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Así logró la ingeniera Michela Muñoz convertirse en la primera española contratada por la NASA: "En EEUU se reconoce el trabajo duro"

Después de dos décadas en el Jet Propulsion Laboratory, esta científica madrileña fue fichada como Ejecutiva del Programa de Retorno de Muestras de Marte en la Sede Central de Washington: "Tenemos que buscar vida extraterrestre con la mente muy abierta, pues podría ser muy diferente a cómo la conocemos", asegura


Así logró la ingeniera Michela Muñoz convertirse en la primera española contratada por la NASA: "En EEUU se reconoce el trabajo duro"
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La ingeniera y científica madrileña Michela Muñoz Fernández trabaja en la NASA, y no precisamente por casualidad. Desde que era muy pequeña, se propuso llegar a la agencia espacial de EEUU, y con determinación, trazó un plan académico y profesional para conseguirlo.

Hace casi 25 años se convirtió en la primera española en ser contratada por la NASA, donde ha formado parte de destacadas misiones como Juno, dedicada a desentrañar los misterios de Júpiter, el programa Artemisa, para volver a la Luna, o la nave Psyche, diseñada para explorar este enigmático asteroide metálico.

"Siempre me ha gustado mucho estudiar y aprender; no he dejado de formarme en toda mi vida y eso me ha ayudado a avanzar en mi carrera y a cumplir mi sueño", asegura Muñoz, que actualmente es Ejecutiva del Programa de Retorno de las Muestras de Marte (Mars Sample Return o MSR). Se trata del ambicioso proyecto robótico que pretende traer a la Tierra por primera vez rocas marcianas -las está recogiendo actualmente el vehículo robótico (rover) Perseverance, que llegó a Marte en febrero de 2021-.

Muñoz desempeña este puesto desde la Sede Central de la NASA, en la ciudad de Washington. Y es que aunque solemos asociar la agencia espacial a Houston o a Cabo Cañaveral, es en la capital de EEUU donde "se cuece todo y se toman las decisiones políticas que afectan a los programas de exploración espacial", tal y como resume esta ingeniera durante una entrevista en Madrid en la sede de este periódico. En su última visita a nuestro país, ha añadido a su larga lista de reconocimientos el Premio UUPRIZE25 de W Startup Community en la categoría Liderazgo Innovador Space, que recogió en la Real Academia de Ingeniería. "Estoy muy orgullosa de ser española y de Madrid. Los ingenieros españoles estamos muy preparados, y somos muy valorados en EEUU", asegura

Después de dos décadas trabajando en el californiano Jet Propulsion Laboratory (JPL), que es el centro de la NASA desde el que se diseñan y controlan las misiones robóticas, hace cuatro años fue fichada para la Sede Central de Washington de la agencia espacial: "Allí me dedico a gestionar el Programa de Retorno de Muestras de Marte. Hago de interfaz [enlace] entre la Sede Central de la NASA y los proyectos que superviso que son parte de nuestro programa. Soy la responsable de garantizar que se ejecuten acorde a los requisitos de la agencia, de que tengan acceso a los recursos necesarios y de que estén preparados para las diversas etapas de desarrollo y revisiones", detalla esta funcionaria del Gobierno estadounidense, que forma parte del equipo de líderes de la NASA2040, constituido para definir la estrategia de la agencia para ese año.

El programa para traer material del planeta rojo, cuenta con orgullo, es uno de los más importantes de la división científica de NASA y se hará con colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA). "Esas muestras revolucionarían nuestra comprensión de Marte y de nuestro sistema solar, y prepararían el terreno para la exploración humana del planeta rojo", defiende Muñoz, mientras saca de su bolso una reproducción en 3D en plástico de un tubo como los que usa el rover Perseverance para guardar las rocas que selecciona en el cráter Jezero. "Los tubos que hemos enviado a Marte son de titanio. Es muy importante que todo esté bien sellado para preservar los componentes y que no se contaminen, porque hay que saber distinguir lo que verdaderamente proviene de Marte".

Michela Muñoz posa con una réplica del vehículo marciano 'Perseverance' en el JPL.
Michela Muñoz posa con una réplica del vehículo marciano 'Perseverance' en el JPL.NASA

Los tubos con las muestras se meten en un contenedor dentro de Perseverance a la espera de que, dentro de unos años, se lancen los componentes de la misión Mars Sample Return que permitan traerlas a la Tierra. Es una arquitectura compleja la de este programa. Primero, un módulo de aterrizaje de la NASA llamado Sample Retrieval Lander (SRL) aterrizaría cerca del lugar donde está el rover. Dentro de ese módulo, viaja también el Vehículo de Ascenso a Marte (MAV).

