- Vicente Vallés: "El libro sobre este PSOE se titularía 'Caos'. Leire Díez, Koldo... Personajes que se supone vienen de la nada. Son situaciones ridículas y absurdas"
- Rubén Amón: "Los artistas están en extinción porque han renunciado a provocar. Creo que Morante es nuestra Rosalía. Está por encima del bien y del mal"
- [Mientras pasea por el salón de su casa a las afueras de Sevilla, cuenta que está en una etapa en la que busca y necesita silencio]. ¿Por qué? ¿A qué "momento actual" se refiere?
- Al de convertirse en adulto. De repente hay muchas tareas cotidianas y burocracia. Por otra parte, por la demanda de mi trabajo y de la exposición, hay momentos en los que siento que tengo más energía para dar la cara al público y hay otros en los que necesito recluirme. Como ahora. Es una pulsión: a veces me apetece estar a mi bola, recluido, y otras, en la calle todo el rato. El mundo exterior es muy ruidoso y demandante. Con mi trabajo hay semanas en que estoy en mi casa dos días. Me refiero también a la madurez: a ir encontrando qué cosas son las que te funcionan a ti en tu vida.
- ¿Qué ha descubierto en los últimos cinco años sobre sí mismo que le haya sorprendido?
- Desde 2020, han pasado diez vidas. Incluso los dos o tres últimos años han sido los de mayor crecimiento. Mi trabajo empezó cuando tenía siete años porque jugaba en la academia del Barcelona. Entrenaba cinco días a la semana y jugaba otro. Me ha llevado a vivir ciertas cosas, a estar rodeado de ciertas ideologías. Creo que en estos últimos cinco años he entendido que eso es una cosa y el mundo, otra, y busco dónde está mi lugar entre ambas, que confluyen, pero son distintas, con normas diferentes.
- ¿Hay algo de lo que se ha perdido que le habría gustado haber vivido?
- Muchas. La universidad. Me encantaría poder ir cuando cuando termine mi carrera en el fútbol. Tampoco lo romantizo. Hay quien lo compagina con el trabajo y es una época de estudio y de dudas. Me he perdido cumpleaños y momentos familiares importantes y cotidianos porque vivía fuera o estaba de viaje. Esta industria te obliga a no estar. Esos momentos ya no se van a recuperar y el tiempo empieza a pesar de forma distinta. Te lo vas planteando un poquito más.
- ¿Se lo ha reprochado alguna vez a sus padres?
- ¿El qué?
- Que empezara a trabajar a los siete años.
- No creo que ellos pudieran hacer nada. Era lo que yo quería hacer. No tengo hijos, pero sí me imagino la posición de mis padres con un niño con tanta ilusión por jugar al fútbol al que le llega la oportunidad. No me veían como un proyecto de futuro, casi mercantilizado desde pequeño. Venían a los partidos dentro y fuera de España y me apoyaban, pero sin exigencias. Mis amigos del colegio jugaban en el equipo del pueblo. Cuando llegábamos a clase los lunes hablaban de lo bien que se le habían pasado. Y yo decía "bueno, nosotros hemos metido 21 goles", pero, claro, yo me sentía desplazado de su experiencia. Sonaba muy divertida. Le dije a mi padre que quería jugar en el equipo del pueblo con mis amigos y me dijo que esperáramos un tiempo y si en Navidad me seguía sintiendo así, lo haríamos. Se me fue sola la idea. Siempre me han escuchado. Hoy pienso que desde que tenía siete años y estaba en la cantera de Barcelona, a nosotros nos enseñan que lo más importante en la vida es el fútbol. Es la realidad de todas las canteras.
"Al tema de la felicidad yo ya le di mil vueltas y ya me di cuenta de que eso no existía. Busco la tranquilidad"
- Si con siete o diez años era lo más importante en la vida el fútbol, ¿qué lo es ahora?
- Al tema de la felicidad yo ya le di mil vueltas y ya me di cuenta de que eso no existía. Busco la tranquilidad. Sobre todo por mi contexto: desde la exposición mediática al desgaste físico y los pocos momentos de descanso de calidad. No me refiero a tumbarme, sino a cubrir todas las partes de mi vida: estar en contacto con mi familia, mis amigos, el trabajo, el arte. Conmigo mismo. A tener todas esas cosas un poquito amarradas y seguir aprendiendo cuál es el camino. Tengo 30 años, soy joven. Pero estoy entendiendo qué cosas hacía yo porque me habían enseñado que eran así y cuáles de verdad a mí me van bien. Cuando llegué a Sevilla mi propósito fue crear una red de apoyo fuerte y bonita. Me di cuenta de que me tenía que esforzar. En el fútbol existe muy poco.
- ¿La amistad?
- Fuera del equipo. Vienes también prevenido porque no sabes por qué motivo la gente quiere conocerte. Hay una mirada determinada sobre ti y muchas veces nos boicoteamos. En Sevilla hoy me pasa algo, llamo y en diez minutos están aquí con un platito de sopa o con unas tiritas o con pañuelos para llorar. En muchos años de mi vida no lo tuve o no era tan consciente de su importancia y ahora sé que, además, somos una generación que ya no está tan cerca de casa. Hoy los amigues son como la familia.
