mecánica de Hasta el fin del mundo es muy sencilla de entender, pero algo milagroso de conseguir. Los participantes han viajado sin utilizar aviones ni dispositivos electrónicos, como móviles o GPS, y con una pequeña cantidad de dinero, 1.300 euros, el equivalente al importe del billete de avión desde Costa Rica a Ushuaia, el final del trayecto. En cada episodio, las parejas llegan a un checkpoint y firman en un libro de viajes que registra su orden de llegada. Esto determina el orden de salida y la elección de ruta en la siguiente etapa, respetando las diferencias horarias entre los equipos.

Los concursantes deciden qué transporte usar, dónde dormir y cómo administrar sus recursos. En caso de quedarse sin fondos, han tenido la opción de trabajar para ganar algo de dinero extra.

Sí, hay un equipo ganador, como todo en concurso, pero la competeción deja de existir cuando cada uno de ellos empieza a reencontrarse a sí mismo, o a encontrarse. El mejor ejemplo, tal vez, sea Rocío Carrasco. Dos meses siendo una completamente desconocida en el mundo, un viaje que ha sido "la mejor experiencia de mi vida". Es la única de todos los participantes que niega que este viaje le haya cambiado la vida, probablemente, porque le ha dado algo mucho mayor: "Ha hecho darme cuenta de que he vuelto a ser la que fui".

Cuentan ambas, amigas desde hace muchísimos años, que en cada etapa ellas iban a disfrutar de lo que les ofrecía el víaje. Algo parecido a lo que vivieron Aldo Comas y José Lamuño. "Las disfrutonas", las describe Paula Vázquez. Lo que no quita para que hayan tenida que agarrar con el lazo a llamas, marcarlas, cocinar, limpiar hoteles y muchas otras cosas más que sólo un programa como Hasta el fin del mundo podía hacer posible.

Hasta el fin del mundo
Rocío Carrasco y Anabel Dueñas, el equipo azul de Hasta el fin del mundo.RTVE

Hasta el fin del mundo es la versión española de Race across the world, formato de éxito en la BBC, adaptado por otras televisiones públicas y privadas, que explora las capacidades y relaciones humanas sin filtros, da ejemplo de sostenibilidad y de respeto por los ecosistemas y actúa como embajador cultural y turístico. En él se dan la mano valores como el compromiso con lo genuino o la exploración interior, con una gran fortaleza narrativa y logística para enfrentarse a imprevistos reales.

La primera etapa consta de 1.048 kilómetros. Los concursantes se han encontrado con paisajes muy diversos, desde los volcanes y selvas de Costa Rica, hasta la megalópolis de Ciudad de Panamá. Han dormido en cabañas construidas en los árboles y en el cráter de un volcán en el Valle de Antón, y han colocado cámaras de fotos en parques nacionales para monitorizar animales salvajes. "Ha sido una Odisea, una Iliada, las Termópilas. He sido libre y ya no lo soy", clama Aldo Comas, probablemente, el más viajado de todos, pero que tras el viaje desvela que iba de "chulito", pero "la experiencia me ha cambiado".

Yolanda Ramos sigue llorando. "¡No sé por qué lloro!", dice arropada por el resto de compañeros. "Este programa va a mostrar lo mejor de cada", interrumpe Miguel Martín, intentando desviar la atención de las lágrimas de Ramos. "De mí ha sacado lo mejor y lo peor. Todos los seres humanos tenemos sombras", concluya la cómica y colaboradora de televisión mezclando la risa con el llanto.