Después, Perseverance depositará el contenedor con las muestras que ha seleccionado dentro del Vehículo de Ascenso: "Este vehículo llevará a cabo el primer despegue desde el planeta rojo y transportará dicho contenedor a la órbita marciana. La siguiente misión será el Orbitador de Retorno a la Tierra, de la ESA, que capturará el contenedor de muestras, del tamaño de un balón de baloncesto, mientras orbita Marte. A continuación, esa nave regresará a nuestro planeta, donde soltará la cápsula de entrada para que las muestras acaben en una instalación especializada", explica la científica.

En un tubo como el que lleva en el bolso, se conserva en Marte una muestra de roca muy especial que el año pasado encontró Perseverance en un antiguo lecho de un río del cráter Jezero. Su existencia fue anunciada en medio de una gran expectación el pasado 10 septiembre, en una rueda de prensa de la NASA y en un estudio científico en la revista Nature en el que participaron investigadores españoles.

Y es que en esa muestra, recogida de una roca llamada Cheyava Falls y bautizada como Sapphire Canyon, han encontrado minerales y huellas de procesos químicos que podrían haberse desarrollado en presencia de vida microbiana en el pasado. Son posibles firmas biológicas que, según Muñoz, podrían cambiar la historia de la ciencia planetaria: "Se trata de la mayor evidencia que hemos encontrado hasta la fecha de posible vida antigua en el Marte primitivo, pero las afirmaciones relacionadas con el posible descubrimiento de vida extraterrestre del pasado requieren una extraordinaria cantidad de evidencia", afirma cauta.

Una biofirma potencial es una sustancia o estructura que podría tener un origen biológico pero que requiere más datos o estudios antes de poder llegar a una conclusión sobre la ausencia o presencia de vida: "No se podía decir a la ligera que había una biofirma biológica potencial y por eso ha sido investigada durante muchos meses antes de anunciar su hallazgo", dice Muñoz. Desde su punto de vista, estamos ante "un descubrimiento extraordinario", pero recuerda que los minerales hallados en esas rocas "también se pueden generar de manera abiótica, es decir, sin la presencia de vida". "Aunque las explicaciones de que haya ocurrido un proceso abiótico para lo que vemos en esas muestras son menos probables, dados los hallazgos del artículo, no podemos descartarlas".

La NASA, asegura, ha hecho ya todas las pruebas que pueden hacerse con los instrumentos que lleva Perseverance. "La única forma de saber seguro si estamos ante indicios de vida pasada es traerla a la Tierra para analizarla con los instrumentos que tenemos aquí. Además, dentro de 10 años serán todavía más sofisticados; fíjate cómo están avanzando las tecnologías de inteligencia artificial (IA). Si las estudiamos aquí, creo que es muy probable que obtengamos una respuesta con certeza", afirma Muñoz, que fue investigadora principal de IA del rover Curiosity hace más de una década. "En la NASA usamos la IA hace mucho tiempo, antes de que estuviera de moda", señala.

Precisamente esta misión para traer muestras de Marte figuró hace unos meses en la lista de programas que podrían verse amenazados por los grandes y controvertidos recortes presupuestarios que la Administración de Donald Trump ha propuesto para la división científica de la NASA. Un tijeretazo que está en el aire -la decisión última sobre los presupuestos de EEUU la tomará el Congreso-, pero que ya ha suscitado la protesta de los científicos de la agencia.

"Lo que está haciendo la NASA ahora es establecer prioridades, entre las que están las misiones tripuladas a la Luna, pues se quiere establecer una presencia continuada que sirva de preparación para futuras misiones tripuladas a Marte. Y parte de esa hoja de ruta para llevar humanos a Marte necesita la ciencia que obtendremos con Mars Sample Return. Así que lo que se está analizando es si se puede llevar a cabo esta misión de una forma más efectiva en coste y tiempo, es decir, cómo lograr traer las muestras de Marte antes y por menos dinero", expone Muñoz.

Además, ahora compiten con China, que ha anunciado su intención de lanzar a Marte en 2028 una nave para traer muestras: "La diferencia es que si lo logra, va a demostrar esa capacidad tecnológica, pero en nuestro caso las muestras han sido seleccionadas científicamente, lo cual potencialmente incrementa las posibilidades de encontrar una evidencia de vida microbiana antigua en Marte", argumenta.

Para saber más

Por todo ello, y aunque se muestra cauta sobre qué ocurrirá con la misión Mars Sample Return, esta ingeniera confía en que se hará realidad: "Hemos tardado 30 años en llegar a este punto gracias a la exploración que han hecho los rovers marcianos", señala. También considera que hace falta tener mucha paciencia cuando se trabaja en programas especiales, "porque lo que estás haciendo ahora quizás se utilice dentro de 10 o 20 años".

