Hace justo un año, cuando Donald Trump estrenaba su segundo mandato en la Casa Blanca y medio planeta empezaba a estremecerse ante el jeroglífico geopolítico que se avecinaba, Michael Ignatieff (Toronto, 1947) trazó dos posibles salidas al laberinto. Una, quizás la más optimista/ingenua, pasaba por el mantenimiento del orden internacional y el respeto de Estados Unidos a las reglas e instituciones -ONU incluida-. El otro camino -advertía entonces el ensayista, profesor de Historia y premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales- conducía al rediseño del mapamundi en tres esferas de influencia. "Los chinos tienen una en el este de Asia. Los rusos tienen la suya en Eurasia y Europa del Este. Y Estados Unidos tiene otra que abarca desde Groenlandia a Chile", analizaba. "No creo que Trump haya decidido aún por qué camino avanzará, pero...".
Y en ese gigantesco pero nos encontramos justo un año después. Cuando han pasado apenas unos días desde el asalto de Trump a Caracas para derrocar a Nicolás Maduro y mientras el todavía presidente venezolano declara en un tribunal del distrito sur de Nueva York, Ignatieff radiografía desde Londres un escenario imprevisible, sometido como nunca a los impulsos del mayor "depredador" de un planeta que parece regirse de nuevo bajo la "ley de la jungla".
- Han pasado sólo unos días desde de la caída de Nicolás Maduro en Venezuela. ¿Debemos estar más felices o más asustados?
- Yo no estoy asustado, pero sí creo que deberíamos estar preocupados. Estamos en un mundo en el que el único principio que mantiene el orden entre los Estados es el respeto a la soberanía. Y la soberanía de Venezuela ha sido violada. El hecho de que Maduro sea un líder ilegítimo o el hecho de que pueda o no ser culpable de delitos relacionados con el narcotráfico no justifica su extradición forzosa. Creo que deberíamos preocuparnos, porque el precedente es muy malo y muy peligroso.
- ¿Qué es lo que más le preocupa a usted ahora mismo?
- Bueno, yo soy canadiense. Lo fácil es pensar que eso no tiene nada que ver con esta situación, pero lo cierto es que estamos en el mismo hemisferio. Creo que esta es la defensa más agresiva de la Doctrina Monroe desde Monroe, y los canadienses solían pensar que solo se aplicaba a los países latinoamericanos. Ahora nos estamos dando cuenta de que la Administración Trump considera que toda América, tanto América del Norte como América del Sur, además de Groenlandia, es una esfera de influencia exclusiva de Estados Unidos. Y en el momento en que se define América como una esfera de influencia, se está diciendo básicamente que la soberanía de Canadá, la soberanía de México, la soberanía de todos los Estados de norte a sur, depende ahora de la aprobación de Estados Unidos. Y eso debería preocupar no solo a los latinoamericanos, sino a todo el mundo. Por ejemplo, los repetidos comentarios de Trump sobre Groenlandia deberían preocupar a Europa, porque Groenlandia forma parte del territorio de un Estado europeo: Dinamarca. Por lo tanto, esta ampliación del principio de la esfera de influencia es peligrosa para la soberanía de todos los Estados que se encuentran dentro de ella.
- Trump ha dicho que "necesita" Groenlandia. Quizás algún día necesite también Canadá... O México.
- Creo que sería una situación diferente y más difícil para él. Es cierto que estoy preocupado, pero no desesperado. Nosotros no somos un país tan antiguo como España, pero llevamos aquí bastante tiempo y somos bastante fuertes y poderosos. Canadá defenderá su soberanía, igual que México tiene una tradición muy fuerte de defensa nacional, de su soberanía. Así que estos países harán lo que tengan que hacer para mantener su integridad territorial y su soberanía nacional. Lo que significa este nuevo escenario es que hemos entrado en un mundo en el que ya no podemos confiar ni en nuestros vecinos. Y punto. Ese es el gran problema.
- Hablaba antes de la posición de Europa ante la amenaza que está sufriendo ya Groenlandia. ¿Qué papel debería desempeñar en este contexto la Unión Europea? Porque la sensación es que su irrelevancia está aumentando en este nuevo escenario.
- Aquí está la gran paradoja. Creo que si Europa quiere reforzar su soberanía, sus Estados miembros, incluida España, tienen que ceder parte de su soberanía a la Unión Europea para crear un bloque continental lo suficientemente fuerte como para sobrevivir en un mundo de esferas de influencia.