- Futbolista que lee, escribe y se relaciona con la moda. ¿Está luchando usted solo contra el heteropesimismo?
- Bueno. Yo creo que no. Yo estoy simplemente siendo como he sido siempre. Me di cuenta de que por mucho que jugara al futbol y todo estuviera marcado por unas normas, me gustaban otras cosas. Y vestir diferente. Me he criado entre máquinas de coser y eso también me interesaba. Comprendo los estereotipos y los memes del performative male (macho performativo), pero son un arma de doble filo: hay un grupo de hombres que de verdad está intentando encontrar un espacio donde sentirse cómodos fuera de la masculinidad hegemónica tradicional y la mofa puede asustar. También son memes y punto, ¿no? Pero hay chavales en posiciones muy vulnerables que se están yendo al otro lado. Volviendo a la pregunta, siento que de repente soy el futbolista que lee libros, el ecologista, el de la moda... Me van poniendo etiquetas, pero son cosas que hago desde que me vi con la posibilidad y la fuerza de hacerlas. Cansado de poner en Instagram las mismas fotos de siempre, subí las fotos de los libros que había leído en verano. Y de repente soy eso. La materia prima es la misma, solo que desde diferentes ángulos.
- ¿Qué etiqueta se pone a sí mismo?
- Ninguna. Es que estoy un poco cansado de eso. Tampoco siento que... Iba a hacer una broma, pero no.
- Hágala, hágala.
- Que no siento que pueda entrar en ningún -ismo. Es broma. Si es que ya me las ponen a mí. Soy una persona que cambia y aprende. Ahora te estoy contando esto, pero a lo mejor dentro de seis meses te digo que no me apetece pasar por mi casa. Yo no me encasillo, pero estamos a merced de esas manos negras de las redes que crean sus formas. Un día te toca y otro no. Intento distanciarme. Es ruido constante.
- ¿Las lee?
- Están hechas para que las leas. Es como tener una relación sana con el tabaco o con el alcohol: no existe. Como me pille con la guardia un poco baja, me lo puedo comer con patatas y pasar un día horroroso. Pero centrado, casi ni lo utilizo. El 99,9% de interacciones que he tenido en la calle este año han sido positivas. Cuando entras y ves las barbaridades de ese infierno, dices "hostia, ¿esto es de verdad lo que la gente piensa de mí, o no?". Pero la realidad es distinta luego. Y lo real es lo que pasa un poquito más en las distancias cortas, en persona.
- ¿Qué es lo más ridículo que ha leído sobre sí mismo?
- Tantas cosas. Hay mucha gente que habla del ejemplo distinto que damos Borja Iglesias, Aitor Ruibal o yo, y recibimos mucho cariño. Pero han llegado a decir auténticas barbaridades. No se las podría ni imaginar.
"El fútbol se ha convertido en el teatro romano. Hay gente con vidas estresantes y el campo se convierte en su lugar para vaciarse"
- ¿Me cuenta alguna?
- Amenazas de muerte, muchísimas. Pasa en internet y no es real, pero puede serlo.
- ¿Por qué el fútbol provoca unas reacciones tan viscerales?
- Se ha convertido en el teatro romano. Entiendo que haya gente con formas de vida precarias y estresadas y el campo de fútbol se convierte en un momento para vaciarse. Sabemos que repartimos mucha felicidad, pero parece que en el estadio se pueden hacer cosas que no podrías hacer jamás en la calle. Si esta es una sociedad crispada, las 60.000 personas del estadio, también. Se permite por motivos históricos. En un partido de tenis no sucede. Solo en el fútbol se generan espacios donde ciertos grupos se sienten respaldados. Y el fútbol no es solo eso: hay gente que viene a pasárselo bien en familia. Es un lenguaje universal, pero un estadio no acepta que cualquier persona entre ahí. Hay colectivos que no se sienten aceptados. Con el genocidio de Gaza, por ejemplo: el fútbol tiene un poder enorme a unos niveles que ni imaginamos y no se hacía nada. La gente decía "hay mucha gente joven que os escucha y es importante", pero en comparación con lo que La Liga o los clubes grandes de este país pueden hacer... nada. Y eso es muy frustrante. Hay una capacidad enorme que no se utiliza para nada más que para intereses puramente económicos.
- ¿Ni desde el vestuario?
- No existe en el fútbol masculino ese tipo de unión porque no existe la conciencia que se necesita para tener responsabilidad social. Somos un grupo de gente muy privilegiada y muchos no se cuestionan la realidad fuera de la suya. Cuando desde pequeño vives en esa burbuja es difícil salir. Yo he tenido suerte. Considero que vivo en las dos partes y tengo amigues fuera y conozco sus problemas. Hay mucha distancia entre el futbolista y, digamos, el ciudadano de a pie. Uno idolatra al otro, que no sabe relacionarse con él porque desconfía de sus intenciones. La mirada es vertical. Se crean unas dinámicas de poder que distancian. Yo tomé la decisión consciente de salir a la calle a diario. Soy uno más y quiero que se me trate y mire como a uno más. Hasta que no pierdes esa libertad no te das cuenta de lo importante que es. Que no pasa nada, ¿eh? Llevo comiéndome la cabeza con este tema muchísimo tiempo. Como no hay un acercamiento entre las partes, no hay una conciencia de la vida del otro.