Para Muñoz, traer muestras de Marte es muy importante para la humanidad, no sólo por la posibilidad de encontrar vida fuera de la Tierra, que es el gran anhelo de la ciencia: "Esta roca tiene 3.500 millones de años de antigüedad, es decir, es más joven de lo que se pensaba que podrían ser las muestras en las que se encontrara vida antigua. Esto significa que es probable que Marte fuera habitable durante más tiempo del que pensábamos o más tarde en la historia del planeta de lo que se pensaba", expone. Y si entendemos durante cuánto tiempo fue habitable, cómo fue perdiendo su campo magnético y su atmósfera se fue volviendo más fina hasta que se quedó sin agua, pasando de ser un planeta habitable a un mundo completamente hostil, "podremos entender mejor qué le puede ocurrir a la Tierra", defiende.

Según esta científica de la NASA, "tanto si traemos esas muestras robóticamente o con astronautas, o llevamos a Marte equipos más avanzados para analizarlos, los conocimientos pueden ser completamente revolucionarios y reescribir la ciencia planetaria". No obstante, subraya, "en la búsqueda de vida extraterrestre tenemos que tener la mente muy abierta, porque podría ser muy diferente a la que conocemos. Y puede ocurrir que no la sepamos reconocer".

Cuando echa la vista atrás, asegura que lo que ha hecho en la NASA ha superado todas sus expectativas y considera que "ha merecido la pena el esfuerzo por perseguir el sueño" que tuvo desde niña: "Mi madre me decía que me gustaba mucho ver los lanzamientos por la tele cuando era muy pequeña, y a los tres años me regaló un libro infantil sobre el programa Apolo. Aprendí los números en inglés con la cuenta atrás de la misión del libro", recuerda.

Su madre, Alicia, que nació en un pueblo de Ciudad Real, la ha apoyado siempre para que lo consiguiera: "Ella es muy optimista, me transmitió tener una mente abierta y me animó a estudiar idiomas". A los 17 años, Muñoz fue a hacer el COU a un instituto de Ohio: "Yo ya tenía claro que quería trabajar en la NASA y tuve la suerte de que mi padre americano durante ese curso era un veterano de las Fuerzas Aéreas de EEUU que tenía familia en Florida. Fuimos a pasar la Navidad allí y les pedí que me llevaran a Cabo Cañaveral. Pude ir otra vez en otro viaje de estudios, y cuando regresé a Madrid, le dije a mi madre. ‘Algún día trabajaré en la NASA'".

Se puso manos a la obra y se formó con ese objetivo en mente: "La NASA tiene un centro en Robledo de Chavela (Madrid) -el Complejo de Comunicaciones de Espacio Profundo-, así que pensé que si estudiaba Ingeniería de Telecomunicaciones quizás pudiera entrar allí. Me matriculé en la Universidad de Alcalá y fui número 1 de mi promoción, lo que me abrió muchas puertas. Pedí una beca en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), en Torrejón, y después hice Ingeniería Electrónica en la Universidad Complutense y un máster", repasa. Al acabar el proyecto de fin de carrera, el INTA la contrató para el diseño electrónico de la cámara Osiris de la misión Rosetta de la ESA, la primera que exploró de forma exhaustiva un cometa.

"Me gustaba la electrónica pero como yo quería trabajar en la NASA, me fui a la Universidad Internacional del Espacio, en Estrasburgo, con una beca de la ESA, para hacer un máster en estudios espaciales. Como parte de ese máster pude investigar en el JPL de la NASA con una beca". Al mismo tiempo, un profesor americano la animó a doctorarse a EEUU, y fue admitida en el Instituto de Tecnología de California (Caltech): "Fue increíble trabajar con gente tan brillante, y a la vez, muy sencilla. Ves a un científico en pantalón corto y chanclas y no te imaginas que es un Nobel, o te encuentras con Stephen Hawking por el pasillo".

Su estancia en Caltech fue la puerta de entrada al JPL, donde se estrenó con la misión Deep Space 1, a la que siguieron muchas otras. "Lo que me encanta de EEUU es que si trabajas duro, te valoran y te dan oportunidades. Yo no conocía a nadie, me seleccionaron para hacer el doctorado en Caltech y me contrataron en el JPL por mi currículo, por mis méritos y porque veían mi potencial", asegura Muñoz, que se muestra orgullosa de haber empezado su carrera con la misión a un cometa (Rosetta) y haber acabado con las misiones en Marte. "Todas intentan responder la misma pregunta, que es si estamos solos en el universo o no".