"Estados Unidos planificó meticulosamente la captura de Maduro, pero no tiene ningún plan para el posconflicto, para gobernar Venezuela"
- En las últimas horas, Donald Trump ha despreciado a la oposición en Venezuela, ha permitido que el chavismo siga controlando el poder en Caracas y ha exigido fundamentalmente el acceso a su petróleo. ¿Qué podemos esperar en las próximas semanas?
- Me temo que la planificación militar extremadamente eficiente no ha ido acompañada de una planificación para el posconflicto. Es decir, EEUU planificó meticulosamente la captura de Maduro, pero no tiene ningún plan para gobernar el país. Una posibilidad es que acepten que el equipo de Maduro sobreviva bajo la opción de su vicepresidenta. La segunda, que insistan en unas elecciones libres y justas, en cuyo caso la oposición podría ganar, pero heredaría el caos. Y la tercera opción es directamente el caos. Creo que no está nada claro lo que va a pasar, pero cualquiera de estas tres opciones es posible ahora mismo.
- Es fácil que esto desemboque en una descomunal decepción de los millones de exiliados venezolanos que hay por todo el mundo y que hoy celebran el derrocamiento de Maduro.
- Sí, esta es una clave. Hay muchos venezolanos en España, obviamente, y muchos venezolanos en Estados Unidos, que hoy están contentos. Pero el futuro del país depende de si se sienten lo suficientemente seguros como para volver a casa y esperar seis meses.
- Usted escribió hace unos días que el asalto de Trump a Venezuela no se puede entender como "el golpe de gracia a la soberanía", sino como la culminación de una larga historia que se remonta a la 'Doctrina Monroe', cuando el presidente James Monroe reclamó América Latina como esfera de influencia exclusiva de Estados Unidos. Mi pregunta es qué ha aportado Trump en esta forma de imperialismo. ¿Qué ha cambiado su particular forma de entender la política?
- Monroe no invadió países soberanos ni decapitó a sus líderes. En el siglo XIX, la Doctrina Monroe era en realidad una defensa de los logros de la Revolución Bolivariana de la década de 1820. Era una defensa de la autodeterminación y la libertad de las antiguas colonias españolas. A finales del siglo XIX, especialmente con la ocupación de Panamá, América Latina quedó definida como zona de influencia estadounidense, y así ha permanecido desde entonces. Ahora bien, ha habido períodos en los que, bajo Roosevelt y luego bajo Kennedy, la esfera de influencia se consideraba una alianza por la libertad. En definitiva, la presencia estadounidense en América Latina ha cambiado enormemente a lo largo de este tiempo, pero creo, francamente, que éste es el período más imperialista y de mayor explotación económica en estos 200 años de relación.
- Usted ha hablado de Canadá, de México o de Groenlandia y el propio Donald Trump ya ha señalado a Cuba o Colombia. ¿Quién debería temer más al presidente estadounidense a partir de ahora? ¿Dónde están sus límites ahora?
- Creo que sus límites son internos, domésticos. Es muy importante recordar que esta no es una operación popular. Trump aprovechó la desilusión de los estadounidenses con Irak, Afganistán y Siria, y creo que ganó la presidencia porque dijo que pondría fin a las guerras en el extranjero. Ahora está involucrado en una guerra en el extranjero, y creo que va a descubrir que los límites son las restricciones a las que se va a enfrentar en el ámbito nacional, es decir, su impopularidad. Tiene que ganar las elecciones al Congreso en noviembre y creo que lo que ha pasado en Venezuela lo va a hacer más difícil.
- ¿Y mientras tanto qué mundo nos queda? En los últimos meses se ha hablado mucho sobre el nuevo orden mundial y usted mismo ha escrito que un mundo en el que la soberanía se derrumba es un mundo que conviene a los depredadores. ¿Estamos condenados entonces a vivir sometidos a la ley de la jungla?
- Sí, la paz va a depender de la disuasión armada en una ley de la jungla. Y ahora mismo tenemos a dos depredadores ahí fuera.
- ¿Sólo dos?
- Tenemos a Putin en las fronteras de Europa y a Trump en la frontera norte de América Latina. Ahora mismo son dos. Pero la pregunta es si esto animará a China, que hasta ahora ha sido la más cautelosa de estas potencias. Es una gran incógnita. Si yo estuviera en Taiwan, esta noche no estaría tranquilo.
- ¿Son Rusia y China más peligrosas hoy que la semana pasada?
- Eso creo, sí.



