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- Vértigo, nuevo disco 12 años después -ya desde 2012 en solitario- y nueva gira de 40 conciertos con 35 años de trayectoria. ¿Qué provoca más vértigo, precisamente, mirar hacia atrás o hacia delante?
- Lo más bonito es que tenga esta ilusión y este vértigo de lo que pueda pasar, de mirar hacia delante. Es como cuando estaba en el primer momento de la carrera y me escuchaba la primera vez en la radio, o me veía firmando los primeros autógrafos, algo tan ansiado, tan soñado por cualquier adolescente que se dedica a la música. Pues en ese estado estoy, pero con 57 años, con la misma pulsión por hacer canciones que salen del corazón. Yo quiero emocionar, que es lo que siempre he hecho.
- A tus 57 años estás en un estado de forma excelente. ¿Te cuidas mucho?
- No muchísimo, pero me cuido. A partir de los 50 me apunté por primera vez a un gimnasio. Siempre he hecho deporte y también la genética ayuda. No le doy más importancia, aunque es verdad que cuando te expones al público debes cuidarte.
- Este es tu primer trabajo con material inédito en más de una década. ¿Cuándo sentiste que era el momento de volver al estudio?
- Hace dos años empezamos a hablar de sacar material nuevo. Trabajar con mi hijo, Apollo Vice, era algo muy deseado. Se ha dado el momento idóneo: tenía cosas que contar y ganas de expulsarlas. Ha sido un disco muy terapéutico.
- ¿Qué querías contar?
- Vengo de Revolución (2012), donde ya hablaba de una polarización que ha ido a peor. Yo siempre he escrito desde el desamor entendido en un sentido amplio: la pérdida de bondad, de afectos, de relaciones. Yo no hablo de política ni sociedad, pero todo eso se filtra de forma inconsciente. Busco respuestas a preguntas básicas que todo artista se hace.
- ¿Te asusta la polarización?
- Me inquieta que acabemos creyéndonos cualquier relato. Puede haber opiniones distintas, pero verdad solo hay una. No podemos vivir como terraplanistas.
- La música en directo vive un boom: vienes de protagonizar 90 conciertos en 2025 y vas hacia los 40 en 2026.
- Serán muchos más. Hay un revival de los años 90 y me ha pillado bien. La gente me redescubre: no conocen cómo soy en directo y cada concierto es una conquista. Mi actitud en escena es muy rockera.
"El desamor potencia mi creatividad; hurgar en el dolor me mueve a componer"
- La nostalgia es casi un modo de vida musical hoy. ¿Te sientes cómodo?
- Sí. A todos nos gusta recordar de dónde venimos. Todo ese ambiente de tardeo o revival me parece bien.
- ¿Qué público tenéis ahora?
- Desde gente de 50 hasta treintañeros y muchos niños que escuchan OBK en casa. Me encanta esa mezcla generacional.
- ¿No te cansas de cantar los grandes éxitos?
- No. Historias de amor o El cielo no entiende siguen siendo momentos de conexión total. Además, muchos descubren que otras canciones también son mías.
- El cielo no entiende fue la BSO de la Vuelta Ciclista a España en el año 2000.
- Todo el mundo la tarareaba, y cuando suena en los conciertos es espectacular.
- ¿Los conciertos se han convertido en un acto de postureo?
- Los festivales, sí; los conciertos, no.
- ¿Vive la electrónica un renacer?
- Nunca ha muerto. Nosotros éramos los raros y ahora todo el mundo compone con ordenadores. Siempre miré a los grupos británicos como Depeche Mode. A mí la electrónica me daba libertad: controlar todos los procesos.
- ¿Ha cambiado tu forma de escribir letras?
- Siempre espero esa frase o esa idea que lo desencadena todo. Soy muy creativo: mezclo influencias de la vida como si fueran piezas de Lego.
- Vuestros videoclips marcaron época con el cineasta J. A. Bayona. ¿Mantenéis relación?
- Sí, sobre todo con su hermano Carlos. Bayona hizo 14 videoclips con nosotros. Supimos ver su talento y coger ese tren.
- En Maldita mujer aparece Pino Montesdeoca, un icono de la belleza natural lde a mujer a partir de los 50. ¿Es una reivindicación?
- Me interesaba mostrar mujeres maduras y dar naturalidad a una canción sobre relaciones tóxicas. El desamor potencia mi creatividad; hurgar en el dolor me mueve a componer.
- ¿Cuánto ha cambiado España desde la irrupción de OBK en los 90?
- Estamos bien, aunque podríamos estar mejor. El exceso de relatos paralelos vuelve loca a la gente. Falta bondad, que es lo más sexy que existe. El karma cuenta.
- El cierre en el Movistar Arena el 18 de febrero del 2027, ¿es un adiós?
- No, es una guinda. Después de 35 años, llegar ahí da vértigo. Yo nunca quise fama, quise éxito.
La última...
Pregunta. ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
Respuesta. Más que una pregunta impertente me incomoda que durante el final de una entrevista me pidan que cante algo. Respeto al que lo haga pero no va conmigo.

