Apple acaba de obtener una certificación que ningún otro fabricante de dispositivos móviles tiene, al menos de momento. Los iPhone y iPad han sido certificados con los requisitos de seguridad de la información exigidos por los Estados miembros de la OTAN.
Lo hacen con las prestaciones de seguridad integradas de serie en iOS 26 y iPadOS 26, sin necesidad de instalar soluciones de terceros ni aplicar configuraciones especiales como suele ser necesario con equipos de terceros. Hasta ahora, manejar información clasificada en dispositivos móviles ha requerido soluciones a medida desarrolladas específicamente para entornos gubernamentales y militares.
La certificación llega tras un proceso liderado por la BSI (Bundesamt für Sicherheit in der Informationstechnik, la Oficina Federal para la Seguridad de la Información de Alemania), una de las agencias de ciberseguridad más exigentes de Europa. La BSI realizó evaluaciones técnicas exhaustivas, pruebas completas y análisis avanzados de seguridad sobre la plataforma de Apple.
La inclusión se esperaba porque la BSI ya había autorizado previamente el uso del iPhone y el iPad para datos clasificados del Gobierno federal alemán con las medidas nativas de iOS y iPadOS. Esa aprobación nacional se amplía ahora al ámbito de toda la Alianza Atlántica.
El nivel de clasificación aprobado es NATO Restricted, que es el equivalente al grado alemán VS-NfD (información clasificada de uso oficial). Se trata del primer escalón de los cuatro niveles de secreto de la OTAN pero su gestión exige controles estrictos de cifrado, autenticación y trazabilidad que la mayoría de dispositivos comerciales no suelen superar sin software adicional.
Tecnologías integradas en los dispositivos de Apple, como cifrado punto a punto, la autenticación biométrica mediante Face ID y una función denominada Memory Integrity Enforcement, diseñada para proteger la integridad de la memoria del sistema frente a ataques sofisticados, son las que han ayudado a los dispositivos a lograr la certificación. Todas ellas operan a nivel de hardware y software de forma conjunta.
Para los 32 países miembros, supone la posibilidad de desplegar dispositivos comerciales ampliamente disponibles en contextos de seguridad nacional, reduciendo costes y simplificando la logística.