- Pero existen los periódicos. Ahí se intentan reflejar los problemas de todos.
- Hay mucha gente en el fútbol que lo lee, ¿eh? Pero también depende de cuál leas. Y también creo que hay gente que está muy informada y que hoy la información se puede recibir de muchas formas.
- Pero en teoría una está contrastada y la otra, no.
- Me refiero a que en Twitter se puede... Hay periódicos que lo cuentan a su manera y cada uno se informa como cree que está bien. Pero bueno, hay una distancia muy grande con la realidad de la mayoría de personas. El del fenómeno fan y la idolatría es un sistema creado. Hay mucho que hacer desde los dos lados. En el fútbol, empezando por la educación. Al futbolista no se le educa salvo en ser futbolista. En la NBA, si no te sacas una carrera universitaria, no puedes jugar. En el fútbol te están diciendo a los 16 años que dejes los estudios, que tienes que jugar con el primer equipo que te busque. Y todo lo que te están enseñando es a jugar al fútbol, a jugar al fútbol, a jugar al fútbol. Y a gestionar situaciones relacionadas con el fútbol. Se habla mucho de los valores en el fútbol: del respeto, del sacrificio. Son valores superneoliberales que apuntan a la producción. Pero existen otros valores mucho menos individuales. Además, el fútbol no es un deporte individual, y eso se nota.
- Mencionaba grupos de personas que no están cómodos en los estadios. ¿Cuáles?
- Creo que los colectivos LGTBIQ+ en los estadios de fútbol masculinos no se sienten ni representados ni cómodos. Tengo un montón de amigues a los que he invitado a algún me partido y no han querido venir.
- ¿Ni en un palco?
- Antes incluso de ofrecerles la posibilidad. Pero es que yo los entiendo, ¿eh? Sé lo que hay. Es una realidad. Hay gente que no quiere llevar a sus hijes al campo, que no se siente seguro porque lo que están viendo les va a entrar aquí (se señala la cabeza).
- ¿Qué conversación queda aún por mantener en el vestuario?
- Todas. Somos más conscientes de los problemas, pero no dejan de existir. ¿En cuántos cuerpos técnicos de España hay una mujer trabajando? Por decirte algo. ¿Hay algún árbitro negro? No se crea una estructura alrededor que arrope el mensaje. La gente puede decir "no nos importa que haya un jugador homosexual". Pero no hay ninguno.
- O no hay ninguno público.
- No hay ninguno público o no hay ninguno porque son espacios a los que no llegan porque no se sienten cómodos. Tareas pendientes, casi todas. En comparación con otras industrias, estamos empezando.
- Sobre la de la moda, su marca de ropa: Gospel Estudios.
- Una de las acepciones de gospel es la pura verdad. Con mi amigo Horacio, que ha trabajado en retail, sabía que quería hacer algo. Él había escrito un manifiesto y yo tenía en mente la transparencia. Éramos dos españoles en Londres y queríamos exportar algunos conceptos de nuestra cultura, lo católico, su mística, a lo global. Contamos cómo creemos que se debería consumir y cómo producimos nosotros. En la etiqueta aparecen todos los nombres de quienes han fabricado la prenda. Que en otro lado verá una sudadera por cinco euros. Pero si 60 personas la han tocado, ya me dirá cómo eso ha sido.
- Pero lo más sostenible realmente en la moda es...
- No hacer nada. Total. Pero no es una posibilidad: si yo no hago nada y Shein y Temu, sí... No me quiero hacer rico, sino que la empresa sea igual de sostenible que el producto. La realidad es que nuestra sociedad va a consumir. Intentemos que el producto sea bueno y esté hecho de forma local por trabajadores con buenas condiciones. Al comprar en nuestra web, aparece un mensaje durante 30 segundos en el que te preguntan si de verdad lo necesitas y quieres comprar. El chico que nos lleva las cuentas dice que estamos zumbaos, pero para nosotros esa es la realidad. Esa es nuestra verdad.
- Ha mencionado lo católico. ¿Es practicante?
- He sido educado en una familia ya no practicante, pero sí creyente. Yo creo que hay algo ahí, pero no me identifico con ninguna religión. Entiendo que está en auge y que forma parte de nuestra cultura. No creo en esas instituciones, pero la Semana Santa me encanta. En Sevilla vamos con mis amigos a puntos estratégicos. Es una experiencia de belleza que pocas veces he visto.
¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Qué respondió?
Las de Broncano. Y la más absurda: ¿por qué no donas todo tu dinero? Creen que para tener unos ideales que no sean consumistas hay que ir descalzo por la calle.

